miércoles, 16 de noviembre de 2016

Homenaje a Ofelia


Terminaba diciembre del año 2014. Habíamos decidido realizar un homenaje a las Madres en el Museo Malvinas. No sabíamos que ella vendría. Nadie lo sabía, sólo ella. Hasta que un compañero corrió hacia mí y con cara de asombro me dijo: "No estoy loco, pero creo que la madre de la presidenta está sentada sola en el patio del Museo". Corrí al lugar indicado y la vi con mis propios ojos: era Ofelia, la mamá de Cristina, entonces Presidenta de la República Argentina. Me acerqué tímida y respetuosamente y la saludé con el mayor afecto que pude expresar en ese momento. "Qué linda sorpresa, Ofelia. Gracias por venir" recuerdo que le dije. "Y cómo pensas que no iba a venir un día como hoy" me respondió con un tono firme y sereno.Mientras le pasaba el brazo para acompañarla al Auditorio, la invité a ver la Sala Sentir Malvinas o Sala Prólogo y antes de entrar al Acto pasamos por la Sala de los Niños o Sala Paka paka como se la conocía. Me alarmé cuando ví que le rodaban lágrimas por las mejillas. "No te preocupes" me dijo. "Mirá todo lo que tenés acá: la Causa Malvinas, las Madres, los Desaparecidos, los niños jugando, la historia viva del pueblo...cómo querés que no llore".
Días después escribí para un semanario la nota que sigue abajo.
Quise compartirlo ahora que la verguenza y la indignación me brotan por todos los poros y estas ganas de correr hasta Ofelia y abrazarla para intentar remediar tanto odio y revanchismo contra ella, contra Cristina y su familia. No hay derecho, no hay derecho, no hay derecho.
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Hebe, Ofelia, los pibes y Malvinas
Hay veces que la historia de los pueblos se resume en un instante preciso y en un mismo lugar.
Fue hace pocos días en el Museo Malvinas, el que fue construido por decisión de la presidenta sobre la tierra herida y doliente de la Ex ESMA.
Ofelia, con sus ochenta largos, avanza a pasos calculados para no tropezar en su camino hacia donde estaban las Madres de Plaza de Mayo esperando el momento del homenaje que allí recibirían.
Hebe, también con sus ochenta largos, la ve venir, la abraza y se abrazan todas como si fueran niñas reencontradas en el patio del recreo en una escuela de La Plata.
Menos Ofelia, todas llevan el pañuelo blanco sobre sus cabezas.
De pronto hace su entrada Andrés “Cuervo” Larroque y todas se vuelven a abrazar y a reír como viejos compinches que se escapan a la siesta para ir a jugar a la vereda. Después de todo, es el Espacio de la Memoria y los Derechos Humanos.
Hay música en el ambiente, variada y linda música.
Un Granadero hace ritmo con sus altas botas negras, mientras la banda musical agita el viento y hace balancear el avioncito de Fitzgerald colgado del techo del Museo.
Miro la escena y pienso emocionado: “De aquí ya no se vuelve”.
Todas esas mujeres compañeras de Hebe, perdieron a sus hijos en las manos sangrientas de los genocidas, civiles y militares, de la última dictadura.
Ofelia, en cambio, es madre de la presidenta que al igual que su marido, el presidente Néstor Kirchner, reparó con justicia tanto dolor causado a esos compatriotas muertos, torturados, exiliados, encarcelados y desaparecidos, muchos de los cuales fueron sus compañeros de militancia en los años setenta.
Todo ocurre en el domicilio de la Causa Malvinas. Y como si fuera poco se suma Vicky Cabo, la hermana de Dardo, el jefe de aquel operativo “Cóndor” que aterrizó en Malvinas con las 7 banderas de las cuales una exhibe su proeza en el Museo.
“La historia reparada”, pienso, mientras musito por lo bajo por esas cosas del pudor: “Tenemos patria, tenemos patria”.
Ninguna ofensa a nadie. Ningún insulto se escucha en esa tarde de homenajes y despedida del año. Ningún desmadre. Hay tanto dolor acumulado allí por cada metro cuadrado que alcanzaría para hacer un mar de lágrimas y espanto y sin embargo no deviene ni un centímetro en rencor, sino en muestras de amor y más amor.
