domingo, 20 de abril de 2014

El amor nunca pasa de moda

El tiempo transcurre lentamente, pero los sucesos cotidianos se atropellan en su vértigo diario.
 
Quizá sea necesario parar por un instante el juego y pensar y repensar el país que vivimos y el siglo que habitamos. Sólo de ese modo seguiremos cambiando y acertando el rumbo.
 
Que la inflación, que la inseguridad, que el pibe muerto a palos en una calle del barrio, que todo pinta mal según la tele… que paren el mundo que me quiero bajar, como decía Mafalda allá lejos y hace tiempo.
 
¿Pero qué está pasando de verdad?
 
Cuando a finales de los años setenta del pasado siglo, creyeron que mataron al último militante nacional, popular y revolucionario.
 
Cuando luego borraron del mapa al llamado “mundo socialista”.
 
Cuando se apolillaron y anquilosaron todas las palabras que bajaban del diccionario “comunista”, “marxista leninista”, “subversivo”, “peronista” y/o “maoísta”.
 
Cuando se acomodaron para degustar la más preciada cena que les tenía reservada la convertibilidad neoliberal del menemismo en los años noventa.
 
Cuando toda esa faena acabó por suceder y era el fin de la historia y de las utopías y era el fin del trabajo y de las chimeneas, el poder financiero, mediático y trasnacional sintió ese vértigo y mareo que provocan los vacíos cuando uno se asoma a un precipicio.
 
Y fue entonces cuando aquel “enemigo” claramente identificado en tiempos de la “guerra fría” como “comunista”, mudó hasta convertirse en “terrorista árabe”, “narcoterrorista”, “inmigrante ilegal”, “pibe chorro”, o simplemente, “populista”.
 
La cuestión era señalar el blanco en la mira de un poder voraz que para seguir dominando y colonizando nuestras democracias, precisa siempre de un enemigo público declarado y reconocido como tal por la mayoría de la población.
 
La estrategia es tan antigua como la humanidad. Ya lo hemos tratado y desarrollado aquí en distintas circunstancias y coyunturas políticas.
 
Y no es que la historia se repita, sino que la historia puja para un lado o para el otro según sean las relaciones de fuerzas que se construyen, desde el pie hasta el sombrero de la sociedad.
 
En esa instancia estamos.
 
Los linchamientos criminales que se sucedieron en distintos centros urbanos clase medieros; la crispación explosiva de algunos automovilistas y transeúntes que ven el mundo con los ojos que intercambian con la TV, la radio y los diarios dominantes; el “dejar hacer, dejar pasar” a la convivencia narco-policial que dominó Rosario hasta que llegaron las fuerzas federales de la democracia; el negativismo pernicioso y mediocre de una oposición partidaria, empresaria y sindical que ha perdido hace rato la brújula de la realidad, son todos síntomas y a la vez factores que contribuyen a tironear del fundillo de la historia para arrastrarnos de nuevo al peor de los mundos; a un mundo violento, un mundo de excluidos, un mundo donde manda el dios mercado y el dios dinero, un mundo a medida de la sonrisa editada de un candidato como Sergio Massa.
 
Esa porción de la realidad que describimos, es la que convive y se solapa con la realidad más totalizadora que vive nuestro pueblo y que, por ejemplo, se expresa en los casi 2 millones y medio de turistas que se desplazaron a lo largo y ancho del país en este fin de Semana Santa.
 
Pero esta realidad, en toda su plenitud, no tiene prensa. O tiene poca difusión. O la tiene difusa y tergiversada.
 
Para empardar al menos, los medios democráticos deberían repetir durante todo el día los pormenores del mega operativo de seguridad en Rosario; repetir las voces que escuchamos andando por sus calles y que aplauden la medida y que dicen que ése es el camino y no la represión militarizada y violenta.
 
Para empardar al menos, deberíamos ver a cada rato, como estamos viendo en vivo y en directo, a las familias paseando en los centros turísticos, disfrutando de una buena comida y entretenimiento.
 
Para empardar al menos deberían repetir el último discurso de la Presidenta llamando a mantener la memoria histórica de este pueblo y traducir en términos simples el proyecto de ley para combatir el fraude laboral y promocionar el empleo registrado.
 
Sólo la memoria nos salvará, escribimos tiempo atrás.
 
Ahora le agregamos: el valor de la palabra.
 
Cuando el Indio Solari habla y canta ante una multitud de 180 mil personas en Gualeguaychú, está recuperando la palabra esperanzada; por eso la alegría salta hasta cabecear las estrellas y hace el pogo más grande del mundo.
 
Por allí hay que buscar la huella.
 
