domingo, 1 de septiembre de 2013

Rodolfo Walsh en la audiencia pública



El hombre de lentes con el saco raído y la corbata floja, se habría sentado detrás de todos en el amplio salón del Palacio de Justicia; no por esa extraña timidez que a veces  lo invadía, sino para tener una mejor visión de la audiencia pública.
Se habría emocionado con Cynthia Ottaviano y con Alejandra Gils Carbó y con Damián Loreti y con Horacio Verbitsky y con Miguel Rodríguez  Villafañe y con Beinusz Szmukler  en la primera jornada. Y casi seguramente en la segunda hubiese aplaudido de pie a Graciana Peñafort  y a Martín Sabbatella  y a todos los miembros de ese brillante equipo.
Pero cuando se escuchó de boca de los representantes del Grupo Clarín que ellos precisaban ser, de manera imprescindible, un monopolio grandote, grandote, grandote, porque sólo así se hace “periodismo de investigación y se puede ser una prensa libre”, el hombre se hubiese agarrado la cabeza sin poder creerlo y se hubiese retirado del lugar hasta llegar a Plaza Lavalle y mearse de la risa para no volver a morir de indignación y rabia. 
El hombre de lentes se hubiese revisado los bolsillos y no tendría ni un peso para alargar un café en un barcito cualquiera. Sólo una lapicera, la copia original de la carta abierta y un cuaderno a espiral habría entre sus ropas.
La riqueza del texto estaba en su cabeza y en sus convicciones. Para qué más.
Y  hubiese escrito en el banco de la plaza la prosa periodística más bella y más profunda que se pueda escribir sobre esta tierra.
“El periodismo es libre o es una farsa”, rezongaría nuevamente por lo bajo.
Uno no sabe a ciencia cierta cuáles fueron las razones que esgrimió la Corte para llamar a esta audiencia por la ley de medios de la democracia. Y por eso nos enojamos cuando nos dijeron que se hacía. Porque ya van cuatro años que la ley más participativa en la historia de este pueblo, está retenida en el subsuelo sombrío del poder judicial.
Ahora que pasó, debemos decir que agradecemos, aún no sabemos bien a quién, que esta audiencia se haya realizado.
Porque la palabra justa se mostró a corazón abierto en ese estrado tan solemne. Les dijo a propios y extraños que ella sabe defenderse cuando llega el momento de rendir cuentas ante la historia. Y eso fue lo que hizo y por eso nos emocionó a todos durante el último miércoles y jueves de este agosto que se fue.
Un agosto que se fue orgulloso en medio del rechazo y repudio del gobierno argentino a cualquier aventura criminal del imperio del norte contra el pueblo sirio. Bestias: ¿hasta cuándo seguirán bombardeando pueblos y ancianos y niños y la vida allí donde se manifieste? ¿Hasta cuándo enrostrarán su chapa de vengadores seriales contra los pueblos del mundo?
Un agosto que se fue con la patria al hombro como dicen las paredes, enfrentando un nuevo ataque carroñero de los fondos buitres que amenazan con sus garras con hacer retroceder las agujas del reloj hasta la peor de nuestras crisis y cobrarnos así, como un tajo en la cara, las antiguas deudas que inventaron  cuando nos dominaban a su antojo en nombre del capitalismo. 
Un agosto que se fue sin envidiarle a setiembre su carné de primavera: que el 90 %  de los trabajadores y casi el 100 % de los jubilados deje de pagar el odioso impuesto a las ganancias, llenó las casas de flores y guirnaldas para festejar la vida cada vez más digna que vivimos.
Pero alguna oposición, cual señora Gata Flora, le enrostró al gobierno de Cristina su afán electoralista.
O sea. Si el gobierno no hace nada con el mensaje de las urnas es un gobierno indolente. Pero si el gobierno escucha ese mensaje, es electoralista. Pónganse de acuerdo.
Aun así vale una reflexión: ¿qué hay de malo ser electoralista en democracia? ¿Acaso es mejor ser destituyente? ¿O no saben acaso que la primera verdad del peronismo dice que la verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo?
Hay que denunciar  la deformación de la palabra pero no hay que dejarse correr con ninguna vaina.
Se respondió, desde el oficialismo, que las medidas son nada más y nada menos que una expresión del proyecto de país que ya lleva diez años gobernando. Y es cierto. Pero habría que recoger el guante de la vil acusación y responder además que este gobierno siempre va delante de las demandas sociales con respuestas que siempre son insuficientes porque son demandas centenarias que ningún gobierno antes respondió con justicia. Y habría que decir que cuando asumió este proyecto en el 2003 se discutían vacaciones adelantadas para disimular despidos y los únicos impuestos que se debatían eran los que se correspondían con las pérdidas sufridas.    
Si hoy se puede hablar de ganancias es porque hay ganancias.
 La recuperación de la iniciativa política que logró el gobierno debe ser acompañada y multiplicada al infinito con la iniciativa de todos los cuadros que se identifican con el proyecto de país que lidera Cristina. Que se pongan a la defensiva los opositores al proyecto.
Y volvemos a la audiencia pública en la Corte.
En ese espacio institucional estuvo representado el debate sustancial que atraviesa la historia en estos últimos años y sus protagonistas principales. Ninguno de los que allí habló es un actor de reparto. Esos sí que fueron titulares.
No había tres partes, sino dos.
El Estado de un lado, es decir la democracia y el pueblo;  y del otro, los dueños del poder monopólico y mediático, es decir el Grupo Clarín.
Quienes expresaron los intereses del Grupo, no se anduvieron con vueltas. No habría que subestimar el alcance de su línea de defensa y ataque: ellos fueron a decir que sólo les interesa el capital concentrado.
Y ese capitalismo siempre avisó que no tiene pudores. Ni cuando mata, ni cuando tortura, ni cuando habla, ni cuando escribe. 
Los dignos y dignas que nos representaron fueron a esa batalla sólo armados de razones y verdades.
Por eso salieron victoriosos. 
Ahora vendrá el momento en que la Corte baje hasta ese mismo recinto y elija finalmente dónde quiere  ubicarse.

Miradas al Sur, domingo 1 de septiembre de 2013