“Te recuerdo Amanda” canta en el Museo el maravilloso coro del ECUNHI y Roberto Caballero se refriega los ojos y lloramos todos, mientras los pibes de los barrios entregan sus regalos a las Madres.
Y tanto amor tenía que producir otro milagro: Hebe, con sus ochenta largos y sus pasos cortos andando con un andador, se pone de pie y empieza a bailar al compás de los bombos y los clarinetes que acompañan las consignas que entonan los pibes de La Cámpora. Hebe ya no baila sola. Hebe baila con todos y todos la aplauden y siguen llorando de emoción mientras la ven pasar entre el Gaucho Rivero y Luis Vernet y el acordeón nostalgioso de un ex combatiente de Malvinas.
Javier, hijo de Paco, el que supo ser Urondo para todos los tiempos, acerca una copa y brindamos juntos. “Por la vida” dicen las Madres y repetimos todos: “Por la vida”. Y está todo dicho.
Tristán Bauer y María Rosenfeldt se acercan y me dicen temblorosos de emoción: “Guardemos este momento en algún lugar del museo”.
Claro que sí. Hay que guardarlo como un mojón del alma colectiva, porque cada vez que reímos y bailamos es una batalla cultural ganada a tanta tristeza compartida, la que nos viene de antaño y la honda tristeza más reciente, cuando Néstor partió no sé hacia dónde, aunque sigamos cantando por los siglos de los siglos que no se morirá jamás.
Chachi Velázquez entrega una carta de Alicia Kirchner y el aire vuelve a llenarse de consignas.
Teresa Parodi habla y nos volvemos a emocionar. La ternura aletea por aquí y por allá.
El ex combatiente, Ernesto Alonso, habla y ríe a carcajadas con un militante kirchnerista que ahora tiene su edad cuando él combatió en Malvinas.
A este país de amor se lo puede tocar, acariciar, invitarlo a bailar como baila Hebe.
Cabe una pregunta inocente en el Día de los Inocentes: ¿Al país de Magnetto se lo podrá encontrar fuera de los albañales del odio y de la cría que dejó la dictadura?
Nos estamos yendo hasta el año que viene y el balance se resume en aquella tarde junto a Hebe, Ofelia, los pibes y la Causa Malvinas.
Dos proyectos de país se vienen enfrentando desde hace ya dos siglos. Pero se ven la cara recién en estos últimos años.
El que expresa y representa la injusticia y la exclusión, la dependencia y la entrega del patrimonio de los argentinos, la subordinación política a los poderes corporativos, ese poder que archiva en su madriguera tanto olor a muerte, ese poder financiero que con sólo dar una orden por control remoto hace estallar países por el aire, ese poder es el que quiso la violencia para este final de año.
Y no pudo.
El proyecto del que formamos parte tiene la guardia en alto porque los conoce bien y en el cuero propio. Pero eso no impide que bailemos festejando una nueva victoria, y no esta última victoria, sino la que se aproxima a pasos agigantados.
A diferencia de otros tiempos y de otros países hermanos, la Argentina no tiene una grieta social como quisieron vendernos. Hay remeras con la cara de Néstor y Cristina, de Hugo Chávez y Fidel, del Che Guevara y las Malvinas, ¿alguien vio una remera con la cara de Magnetto, el verdadero jefe opositor?
Suben las ventas en los comercios grandes, medianos y pequeños, las rutas se llenan con 2 millones de turistas presurosos por un cacho de playa o de montaña, la radio informa que subieron las reservas del Banco Central a 31 mil millones de dólares y que las naftas bajarán el 5 % a partir de enero, el cielo de la noche navideña se llena de colores, los vecinos levantan sus copas de vereda a vereda, los violentos estarán mordiendo el freno en sus aguantaderas.
Ha ganado el sentido común de los argentinos y la paz social es su mejor custodia.
El año que llega será mucho mejor todavía.
Hay proyecto de patria para rato.
Miradas al Sur, domingo 28 de diciembre de 2014