En un país acosado por las operaciones del miedo, esas que convocan con trompetas de muerte a volver hacia atrás todos los relojes y calendarios, que suceda lo del Indio y suceda lo que está sucediendo este fin de semana, es demostrativo que lejos de sentirnos derrotados por la desesperanza, hay mucho, pero mucho más, para celebrar la vida.
 
En ese andarivel hay que moverse siempre.
 
La alegría es un don divino para algunos, pero debiera ser para creyentes y agnósticos, una condición indispensable para construir una mejor sociedad y ser mejores personas.
 
¿Nos damos cuenta que es eso lo que se está definiendo en esta coyuntura?
 
La vida nos facilitó como nunca antes la fotografía sepia de lo viejo y la acuarela en colores de lo nuevo que anida entre nosotros.
 
Fijate: el gobierno de Cristina impulsa el combate al desempleo y al trabajo esclavo; mientras los dirigentes que llamaron al paro de transporte del pasado 10 de abril no dijeron ni mu sobre ese tema tan crucial para los trabajadores.
 
La esclavitud y el cinismo son lo viejo. La democratización del trabajo es lo nuevo.
 
Fijate más: nuestra recuperada YPF cumplió sus primeros dos años de vida; en Tecnópolis se celebró el Encuentro Federal de la Palabra y Luis D’Elía brindó una clase pública en la TV sobre la pasión y el amor en tiempos de odio.
 
Ése es el tono muscular del país que estamos construyendo. Lo contrario es el resentimiento de los que sólo piensan en sus privilegios. En esa disputa se nos va la vida.
 
Digan lo que digan, el amor nunca pasa de moda.
 
O sea.
 
Venceremos.
 
