miércoles, 18 de septiembre de 2013

Dilma, Cristina, América Latina


Ayer habló Cristina en Chivilcoy. 

La lista de obras que anunció la presidenta fue muy extensa.

Desde la recuperación de los ferrocarriles a la producción industrial de leche y la necesidad de “que el ferrocarril de cargas vuelva a ser, junto a la hidrovía y el transporte marítimo, los tres grandes transportadores en Argentina, porque la logística es imprescindible mejorarla para la competitividad”.

Inauguró una línea de teléfono 144 para denunciar la violencia doméstica y de género, el nuevo acceso a San Vicente y una nueva estación retransmisora de TV.

Tan importantes como los anuncios, fueron los conceptos que vertió Cristina, empezando por el elogio al ministro Randazzo.

Se explayó sobre el desarrollo industrial argentino, el rol de la comunicación, la mentira organizada por el monopolio mediático y la necesidad de estar unidos como pueblo para defender el proyecto de país en curso.

El nombre del mandamás de Clarín, Héctor Magnetto, sobrevoló el acto. No porque sea oriundo de Chivilcoy, sino por el poder económico que acumuló y al que ejerce lavando la cabeza a millones de compatriotas a través de sus quichicientos medios de desinformación.

Esos medios construyen e imponen una agenda paralela y contraria a la agenda pública de la democracia. Por la mañana lanzan un título catástrofe en la tapa de Clarín y la replican durante todo el día por radio y por la tele. El producto final es una cabeza lavada o quizá una cabeza que ya venía a contramano del interés colectivo de la comunidad y se ve reafirmada por el mensaje malicioso que escucha y ve.

Pero esta región del mundo está cambiando vertiginosamente. 

Que EE.UU. espíe a gobernantes y ciudadanos latinoamericanos, no es noticia. Pero que uno de esos gobernantes se le plante al poderoso para protestar y exigir las disculpas que se merece y suspender la visita oficial que debía realizar próximamente, esa sí que es noticia principal de este cambio de época. 

Fue lo que hizo ayer la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ante el gobierno de Obama.

El Partido de los Trabajadores, con Lula a la cabeza, exigió que Obame aclare y se disculpe por haber espiado y metido sus narices en los asuntos internos de Brasil.

Ya no se trata de solitarias rebeldías como la de Perón ante Braden en el 45 ni la de Alfonsín ante Reagan en los años 80.

Se trata de un cuadro de situación complejo signado por la crisis desatada por el capitalismo del dinero fácil, el armamentismo al palo pidiendo pista y el mundo unipolar en pleno ocaso.

En ese marco, América Latina, liderada por Brasil y la Argentina, emerge como región de paz y crecimiento inclusivo.

Amanece.

Ojalá tengamos Dilmas y Cristinas cien años más.


El Argentino, miércoles 18 de septiembre de 2013