sábado, 12 de noviembre de 2016

jueves, 10 de noviembre de 2016

El cielo se llenó de cisnes negros



Introducción: si por “cisne negro” se entiende a los hechos extraordinarios, imprevistos e impredecibles que rompen política, social y culturalmente con la acostumbrada línea del horizonte y con la línea vertical de la ley de gravedad vigente, digamos que varios y diversos hechos han logrado ser merecedores de tal mote en el último tiempo. Nombremos algunos: la votación de Inglaterra para salir de la Unión Europea (Brexit); la votación por el No a la Paz en Colombia; La unción de un cura peronista como Papa; la victoria de Donald Trump en los EE.UU. De allí el título de esta reflexión somera para abrir el debate. 
1.- El triunfo de Trump es el inicio del fin del neoliberalismo global y la aceptación norteamericana de que el mundo dejó de ser unipolar para convertirse en un mundo multipolar. Es el primer presidente de los EE.UU. que no llega al gobierno con el apoyo poderoso del complejo financiero militar de su país ni de Wall Street ni de los grandes medios. Léase: la flor y nata del poder neoliberal global. 
2.- EE.UU. desarrollará con Trump, según se anuncia, una fuerte política aislacionista, puertas adentro de sus fronteras, que tendrá como meta devolver a los estadounidenses la ilusión del sueño americano: basta de gastos bélicos para costear los gastos del mundo a expensas de la creciente pobreza del ciudadano propiamente norteamericano; es lo que proclama Trump. 
3.- Hay que dar un intenso debate con los compatriotas que por desconocimiento o prejuicios se compraron el cliché de que en EE.UU. ganó la derecha más retrograda y perdió el progresismo más avanzado. Ganó una versión norteamericana de la derecha nacionalista, sí. Pero la que perdió fue una de las principales comandantes de las fuerzas políticas militares de EE.UU. y la OTAN que asesinó en vivo y en directo a un líder terrorista antes prohijado por ellos ( Bill Laden) y por sobre todo, aniquiló una nación como Libia provocando en consecuencia la tragedia humanitaria de este siglo expresada en las masivas migraciones que día a día naufragan en el Mediterráneo. Libia siempre fue un estado tapón del África. Muamar al Gadafi advirtió que si lo derrocaban Libia dejaría de ser contenedor de sus hermanos africanos para ser el muelle por donde se irían a Europa los pueblos que huyen del hambre y de las guerras y de los misiles norteamericanos. Es lo que está pasando. La candidata que perdió, además, convalidó los ataques económicos y parlamentarios a Venezuela, a Bolivia, a Ecuador, y diseñó los golpes que destituyeron gobiernos populares en la región. No nos engañemos más con el discurso falsamente “progre”. 
4.- Todas las bolsas del mundo cayeron ni bien se supo que ganaba Trump, todas, menos la de Rusia. Algo nos dice este dato del nuevo mapa mundial que se abre de ahora en más. 
5.- Anotemos y observemos quiénes se lamentan aquí de la derrota demócrata: Macri, Malcorra, TN y Clarín, La Nación, los pro-buitres de la Bolsa. 
6.- Trump ya se pronunció contra todo intento de reeditar el ALCA, tipo el Acuerdo Transpacífico (PPP), y contra el NAFTA (acuerdo de libre comercio de EE.UU. con Canadá y México) y contra el mega gasto económico militar que hacen para mantener a la OTAN. Que cada uno se pague lo que consuma, dijo Trump. Por eso las caras largas contra él en toda Europa. Trump acepta que son tres potencias las que se reparten la geopolítica mundial en este siglo: EE.UU., Rusia y la China emergente. De allí los enojos de unos y las caras alegres de otros. O sea: Trump acepta que el mundo es multipolar y que al aceptarlo podrá direccionar el gasto público fronteras adentro de los EE.UU. y no tanto en las trincheras externas. Él no es un pacifista. Es un millonario pragmático que leyó mejor que nadie la realidad del mundo y de su propia sociedad. Como dice irónica y sagazmente un amigo: por fin los yanquis tienen a un presidente que se parece a su pueblo. 
7.- En este contexto, Argentina y América Latina deberán reagrupar fuerzas y volver a disputar el sentido común perdido con el neoliberalismo que hoy llora la derrota de Clinton. No esperemos nada de nadie. No festejemos el triunfo de ninguna potencia. Nosotros cuando fuimos libres fue porque nos valimos de nuestras propias fuerzas y con nuestro propio espíritu libertario. No dependamos de nadie. Más que de nosotros mismos. 
8. Ahora sí entrémosle a la cantinela impuesta por los medios a escala global: Trump es xenófobo, sexista, racista, insensible, etc., etc. Y sí. Toda discriminación merece nuestro más absoluto repudio y rechazo. Condenemos este rasgo autoritario. Para eso damos la batalla cultural día a día de la manera que cada uno puede. Pero de lo que se trata es de comprender que la política es causa y consecuencia de las relaciones de fuerzas y de poder que vayamos construyendo. La inteligencia política entonces es aprovechar el resquebrajamiento del poder unipolar para construir mayores espacios de autonomía y para construir más y más derechos sociales. 
9.- Macri no es Trump. El nuestro es un millonario a costa del Estado pero que ahora reniega del Estado para no tener que hacer grande y feliz a su pueblo, sólo a su propio bolsillo. El otro es un millonario que se vale del Estado para fortalecer a su nación a costa de dejar a la intemperie a todo aquel que no sea un NIC como se aprecia ser él. No caigamos en la trampa que nos tiende el poder financiero mediático vendiéndonos que ahora viene la catástrofe para América Latina. Nunca se preocuparon de nosotros más que para expoliar nuestras riquezas. Dejemos que sigan sin preocuparse de nosotros y hagamos lo que tengamos que hacer como libres que somos. 
10.- A la izquierda nuestra, la pared: tenemos más que suficiente autoridad política y moral para condenar todas las conductas racistas y xenófobas verbalizadas por el presidente electo de la potencia imperial del norte. Los que votaron a Macri tendrían que tener el pudor de no mostrarse tan verborrágicamente anti Trump mientras aquí votaron como votaron. Somos pocos y nos conocemos muchos. Pero mucho más condenamos la violencia imperial que arma el ISIS, que bombardea a escuelas y hospitales de niños en Siria y a los países de aquella tan sufrida y milenaria región en nombre del “mundo libre”. El mundo cruje por abajo y por arriba. El futuro es impredecible y nos obliga a ser creativos. Como enseñan los pueblos originarios: No sigamos las huellas de los antiguos, busquemos la última huella que ellos dejaron y el lugar que ellos buscaban al momento de partir. Y sigamos caminando hacia delante, haciendo nuestras propias huellas. 
Volveremos y seremos mejores, ya lo verás mi amor.