Miradas al Sur, domingo 20 de abril de 2014

domingo, 13 de abril de 2014

El paro general y el silencio de los espacios infinitos




Alguna vez el filósofo, físico y matemático Blas Pascal acuñó esta frase: “Me espanta el silencio eterno de esos espacios infinitos”. 
Hablaba de la desproporción del ser humano.
Cuánta armonía guarda esa idea de Pascal en el lejano siglo XVII con lo que en estos días  nos viene espantando a muchos ciudadanos.
Es que la oposición mediática parece una serie de espacios infinitos que se suceden unos al otro sin otra razón que acallar el murmullo de las voces cercanas y lejanas que estaban guardadas en el arcón de los olvidos y el desamparo, hasta que las hizo visibles el proyecto de país que hoy conduce Cristina y que hasta ayer nomás, condujera Néstor Kirchner.
Como verán, queremos meternos de a poquito en el análisis del paro convocado por el tridente sindical que comulga con el candidato del poder mediático, Sergio Massa.
Dejó mucha tela para cortar el paro incompleto del  jueves pasado y no hay que apresurarse a sacar conclusiones.
La pereza del intelecto, la comodidad del  “corte y pegue”  y el hastío social para con esa vieja dirigencia, nos llevaría, por ejemplo,  a decir rápidamente que fue un “paro político” e imposible de medir en sus alcances por “la ausencia de transporte público”.
Y no queremos ir por ese lado. Porque todo paro, como toda acción de los hombres, es necesariamente político. Y porque los paros generales, por tradición gremial, incluyen a los gremios de transporte.
Sí se podría decir con mucho más solvencia, que fue un paro político partidario.
Para demostrarlo, basta con indagar apenas sobre la piel del maridaje sindical, económico y mediático que se puso en danza y advertir que la espalda legislativa del Frente Renovador de Massa es la diputada Graciela Camaño, la de la trompada cobarde a otro legislador, esposa y socia de Luis Barrionuevo.
O bastaría con recordar el acto donde Martín Redrado, la espalda económica y manager de la gira de Massa por Wall Street y el Departamento de Estado de los EE.UU. iniciada el Día de la Memoria, presentó a ese mismo Barrionuevo como ejemplo mayor del sindicalismo criollo.
Preferimos que cada uno complete la larga lista de eventos y declaraciones que demuestran el maridaje descripto. Por una cuestión de espacio y de salud mental. 
Conclusión: fue un paro estimulado por el monopolio mediático de Clarín y La Nación, usufructuado políticamente por Massa y cuyo cuerpo de infantería fue la mesa del terror conformada por los sindicalistas Moyano, Michelli y Barrionuevo.
Y como en las ciencias sociales la ley del gallinero es una categoría política, al trotskismo extraviado (perdón por la redundancia) le tocó la “estratégica” tarea de incendiar las gomas en los piquetes de ese día.
La lección remozada que deja este paro es que, aunque menguada, la oposición al proyecto que preside Cristina conserva aún capacidad de daño.
No están en condiciones (y quizás ni les interese) de convocar “a las masas”. No hay densidad motivacional ni causa legítima para entusiasmar al pueblo desde la desesperanza. Pero sí disponen de instrumentos que les facilita el poder económico real para agitar una medida odiosa y antipopular y presentarla en las tapas de los diarios, como una medida amorosa y en defensa de todos.
No convocan a las masas, pero sí al miedo.
Entonces, el peor pecado es cansarse y terminar por subestimar esa capacidad de daño de la oposición mediática.
El que se cansa, pierde.
¿Y contra quién fue dirigida esa capacidad maligna de la que venimos hablando? ¿Contra el gobierno kirchnerista? ¿Contra el peronismo y el progresismo K?
No y mil veces no.
Que nadie se confunda en la parada y tome el ómnibus equivocado.
Este jueves pasado, el país en general y los trabajadores y los sectores medios en particular, perdieron centenares de millones de pesos en su economía (por el parate laboral, comercial y de consumo)  y al mismo tiempo corrieron el peligro de caer varios escalones en el nivel de conciencia política colectiva. 
Preguntémonos por si acaso: ¿con este paro se eleva o se atrasa el nivel de conciencia social?
Justo cuando estamos aprendiendo y ejerciendo que la política es la mejor herramienta de transformación de que disponen los pueblos; justo cuando estamos aprendiendo y ejerciendo que a los precios hay que cuidarlos porque no los sube el gobierno como nos hicieron creer durante años, sino los empresarios voraces que son la flor y nata del neoliberalismo que anda suelto por las cuevas del poder; justo cuando estamos aprendiendo y ejerciendo que con las paritarias, los trabajadores disponen de toda la libertad para negociar salarios y condiciones de trabajo; justo cuando el Estado nacional dispone realizar el mayor operativo de la historia argentina contra el narcotráfico en la ciudad de Rosario; justo cuando el FMI nos vuelve a condenar como país por impulsar políticas de redistribución social y producción industrial; justo cuando logramos discernir colectivamente entre el país real y el país virtual que nos pintan los medios…¿justo ahora le hacen un paro general al gobierno nacional, popular y democrático?
La cosa es más compleja de lo que parece.
Fue un paro que intervino directamente en la disputa cultural que vive la Argentina desde el 2003, formando fila en el sitio que les tenía reservado Magnetto.
Esa es la hondura de lo ocurrido el jueves.
¿Cuál es la novedad en términos históricos?
Que al frente de las fuerzas populares que mayoritariamente irían a trabajar si hubiese habido transportes ese día, hay un gobierno que no afloja el brazo en la pulseada, consciente que cualquier muestra de debilidad arrastraría al país inexorablemente hacia esos espacios infinitos que aterraban a Pascal.
Nuestro filósofo de cita diría que somos la nada frente al infinito y un todo frente a la nada.
El murmullo y el canto de las multitudes pondrán, más temprano que tarde, las cosas en su justo lugar.
El gobierno cumplió con su deber y respetó el derecho a huelga.
La oposición sigue sin respetar el derecho a trabajar y a circular los sueños libremente. 

