jueves, 12 de septiembre de 2013

El anticipo de la primavera



Las actividades de la presidenta junto a los representantes de empresarios y trabajadores en la Casa Rosada ayer por la mañana y en Tecnópolis a la noche, dejan ver a las claras los primeros resultados del camino recorrido en el último mes.
Sabemos de dónde venimos y hacia dónde vamos.  
Los trabajadores, activos y jubilados, asalariados y monotributistas, los profesionales, técnicos, pequeños empresarios y los hogares más humildes que perciben, por ejemplo, la Asignación Universal por Hijo, tendrán más dinero en el bolsillo a partir de este mes de setiembre. 
Ese conglomerado que se llama pueblo percibirá un incremento muy  importante como resultado de  la suba del piso del impuesto a las ganancias y del cambio en el  régimen de monotributo dispuesto ayer por la presidenta y que favorece a más de 2 millones de personas.
Dicen desde la oposición mediática, que todo es consecuencia del último resultado electoral. Y los que dicen eso, agregan como si descubrieran el modus operandi de un crimen cometido, que son “medidas electoralistas” para vencer en octubre.
Desde esa miopía política la ecuación sería: gracias a una derrota electoral, el gobierno invierte más y gracias a la inflación, la gente gasta más.
¿Gracias a la inflación se aumentan salarios y se compran más autos, se viaja más, se consume más?   
Mirá vos. Tan mala no es entonces.
Lo cierto es que la redistribución del ingreso se inició con el 22 % de los votos a Kirchner en el 2003; se profundizó luego del embate destituyente de la patronal rural en el 2008 y desde allí en más  se volvió a profundizar en el 2009, en el 2010, en el 2011 con el 54 % de votos a CFK, en el 2012 y en el 2013.  
A escenarios distintos, un mismo proyecto de país.
Con victorias o con derrotas, con viento de cola o con viento de frente, el kirchnerismo apuesta siempre al consumo interno, al trabajo y la producción, al aumento de los ingresos y en simultáneo a la negativa absoluta a la devaluación de la moneda, a los despidos masivos, al endeudamiento  externo, a la rebaja de salarios y jubilaciones, al quiebre y privatización de empresas públicas.
Fue lo que ayer reafirmó Cristina.
¿Acaso no fue así en todos estos años?
Hay una prueba muy sencilla que la puede hacer cualquier ciudadano.  Y es preguntarse: ¿hoy se tiene más ingresos que hace 10 años o no? ¿Hoy puede comprarse más o menos que lo que se compraba antes?
Pese a estos avances, los que vaciaron el tesoro nacional en el 2001 ayer se dieron el lujo de interpelar al presidente de la recuperada Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde.  
Es la democracia. Pero ¿qué autoridad moral los asiste?
Un poco de memoria y de vergüenza no les vendría nada mal.

El Argentino, jueves 12 de septiembre de 2013