domingo, 2 de octubre de 2016

A 50 años del Operativo Cóndor


A 50 años del Operativo Cóndor en Malvinas, nuestro compromiso sigue siendo el mismo: 
cuidar aquellas banderas, alli donde hoy se encuentren, para que un día no lejano vuelvan a flamear en nuestras Islas. 
Y cuidar que nada ni nadie mancille la memoria de aquellos jóvenes cóndores, muchos de los cuales son el alma misma de nuestros 30 mil compatriotas detenidos-desaparecidos por la dictadura cívico-militar. 
Gloria y Honor a Dardo Cabo y sus Compañeros!
Ahora y siempre!

Malvinas, cuando duele




La cruda realidad indica que mientras nos gobierne Macri, la soberanía nacional estará en riesgo. Como el empleo, la salud y la educación de los argentinos.
Lo que ocurrió en torno a Malvinas en los últimos días es prueba irrefutable de esta triste y alarmante conclusión.
Primero fue el acuerdo firmado por la canciller argentina Susana Malcorra y el vicecanciller británico Alan Duncan. El informe oficial argentino expresa en uno de sus parrafos textualmente:
"El comunicado refleja la voluntad política de las Partes de reiniciar un diálogo sobre todos los temas del Atlántico Sur, sin exclusiones y bajo la fórmula del paraguas de soberanía acordada en 1989"
Va de suyo que la susodicha fórmula nos retrotrae a tiempos del menemismo gobernante en los años 90 del pasado siglo. Así nos fue con la política de "desmalvinización".
Pero después ocurre el bochorno presidencial de afirmar que la primer ministro del Reino Unido manifestó estar de acuerdo con la intención de iniciar conversaciones sobre la soberanía en Malvinas.
La propia Malcorra desmintió a Macri y a renglón seguido fue la cancillería británica quien lo hizo.
Todo muy poco serio. Todo es un papelón vergonzoso e indigno que sólo tiene como antecedentes las declaraciones cipayas de los conservadores de principios del siglo XX cuando se firmó el pacto Roca-Runciman y decían que "éramos la perla más preciada de la corona británica". Décadas después esas declaraciones fueron reemplazadas por el envío de los ositos "winnie pooh" a los isleños.
Aquellos conservadores entregaron la soberanía y la dignidad de la nación a cambio de vender ganado vacuno. Parece ser que la moneda de cambio hoy no son las vacas, sino apenas la secretaría general en la ONU.
Pagaremos muy caro estas agachadas. El colonialismo británico supo utilizar durante dos siglos cada desliz de nuestra política exterior en torno a Malvinas. Nos facturaron hasta los silencios cuando Argentina no reclamó sus derechos.
Todavía nos facturan la guerra decidida por la dictadura de Galtieri pese a que fuimos los argentinos las victimas principales del terrorismo de estado reinante en nuestro país desde el 24 de marzo de 1976 y hasta finales de 1983 cuando recuperamos la democracia.
Por eso nos duele Malvinas más que nunca. Porque están mancillando la sangre de nuestros soldados caidos en las Islas y en el hundimiento criminal del ARA General Belgrano y a una historia de lucha que reconoce en los últimos años los mayores avances diplomáticos y políticos logrados en dos siglos de usurpación colonial sobre nuestras Islas.
Y duele más aun cuando se pretende desmontar el andamiaje jurídico establecido por la Argentina para evitar justamente la depredación de nuestra plataforma continental.
Estamos ante la tercera fase de la usurpación británica: la primera fue la ocupación territorial de 1833; la segunda fue la depredación de nuestros recursos ictícolas tres años después de finalizada la guerra en 1982 y esta de ahora está regida por la explotación ilegal de los hidrocarburos.
Claro, para avanzar en esta fase necesitan una total rendición de la democracia argentina. Es mucha la inversión económica que las empresas deben hacer y no pueden arriesgarse a hacerlo si antes "no se remueven todos los obstáculos" que impiden el avance usurpador. Esto es lo que buscan desde hace unos años y esto es lo que acordaron en la declaración firmada hace pocos días.
A este intento se opuso firme y digno el presidente Néstor Kirchner cuando sostuvo ante el mundo entero que la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas no se negociaría jamás.
Luego, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el Congreso nacional modificó varios artículos de la Ley 26.659 sancionando la Ley 26.915 que castiga muy duramente a todas las empresas que exploren y exploten ilegalmente los recursos hidorcarburíferos en nuestra plataforma continental.
Observe este detalle: La Ley no menciona a Malvinas y sin embargo, el Foreign Office protestó en términos imperiales e irrespetuuosos la decisión soberana de nuestros representantes parlamentarios. Usted se preguntará porqué lo hicieron: porque saben que Malvinas es parte indisoluble de la plataforma continental argentina. Así lo dicen la historia, la geografía, la flora y la fauna de Malvinas. Y la voluntad del 95 % de los países del mundo que acompañaron hasta hoy el reclamo argentino.
De paso, nos preguntamos: ¿Eso es estar aislados del mundo?
Sigamos.
El principio de la integridad territorial es el principio válido y determinante para resolver la Cuestión Malvinas en el seno de Naciones Unidas (Resolución 1514). En consecuencia, si Malvinas es tan soberanamente argentina como Santiago del Estero, Buenos Aires, Cordoba y cualquier otro territorio patrio, somos nosotros los argentinos los legítimos dueños de nuestro destino, porque eramos los argentinos los que habitábamos las islas hasta que el 3 de enero de 1833 el colonialismo inglés usurpara nuestro territorio y transplantara luego, en 1841, una población intrusa de la que descienden algunos de los actuales pobladores.
Por último, así como indigna la utilización reciente de los jubilados para "justificar" el blanqueo de capitales, no habrá que permitir que el legítimo derecho de identificar los 123 soldados argentinos caidos y sepultados en nuestras queridas Malvinas, sean la "justificación" para rendir Malvinas a las pretensiones coloniales del Reino Unido.
Hasta las Malvinas, siempre!