Miradas al Sur, domingo 13 de abril de 2014

domingo, 6 de abril de 2014

El amor pasa a la resistencia


Este país que somos fue capaz de atravesar alguna vez  la peor de sus tragedias y no se dio por vencido.
No cayó en el “ojo por ojo” ni en el revanchismo que algunos pregonaban.
“A más odio, más amor”, fue lo que se dijo e hizo al salir de la larga noche del terrorismo de estado.
Se ha dicho tantas veces lo mismo y sin embargo una parte de la sociedad no se da por convencida. ¿Qué les pasa? ¿Qué parte de la historia argentina no logran entender de una vez por todas? ¿Qué tributo de sangre hay que seguir pagando para que aprendan a amar al otro como si fuera a ellos mismos?  
No vamos a sumarnos a los tantos análisis enroscados de estos días sobre  el ataque a mansalva a presuntos criminales. Que si sí. Que si no. Que esta ley de acá. Que esta ley de allá.
No hay que dar tantas vueltas para decir las cosas por su nombre: los que atacan en masa a un ser humano para pegarle en la cabeza, en los riñones y en el bajo vientre hasta matarlo, son sencillamente criminales, son asesinos, son homicidas, son violentos antisociales. Y por tanto, deberían pagar sus crímenes en la cárcel.
Y el falaz argumento que utilizan algunos para justificar estas acciones criminales, los hace cómplices necesarios. 
También están los que se esconden tras la frase chabacana: “Vos hablas así porque no te pasó nada igual”.
Reflexionemos juntos, a ver si no nos pasó a todos lo que sigue.
Resulta que este país que somos, tal cual dijimos al comienzo, pudo derrotar un día a la dictadura que lo sojuzgaba y entonces, se abrieron las rejas de todas las cárceles, se desenterraron las fosas donde estaban escondidos los huesos de nuestros muertos queridos, se vendieron pasajes y entregaron pasaportes para que los exiliados vuelvan. Y los ex presos políticos y los perseguidos y las Madres y las Abuelas  se encontraron por fin en libertad para formatear la democracia que recuperábamos.
El hecho maravilloso fue que con todos los dolores a cuesta, con todas las marcas de las torturas y de la humillación a la condición humana, con todas las ausencias irreparables, salieron a exigir  justicia y solamente justicia.  
15 mil exiliados. 20 mil presos. 5 millones de desocupados. 30 mil desaparecidos.
¡Y ningún hecho de venganza!
¿No somos acaso un país extraordinario y maravilloso? Porque a diferencia de otros países (alcanzaría con nombrar a España) no se evitó la falacia de la mal llamada “justicia por mano propia”, a cambio del olvido colectivo.  
No, no, no. Aquí se hace justicia como manda la ley y la conciencia humana.  
Tardó pero llegó.    
Videla no murió por el ataque de una horda de antiguos guerrilleros reciclados y madres rencorosas que al grito de “viva la muerte” lo atacaron una noche de invierno al salir de la parroquia. Videla murió debidamente  juzgado y condenado por delitos de lesa humanidad en una cárcel. Y así pasa con otros genocidas. Por eso vale esta pregunta aunque suene a inocente y quizá lo sea: ¿por qué los violentos patoteros de estos días no aprenden de aquella ejemplar conducta social que se ejerció también en este país que somos?