22/09/2016

lunes, 15 de agosto de 2016

Cristina, agosto y después




De continuar  ejecutándose las políticas de gobierno basadas en el ajuste permanente, vía transferencia de recursos de los más pobres a los más ricos, endeudamiento externo, desempleo creciente, achatamiento y ahogo de las expresiones democráticas culturales, destrucción de los organismos regionales soberanos (MERCOSUR, UNASUR, CELAC), inexorablemente la sociedad argentina marchará, más temprano que tarde, hacia una nueva tragedia social. Y esta vez será peor que cualquiera de las tragedias ya sufridas por el pueblo, toda vez que no habrá ni un tubo de oxigeno peronista que alivie el agobio colectivo, así como tampoco habrá la chance de pensar ilusamente que el vuelco ocurrirá por “errores de gestión” cometidos en el afán de favorecer la meta de “pobreza cero”.
El macrismo es, por si quedan dudas, la fase superadora del menemismo y la culminación cuasi exitosa de la fragua inconclusa que dejó  la Alianza radical-progresista. Es decir, lo que la derecha oligárquica no pudo lograr siquiera con las dictaduras que supo instalar, lo vino a lograr en tiempos de democracia con los poderosos tanques mediáticos que nos bombardearon la cabeza día y noche y lo siguen haciendo. Primero ensayó con carnet peronista (Menem), después con carnet radical (De la Rúa) y finalmente con carnet propio (Macri y Ceos varios).
El kirchnerismo en cambio, con sus errores, desprolijidades, limitaciones, fue la antítesis de esos modelos de exclusión social.
El cotejo de antecedentes  lo hacemos, como corresponde, con otros gobiernos electos democráticamente porque nos evita el escarnio de comparar la realidad de nuestros días con los antecedentes tenebrosos de las varias dictaduras de la última mitad de siglo XX. Y de paso, no ofendemos a ninguna alma presuntamente republicana.
Retomemos. El macrismo es lo que muestra ser. No es ni más ni menos. Proyectó su brutal reconfiguración de la economía y la sociedad pos kirchnerista y lo está cumpliendo a rajatabla. No hubo errores, no hubo excesos. Este es su modelo de país y si no le gusta, tendrá usted sólo dos opciones: resignarse o enfrentarlo democráticamente como pueda y deba.
Ahora sí que estamos insertos en el mundo y ahora sí que este caótico mundo se nos insertó por todos los costados; porque habrá que recordar que este mundo en que nos metieron es un mundo en guerra, no por religiones como advirtiera el Papa Francisco, sino en guerra por intereses económicos.  Y mientras esté el macrismo gobernando no podremos hacer como Mafalda con aquello de “paren el mundo que me quiero bajar”. 
La realidad es dura; la vida, también. 
En este escenario reaparece Cristina ante todos y todas.
¿Pensaban que iba a llamar a la unidad partidocrática del PJ sin poner condiciones ni fronteras?
¿Pensaban que, por el contrario, se iba a refugiar exclusiva y excluyentemente en los sectores más leales del kirchnerismo?
¿Pensaban que iba a prevalecer su ego y autoproclamarse la líder y conductora de lo que aun no está construido?
No hizo nada de eso.
Seamos serios. Tanto ella como cualquiera de nosotros, mortales de a pie y sin caballo, sabemos que el avance de la derecha fue y es posible porque el movimiento popular está roto en su superestructura. Ampliamos el concepto para que no nos confundamos: en la superestructura institucional del movimiento prevalecen los egos, los cacicazgos, los que tienen la cola sucia y temen hablar, los que sólo saben especular con el próximo cargo porque ese y no otro es su “arte de vivir”, los cobardes con o sin títulos académicos que excusados tras la fachada de la “gobernabilidad”, levantaron dócilmente la manito para votar las leyes del neoliberalismo gobernante.
¿Habrá que barajar y dar de nuevo? ¿Habrá que trazar una raya y dar una nueva oportunidad a todos los que alguna vez integraron el mismo rebaño? ¿O habrá que trabajar para concretar una amplia convocatoria que reúna al universo afectado por estas políticas sin importar identidades partidarias previas? Que lo diga la política. Lo cierto es que el jarrón está roto y hay que construir uno nuevo.