Hasta aquí lo colectivo. Pero no es toda la verdad de esta grieta antisocial; porque una cosa es el linchamiento de un pibe pobre con cara de pobre, con lenguaje de pibe pobre, con ropa de pibe pobre y otra cosa muy distinta, es la poderosa usina de intereses económicos y políticos que los estimula, que los “vende” mediáticamente con el mejor ropaje de “hartazgo social” y que les sirve de plataforma electoral a la derecha más ruin y miserable que también tiene este país que somos.
Así como la Presidenta dijera el último 2 de Abril recordando a los Caídos en nuestras Islas Malvinas, que el verdadero propósito de la usurpación británica es la presencia de una poderosa base nuclear de la OTAN en las islas, deberíamos decir que la verdadera causa y efecto de los hechos de violencia que aquí condenamos es la misma razón de ser de la derecha: quieren volver a reconstituir a machetazos una sociedad sin memoria, sin verdad y sin justicia. Y para ello hay que limar los barrotes del lado más oscuro de la especie humana para que el hombre de las cavernas se sienta legitimado para actuar a como se le dé la gana.
Por eso no es casual sino causal que los mismos medios y los mismos políticos que se opusieron a la democratización de la justicia, hoy sean los que “comprenden”  el uso de la ley del Talión.
Ahora ya sabemos por qué se negaron a la justicia legítima: porque la prefieren así, tan salvaje, cínica y cobarde, tan ilegitima.
Y  ya que hablamos de los Ex Combatientes, de aquellos pibes de 18 años que fueron arrastrados a la guerra para ser bombardeados por el colonialismo inglés y estaqueados por sus propios jefes argentinos, preguntémonos: ¿algunos de ellos acaso fue a buscar venganza al domicilio particular de los oficiales y suboficiales que los maltrataron y los silenciaron al regreso de Malvinas?
Los que lograron reconstituir su humanidad, los que no se suicidaron como dolorosamente lo hicieron cientos de ellos, los que siguieron medianamente enteros, optaron por crear sus centros y agrupaciones y así escapar de la soledad que le imponían los cuarteles y una sociedad que vivía acuartelada con sus propios miedos. 
¿No tienen nada que aprender de ellos los asesinos y patoteros que se hacen llamar “justicieros”?
No entender ni saber enmarcar históricamente la violencia de la calaña que hoy vemos, es no saber nada de nuestra propia historia como país que somos y no valorar ni un poquito  la riqueza moral profunda  que atesora este pueblo en sus entrañas.
Es válido concluir, en consecuencia, que estamos en medio de una nueva arremetida violenta del poder económico y mediático.
Empujan a matar a los supuestos pibes chorros para demoler el Estado democrático.
No quieren Estado regulando el mercado. No quieren Estado protegiendo nuestra soberanía. No quieren Estado administrando justicia.
Con los monopolios, el colonialismo y el homicidio en masa, pretenden suplantarlo.
Con nuestro  amor en la mochila, hay que seguir resistiendo.

Miradas al Sur, domingo 6 de abril de 2014



domingo, 30 de marzo de 2014

Sólo la memoria nos salvará


Arranquemos señalando dos datos concretos de los días que corren y que ayudan a entender mejor el país real que estamos construyendo los argentinos:
1.      La masividad y diversidad expresada en los actos del pasado 24 de Marzo, Día de la Memoria.
2.      El conmovedor reclamo que la sociedad viene expresando, año tras año, por la causa de nuestras Islas Malvinas. 
De este modo, la causa de los derechos humanos y la causa mayor por nuestra soberanía se abrazan en un mismo sentimiento colectivo.
Nos emociona advertir la frescura de estos testimonios,  ya no como banderas irredentas durante varias décadas, sino como datos cargados de un enorme significado político para esta coyuntura.
Corremos el riesgo de olvidar fácilmente los hechos sustantivos debido al congestionamiento en el tránsito de informaciones que transmiten los medios masivos y,  además, porque la velocidad de los acontecimientos no siempre otorga el entretiempo necesario para reflexionar sobre ellos con la profundidad que se merecen y requieren.
Avancemos.
La Plaza de Mayo se llenó sobre el mediodía del 24 de Marzo y el espacio de la Memoria en la ex Esma se desbordó de gente por la tarde noche de ese mismo día.
Pongamos el foco un rato aquí.
El lugar emblemático donde Néstor Kirchner bautizó de una vez y para siempre la sepultura de la impunidad en la Argentina, hace ya diez años, fue el escenario donde, como nunca antes, se congregó una multitud que se caracterizó por la más plena unidad y convivencia en el marco de una diversidad compuesta por distintas identidades sociales, culturales y políticas. Sería largo enumerar las mil expresiones que se hicieron presentes esa tarde allí. Pero vale remarcar que, a diferencia de años anteriores donde la diversidad era un problema y no un acontecimiento feliz, esta vez el acto fue cerrado por una voz política mayor del gobierno nacional, como lo es Carlos Zannini. Y hay que decirlo: fue ovacionado por los participantes de una jornada que no fue estrictamente una jornada partidaria. Sería un reduccionismo y una torpeza conceptual calificarlo de ese modo. 
El de la ex Esma fue un acto convocado por los organismos de Derechos Humanos y la Secretaría de los Derechos Humanos con presencia de pueblo, digámoslo así para abreviar. ¿Pero se acuerdan cómo era antes cuando se disputaban el micrófono los distintos protagonistas o que para conciliar en la puja se consensuaba leer solamente un documento general que contenga medianamente a las partes? Nada de eso ocurrió esta vez.
La previa de este acontecimiento ocurrió ese mismo día por la mañana en La Carbonilla, el barrio de La Paternal, con un acto convocado por las Madres de Plaza de Mayo y los vecinos y que fuera cerrado por Hebe de Bonafini y por Andrés Larroque, de La Cámpora.
Hay que reflexionar sobre esta gestualidad y sobre cada una de las palabras de los oradores mencionados porque, creemos, por allí anda pasando el pulso de la vida en este país que somos.
El otro tema es Malvinas. ¿Notaron la cantidad de gente joven que visten remeras alusivas a la causa soberana y el aplauso cerrado y emocionado en los estadios de futbol cuando se despliegan las banderas que simplemente dicen “Las Malvinas son argentinas”?
Convengamos que en un país donde, según la oposición mediática, “todo está mal”, no hay autoestima social  y el orgullo nacional está por el piso mientras el olvido está por las nubes, esto no sucedería jamás. Quiere decir, en consecuencia, que por debajo de la sociedad corre un río virtuoso de memoria y argentinidad al palo que se construyó al calor de las luchas y las conquistas logradas en esta última década.
Para decirlo de otro modo: no habría acto masivo en el Día de la Memoria ni habría fervor por la Causa Malvinas si el país fuese la mitad del país virtual que pintan los opositores.
Si abrimos otras ventanas para seguir viendo la realidad, tan desnuda como se presenta, será posible advertir que estamos en presencia de una puja distributiva al rojo vivo entre los que más tienen y los que menos tienen.
En una punta de la soga cinchan los sojeros y empresarios angurrientos de ganancias siderales. En la otra, los trabajadores que pretenden cosechar lo sembrado en estos años de reparación social del Kirchnerismo.
Y el dato de época: en esa puja el Estado inclusivo no es neutral; defiende los intereses populares. 
En ese marco hay que interpretar a los ministros Kicillof y De Vido anunciando esta semana que la facturación excedente por la quita de subsidios se destinará a la Asignación Universal por Hijo y al plan Progresar.
"Es central explicar por qué hablamos de quita con redistribución: lo que se genere de facturación adicional por la quita de subsidios se va a destinar íntegramente a cubrir los gastos de las distribuidoras y transportadores, pero lo que quede por encima de eso se destinará a la AUH y al Progresar, por eso hablo de redireccionamiento", aclaró Kicillof.
Los heraldos del ajuste salvaje, nuevamente frustrados.
Pero como “A río revuelto, ganancia de pescadores”, la runfla sindical que rodea a Moyano y Barrionuevo empuja un “paro nacional” a todas luces ilegítimo. Es claramente un paro contra el proyecto de país que lidera Cristina.
Justo cuando un grueso de la sociedad se sacó esa venda de los ojos que no permitía ver que la inflación no es generada por el gobierno democrático sino por la voracidad empresarial rayana con lo delincuencial, los caciques sindicales de Sergio Massa empujan para atrás el nivel de conciencia colectiva y tiran hacia adelante los intereses patronales.
O sea.
La puja distributiva en favor de los intereses nacionales y populares la encabeza el gobierno de Cristina.
La puja en favor de los intereses contrarios a esos intereses, lo expresa ese variopinto que se hace llamar “oposición”.
Y todo esto sucede justo cuando la FAO informó que la Argentina llegó al Hambre cero mientras Massa renovaba al menemismo poniéndose a disposición de los EE.UU. para reeditar el ALCA y desarmar la Unasur.
En fin, sólo la memoria nos salvará.