La dialéctica ya enseñó desde hace varios  siglos que el avance de unos es el retroceso de otros. Y que en tiempos de crisis el espíritu sectario es el peor consejero. Releer los clásicos le vendría muy bien a más de uno.
En su primer mensaje de abril pasado Cristina invitó a construir un Frente Ciudadano. No dijo Frente kirchnerista; dijo Frente Ciudadano. En su última reaparición invitó a construir nuevas mayorías. No dijo reconstruir  “nuevas mayorías kirchneristas”, dijo: “nuevas mayorías” a secas. Pero citó dos ejemplos claritos y concisos: la lucha triunfal de los estudiantes secundarios por el boleto estudiantil y la rebelión vecinal contra el tarifazo.  
Por allí pasa la vida: por la participación militante de la juventud, de los vecinos movilizados y de los trabajadores que se pongan de pie como tributo a su propia memoria de clase.
Todo este berenjenal, este campo minado y al mismo tiempo todo este terreno por sembrar, obliga a pensar en otra dimensión de la política que si bien no es novedosa en nuestra historia es indicativa que de cada encrucijada, los pueblos salen siempre construyendo nuevas alternativas. Eso no equivale a decir “nuevas identidades”. Eso lo dirá el tiempo a recorrer y siempre será una consecuencia del camino por andar y nunca un certificado de nacimiento prematuro. De esos errores, además, nunca se sale indemnes.
Para decirlo en términos jauretchanos (perdón Don Arturo): la pelota está picando del lado de la sociedad. Depende de nosotros y sólo de nosotros que la pateemos hacia el lado contrario o la tiremos afuera o nos la dejemos robar y perdamos el partido. 
De todos modos, terminemos con el misterio ese de si Cristina jugará o no jugará. Lo hará desde su responsabilidad histórica como militante, afirmó. Y está bien que diga eso. Porque afirmar  lo contrario sería poner el carro delante y en el mejor de los casos, una indisimulable incoherencia: la de llamar a construir algo nuevo para reconquistar el gobierno y el Estado, pero ponerse ella en primer lugar como candidata a no sé qué.
No obstante, estamos convencidos que eso sucederá cuando las uvas estén maduras, no antes. Y para arriesgar una opinión al respecto: también estamos convencidos que Cristina debería encabezar la lista bonaerense en las elecciones de medio término del 2017. Porque en democracia las reglas son así y porque toda energía social desatada se corona finalmente en el voto popular. No se enojen, es sólo una modesta opinión ciudadana que no compromete a nadie.
Va quedando claro que Cristina busca enfrentar la derrota electoral y los continuos ataques del poder económico, judicial y económico sufridos por ella como por la sociedad, con formas novedosas de liderazgos políticos y sociales, como dijo explícitamente en el reportaje televisivo con Roberto Navarro. No cae en el reduccionismo de proponerse ella como candidata o como la convocante de algo nuevo sino que interpela al pueblo y pide echarse a andar como fuente de toda energía y sabiduría histórica. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, enseñó el poeta.
Arremangarse entonces y a construir mayorías para reconquistar poder popular ahora que los “coroneles de Mitre”, versión republicana siglo XXI, llaman nuevamente a degüello.
Todos los argentinos tendremos algo para aportar en esta nueva construcción colectiva, pero sin dudas serán los jóvenes, los trabajadores y los nuevos excluidos quienes deberán conformar la masa crítica imprescindible.
Quizá el mes de agosto recién inaugurado sea llamado a convertirse en un mes de inflexión que ayude a iniciar una nueva etapa política en la Argentina. Una etapa que sirva para la reconstrucción de las fuerzas populares. Para la recomposición de las fuerzas sindicales. Y para la reconstrucción de los nuevos liderazgos que precisa la sociedad.