Miradas al Sur, domingo 30 de marzo de 2014




domingo, 23 de marzo de 2014

Mañana no habrá golpe de estado



Un día como hoy, el 23 de marzo de 1976, el golpe de estado se olía por los 4 costados, por los 4 vientos, por las 4 esquinas del barrio donde uno vivía, por los 4 diarios más leídos, por las 4 radios más escuchadas, por los 4 canales más vistos, por los 4 políticos que aún daban la cara en la televisión.
Era un día martes y la calle decía “se viene el golpe de estado” y en la mesa familiar se comentaba que “esto no da para más” y “mañana habrá golpe de estado”.   
Los que ya estaban presos por su militancia política se preparaban para lo peor. Pero no habría rincón dónde esconderse de la furia blindada que avanzaba al galope con fusil y bayoneta.
Los que estaban pensando en partir al exilio, dejaron de dudar y apuraron la marcha con su pasaporte en mano.
Los trabajadores, los pibes de los barrios, los que soñaban con hacer la revolución hasta cuando hacían el amor, los delegados de las fábricas, los militantes duros que no perdían la ternura, los que tenían el bolsillo vacío y el corazón lleno de ideales, esos no se irían nunca, aun desamparados.
89 días atrás de ese día, el 24 de diciembre de 1975, Jorge Videla, entonces jefe del Ejército, pronunció un discurso navideño ante propios y extraños que sonó a ultimátum para la democracia. Y el 24 de marzo se cumplían los 90 días del que muchos decían, como si supieran, que era el último plazo para dar el golpe.
Ahora ya lo sabemos: la irrupción de la dictadura fue el episodio final de una operación política que se venía gestando desde mucho antes con la participación estelar de cuadros civiles que componían el entramado golpista.
No es que los medios “reflejaban la caótica realidad”, como se decía. Eran los medios que preparaban el terreno caótico para justificar el desembarco de los genocidas.
No era que “la economía ya no funcionaba o funcionaba mal” como se decía por los medios. Era que los trabajadores participaban, pese al costado más derechoso del gobierno de Isabel, de un porcentaje en la redistribución de la riqueza que orillaba el 50 y 50 y que había pleno empleo y que las comisiones de delegados internos de las empresas empezaban a desbordar a las respectivas burocracias de sus gremios.
No era que el gobierno no ofrecía salida dentro del sistema democrático. Funcionaba el Congreso de la Nación y estaban convocadas elecciones generales para octubre de ese mismo año.
Fue por eso, precisamente por eso, que “mañana habría golpe”, para el regocijo consciente de los poderosos, el entusiasmo inconsciente de las capas medias y la angustia creciente de los más humildes, esos que guardaban en su memoria los viejos dolores de otras dictaduras. 
A 38 años de aquellos días tan oscuros y estremecedores, sepamos que con esas características con que supo ejecutarse a sangre y fuego el genocidio, mañana ya no habrá golpe de estado.
Sepamos que mañana y pasado mañana y siempre habrá democracia y será cada vez más inclusiva y soberana si así nos proponemos desde esta mayoría inmensa de argentinos que ansiamos vivir en paz. 
Pero sepamos también que los jefes civiles del terrorismo de estado siguen vivitos y coleando y llenando sus bolsillos con el sudor de tu frente.
Detrás de cada corrida cambiaria, de cada devaluación provocada por las cuevas del mercado, de cada desestabilización de precios y de sueños, de cada campaña contra la participación de los pibes y las pibas, de cada opinión que atente contra el ejercicio de la política como única herramienta de la democracia para transformar la realidad, de cada opinión ilustrada invocando el olvido y la desmemoria, sepamos que hay un intento de golpe contra el país que hemos reconstruido después del incendio tenebroso del neoliberalismo.
Esta nueva fase del devenir democrático la estamos construyendo entre todos. Es cierto. Disfrutemos y cuidemos esta construcción colectiva. Pero tengamos la honestidad intelectual de admitir que nada de lo que vivimos en estos años hubiera sido posible sin que hayan tenido las convicciones y la voluntad necesarias para encarar el cambio un presidente llamado Néstor Kirchner y una presidenta llamada Cristina Fernández de Kirchner. Un cambio de paradigma. Un vendaval de sueños y reparación de derechos.
Quizá la historia por venir ilustre las mejores páginas de estos años con las imágenes de los genocidas juzgados en los tribunales, amparados por las leyes y la Constitución que ellos violaron cuando dejaron a la intemperie a los hombres y mujeres asesinados durante la larga noche de la dictadura.
Quizá se muestre el alegato de Videla reafirmando cínicamente su siniestro plan de exterminio.
Pero nada de ello alcanzará para comparar siquiera con los dos  máximos logros de esta década: se identificó la comandancia civil del terrorismo de estado en la justicia, en los medios masivos de comunicación, en el poder económico y financiero, por un lado y se recuperó el deseo juvenil de participar en la militancia política, por otro.
Por eso, que mañana no haya golpe de estado, significa algo más que la literalidad de una frase obvia.
Significa que ya somos un país normal, como quería Kirchner. Y que aquellos  que pagaron con la muerte, la cárcel y el destierro su indomable voluntad de cambiar el mundo, hoy sean recordados con respeto, aun desde la crítica implacable que alguien pueda sostener por sus acciones.  
Kirchner,  reivindicándolos desde la política, fue quien forjó ese reconocimiento.     
Esa inmensa madre de todos, Hebe de Bonafini, también es forjadora de estos tiempos que vivimos.
Sin Abuelas y Madres como Hebe la democracia no sería lo que es.
Sin ellas y sin una presidenta como Cristina, no seríamos el país de memoria, verdad y justicia que hoy somos.   
Convencidos que no habrá ni un  paso atrás en las conquistas del pueblo, que no podrán los nuevos heraldos de la desesperanza y la desmemoria hacernos retroceder ni un milímetro de historia, mañana estemos más juntos que de costumbre: es el Día Nacional de la Memoria.  
Para que nadie olvide de dónde venimos y para reafirmar a dónde no queremos volver; nunca más.