Todo será posible con un pueblo movilizado y en paz y a como dé lugar la defensa de la democracia participativa e inclusiva que supimos conquistar en estos últimos años.

Publicado en La Tecl@ Eñe el 2 de agosto de 2017

viernes, 8 de julio de 2016

Repliegue y Reconstrucción: El jarrón roto

Ha llegado el momento de recrear una fuerza que, como el fuego, crezca desde el pie. La memoria del país que fuimos y seremos, será la amalgama imprescindible para volverlo posible y duradero.  Si insistimos en reconstruir el campo popular con las mismas consignas, y lo que es peor, con los mismos  burócratas y oportunistas que formaron parte del núcleo dirigencial de la política de la última década, estaremos en el horno de la historia por mucho tiempo.

Por Jorge Giles*
(para La Tecl@ Eñe)




El jarrón que nos pertenecía, siguiendo la metáfora recreada por Álvaro García Linera, yace al pie de nuestros sueños y desvelos, roto en varios pedazos. Quizá no fue tanto el poder del piedrazo neoliberal que acertó sobre su objetivo, sino la debilidad intrínseca de la contextura y el contenido del jarrón, en tanto símbolo de la categoría nación-pueblo. Hemos fallado una vez más en el eterno intento de reconstruir la Patria Grande y una sociedad inclusiva y más justa en la Argentina y en toda la región. No está muerto quien pelea, pero antes, hay que hacerse cargo de la realidad y no negarla. Los victoriosos de ayer, somos los derrotados de hoy. Como la rueda de la historia continúa, de nosotros, pueblo, dependerá que volvamos victoriosos nuevamente el día menos pensado. 
Claro que pasará mucho tiempo hasta volver a construir un nuevo proyecto liberador que desate los tientos con que hoy los poderosos volvieron a amarrar al pueblo trabajador. Ello será posible si nos hacemos cargo que no será reconstruyendo el mismo jarrón del que supimos beber hasta la noche del 9 de diciembre de 2015, sino construyendo uno nuevo, que se asiente en la memoria de aquel otro, para volverlo más fuerte, más compacto, más consciente y más duradero en su próxima versión.  
Una cosa deberá quedar claro como requisito indispensable para cualquier análisis que se precie de serio: nada, pero nada de nada de bueno habrá que esperar para los intereses del pueblo y la nación argentina por parte del neoliberalismo gobernante y sus cómplices de turno. Los poderosos que hoy gobiernan son voraces depredadores por naturaleza. Cuanta más fortuna tienen, más fortuna quieren. Si por ellos fuera, no saciarán su apetito  hasta devorarse la última expresión de vida que le quede al proyecto nacional y popular. Barren con las ollas y los platos de comida y al mismo tiempo barren con los símbolos más representativos de nuestra memoria fértil.
Nos interesa adentrarnos, por doloroso que fuere, en un camino que nos lleve a pensar y repensar las tareas que la hora exige. De los adversarios y los enemigos lo sabemos casi todo. De nosotros mismos, siempre sabemos a medias. El enemigo es implacable cuando gobierna, nosotros, en cambio, pecamos a menudo de inocentes y dubitativos en circunstancias semejantes.
Si insistimos en reconstruir el campo popular con las mismas taras, las mismas mañas, las mismas consignas y lo que es peor, con los mismos  burócratas y oportunistas que formaron parte del núcleo dirigencial de la política de la última década, estaremos en el horno de la historia por muchísimo tiempo.
Partamos por definir esta etapa como una etapa de repliegue popular que sirve para reordenar las fuerzas que más temprano que tarde apuren la vuelta por la vías democráticas del pueblo al gobierno y al poder. No se puede seguir trabajando, pensando y militando como si el escenario no cambió en nada, más que en el ocupante bailarín de los balcones de la Casa Rosada. Tenemos que hacer un control de daños luego de la brutal ofensiva contra los sectores medios y los más humildes de la sociedad que ese bailarín está ocasionando maliciosamente. Tenemos que advertir la degradación nacional que irá acrecentándose luego del pago a los fondos buitres,  el blanqueo de capitales fugados y la naturalización del delito con los “Panamá Papers”.
El llanto o la queja de los ámbitos palaciegos no mueven el amperímetro de la historia. Sólo la presencia vital en el territorio de la política hará posible la construcción de las nuevas expresiones que nos representen. En todos los ámbitos posibles y necesarios.
Esta es la mayor interpelación que nos debemos a nosotros mismos. No hay mesías, no hay vanguardias iluminadas, no hay liderazgos salvadores para esperar el milagro. Porque el milagro, si es que lo hay, anida entre nosotros. Principalmente en los militantes que levantan sus banderas aun en la aparente y ocasional desesperanza al que nos arrastra el acoso del poder dominante. 
Hay que volver a creer en nuestras propias fuerzas y en nuestras convicciones y en nuestra propia voluntad de cambio. Para eso, y en este marco de análisis, hay que resaltar con letras de molde que el peligro mayor está en el espíritu sectario que sólo sirve, como el miedo, para perderlo todo. Sin unidad del campo popular no hay salvación posible.
Por ejemplo y para empezar:  
¿Es posible pensar en la fusión orgánica y fraterna de todas aquellas expresiones que se identifican como kirchneristas? ¿Es posible impulsar  que toda la militancia salga de sus esquinas partidarias para trabajar codo a codo con la vecindad en estado de riesgo de extinción por los tarifazos? ¿Es posible desterrar la soberbia burocratizada de los que se creen portadores de todas las llaves, de todas las cerraduras y de todas las puertas que al abrirse nos lleven mágicamente al trole que hay que tomar sin errar la parada? ¿Es posible crear las bases de un frente ciudadano que se enraíce en la lucha cotidiana de la sociedad contra el neoliberalismo y no en la sumatoria de sellos partidarios? 
Sí y solamente sí, sería la respuesta correcta; o al menos deseable.  
Los detractores del kirchnerismo decían que tendría corta vida porque nació “de arriba hacia abajo”.
Ha llegado el momento que el pueblo vuelva a recrear una fuerza que, como el fuego, crezca desde el pie. La memoria del país que fuimos y seremos será la amalgama imprescindible para volverlo posible y duradero.
En el estribo: 

Hoy estamos todos inhibidos de los bienes que por derecho propio nos corresponden; el pueblo y su única líder y conductora, Cristina Fernández de Kirchner. Y quizá Cristina vino a decirnos justamente esto y para señalar, digna e inteligentemente, que para recuperar los derechos conculcados, esta es la hora de los pueblos, no de los dirigentes salvadores.  

Buenos Aires, 6 de julio de 2016

*Periodista y poeta

jueves, 16 de junio de 2016

Soy de por aquí nomás


Soy el que lleva un compañero muerto entre los brazos y una compañera herida sobre las espaldas.
Soy una bandera altiva en la muchedumbre y una consigna pintada en el destierro.
Soy el que lleva en la mirada un niño hambriento de justicia y mucho más hambriento de un plato de comida. 
Soy de por aquí nomás. Vivo en la misma casa donde hace rato me tiró la vida en un descuido.
Vivo como puedo y con lo justo, agradeciendo estar de pie en el estribo de mi vida.
Soy la América profunda e irredenta.
Soy hermano del Che y de Eva Perón, por si les caben dudas de mi parentesco.
Soy lo que soy en nombre de Vicente Cacho Ayala, de Salvador y el Pocho, de Beto y de Paloma, del Añamen, de Juanca y de Carlitos, del Chacho Pietragalla, del Flaco Salas, de Tierno y los masacrados en la madrugada de Margarita Belén.
Soy lo que soy en nombre de mi hermano Omar y de mis viejos queridos, combatientes.
Soy el que pintó Luche y vuelve, para morir después de soledad en los bosques de Ezeiza.
Soy el que volvió dignamente con Néstor y Cristina y una pueblada en la Plaza.
Y como sé quién soy en este día, en esta tarde, en esta noche exacta, no voy a permitirles a los poderosos y sus alcahuetes que humillen la memoria de los 30 mil tras la mascarada de uno o cien corruptos.
Soy de por aquí nomás, igual que muchos de ustedes, y le pese a quien le pese, soy un hombre digno y no me entrego ni me doblo ni me vendo.
Soy a pruebas de infamias y derrotas. De hambres y despidos. De ofensas y calumnias de propios y de ajenos. De cárcel y traiciones.
Soy de lealtad y rabia. De vino y de poesía.
Soy la memoria ardiendo a un costado del camino.
Y aunque a veces me lleno de tristezas, yo se que volveremos, no sé cuándo ni cómo, pero volveremos.