Miradas al Sur, domingo 23 de marzo de 2014





domingo, 16 de marzo de 2014

Donde habita el diablo




El proyecto nacional y popular, el verdadero, el que enraíza su origen en las latitudes profundas de la historia, el que carga sobre su ancha espalda sus muertos  y desaparecidos, el que dice y sostiene con el cuerpo que “la patria es el otro”, es un proyecto de vida coherente que a veces triunfa y a veces resulta derrotado.
La victoria y la derrota son apenas circunstancias que se suceden según distintos factores que actúan sobre la coyuntura.
Pero cualquiera sea el caso, el proyecto no se pierde bajo la bruma de la circunstancia.
Este manojo de ideas, tan simple como se expresa, es el principal legado que inauguró el kirchnerismo ni bien amanecía el nuevo siglo en medio de la peor crisis de la sociedad argentina.
Hoy apreciamos, desde una vista panorámica de la realidad, que el proyecto nacional que conduce Cristina Fernández de Kirchner, se muestra como el paisaje más previsible de un país imprevisible.
Y se muestra consecuente con sus convicciones. Y se muestra dúctil y capaz de conducir la barca colectiva en medio de la más feroz tormenta mundial. Y resuelve los problemas de la gente en el trajín cotidiano. Y desarma, además, una por una todas las barricadas que le planta el poder financiero concentrado armado de medios de desinformación masiva y de ese hueso duro del poder de la pampa húmeda conocido como el sujeto “el campo”. La oligarquía que le dicen.
En este marco hoy podríamos mencionar para ejemplificar la vitalidad del proyecto, el viaje de la presidenta a Roma para encontrarse nuevamente  con el Papa y de allí volar a París para presidir la inauguración del Salón del Libro, invitada de honor del gobierno francés; pero preferimos poner el acento en la decisión de la Universidad Nacional de La Plata de otorgar el diploma de Doctor Honoris Causa a los dos presidentes democráticos salidos de sus aulas: Néstor y Cristina.
¿Saben por qué nos parece importante destacarlo? Porque pocos pueden volver a su casa y a su barrio y a su pueblo y a su escuela y a su Universidad después de ser presidentes del país y  caminar orgullosos y de yapa, recibir este digno reconocimiento de aquellos que los conocieron desde que eran así de jóvenes. 
Son pocos los estadistas que pueden lucir en la solapa una distinción académica en reconocimiento a su “vocación por la defensa de la Educación pública, gratuita y de acceso libre”, como reza la resolución del rectorado platense.
El gobierno del país es este, el mismo que alentó durante la asunción de Michelle Bachelet en Chile,  la presencia de los cancilleres de la UNASUR en Venezuela en solidaridad con el gobierno, el pueblo, la democracia y la paz. El mismo que cuida los precios para desalentar la especulación voraz de las corporaciones empresarias más antisociales. El mismo que envía a su Jefe de Gabinete para que defienda el proyecto en el Congreso durante 12 horas corridas.
En el peor de los casos y ante la más feroz de la  crítica opositora, a este gobierno le cabrá siempre aquella sentencia de Perón: “No es que nosotros seamos tan buenos, sino que los demás son peores”.
Tan peores son que quedaron atrapados en su propia telaraña con comportamientos propios de la antigüedad, antes de Kirchner.
El caso más dramático y repudiable es el piquete sindical que, con mano de obra propia o alquilada da lo mismo, arrojó a un trabajador discapacitado desde el puente Avellaneda. Es esa la expresión más violenta de los que se quedaron anclados en el país violento que fuimos dejando atrás en estos últimos años de inclusión social. Tolerancia cero con esa violencia callejera que azota contra el país que recuperó 5 millones de empleo y reparó los derechos de los ancianos, los jóvenes y los pibes.
Desde el costado viejo de la política también se arroja al vacío el prestigio de los hombres y mujeres que estudiaron, investigaron, crearon y ahora proponen una nueva justicia y un nuevo Código Penal. Vale todo con tal de seguir cumpliendo con los deberes que le marcan desde las tapas de Clarín y La Nación.
Es interesante analizar la movida del tablero opositor a partir del pronunciamiento falso y demagógico de Massa contra la iniciativa de reforma del centenario Código Penal argentino.   
No nos detengamos en la picardía mediática de Massa para instalar presencia a cualquier costo. Eso queda claro. Vayamos, en cambio, al análisis de las consecuencias que ese gesto acarreó. Y que no es otro que la reafirmación de la pobreza intelectual de todo el arco opositor, salvo honrosas excepciones.   
Si del lado del massismo queda clara su orfandad de ideas y su política de “vale todo” para ganar fama, incluso tapar murales de las Abuelas, es más que preocupante advertir que el sistema de partidos políticos en la Argentina sigue siendo un alma en pena bailando bajo la luz de una luna de cartón pintado.    
No es entendible que los mismos partidos que designaron sus representantes hace dos años para conformar una Comisión de notables con juristas de prestigio para que trabaje fuera de cualquier sesgo electoral en la reforma del vetusto Código Penal, pongan ahora marcha atrás porque Clarín y Massa les marquen  la cancha desde el miedo y el terrorismo verbal.
Nos vamos.
Cuando el presidente Kirchner empezó a identificar a Clarín como el patrón del mal de nuestra democracia, algunas voces decían que era un error ponerle nombre al adversario. El tiempo le dio la razón a Néstor. No sólo porque hoy Clarín debe asumir su desarme como monopolio y el articulado completo de la Ley de Medios; no sólo porque Clarín, certificado por la auditoría del IVC,  vendió en 2013 menos ejemplares que en 1959 cuando los argentinos éramos apenas 20 millones; sino fundamentalmente porque se demuestra que, como dice la Biblia y a tono con la visita al Papa Francisco, al diablo hay que ponerle nombre y apellido para que todos lo puedan reconocer.
Esta semana el ministro británico para América Latina, Hugo Swire, reconoció que “el Reino Unido prefiere a Massa o Macri para debatir sobre el tema Malvinas”.
¿Te queda claro dónde habita el diablo?

Miradas al Sur, domingo 16 de marzo de 2014