domingo, 15 de septiembre de 2013

Monos con navaja

Los opositores repiten muy sueltos de cuerpo que Cristina no termina su mandato. Pero cuando denuncia lo mismo un dirigente oficialista, no hacen más que desmentirlo y decir que el kirchnerismo exagera hablando de golpe destituyente.
Desde Elisa Carrió al ex carapintada y hoy hombre de Massa, Aldo Rico, desde Yoma a Grondona y Biolcatti, los opositores dicen, de la mano de Clarín y La Nación, que el ciclo se termina y que después de octubre se viene una hecatombe.
Pues si eso es lo que traman, habrá que pensar muy bien el voto antes que se convierta en navaja en manos de algún mono.
Y hacerse cargo después.
Lo que sinceró Rico se llama expresión de deseos y operación en marcha.
Revuelven el río para ver si pescan algo. Es una vieja táctica desestabilizadora.
A la vanguardia de los golpistas marcha la tropa del monopolio mediático. Cada tapa del Clarín es un misil que cae sobre la mirada inocente del desprevenido lector.
Analicemos brevemente el momento que vivimos. Y lo que está por venir.
La Argentina es un país que cuenta con una democracia quebradiza y una nación inconclusa. Así nomás te lo digo.
Lo que pasó en Honduras y en Paraguay con resultado exitoso para los destituyentes, más lo que se intentó en Venezuela, en Ecuador y en Bolivia, son partes de un proceso desestabilizador que continúa abierto.
Decimos democracia quebradiza inspirados en esos antecedentes que mencionamos y utilizando el concepto que transmitió la Presidenta luego de la Cumbre del G-20 en San Petersburgo, Rusia.
El mundo está quebradizo, se dijo allí. Y nos enseña el diccionario que el vocablo quebradizo es sinónimo de frágil, delicado, endeble, inestable, perecedero, enfermizo y desmejorado.
Como se verá, son tiempos en que los diccionarios nos acortan el camino a cualquier tesis política.
Y el mundo es eso que dice el diccionario.
La puja de proyectos globales está en plena ejecución.
Obama pretende descargar sus misiles sobre el pueblo sirio como una forma de paliar el desempleo en su país y de paso decirnos que sin el imperio del águila del norte, todos somos unos pobres diablos.
Del otro lado, el Papa, Rusia, China, Brasil, India y América latina clamando por la paz y advirtiendo que si se desata una guerra nada volverá a su punto de partida. Es que las anteriores invasiones y bombardeos a los pueblos árabes por parte de los EE.UU. y los países de la OTAN no sucedieron en un marco igual o semejante al actual, signado como está por la peor crisis que sufrió el capitalismo a escala mundial en el último siglo. Y la historia enseña que la fusión entre una crisis económica social profunda y una guerra imperial es caldo de cultivo para despertar a los monstruos que habitan en el peor costado de la humanidad. Ojo con eso.
Señalemos dos paradojas interesantes que se observan hoy.
La primera es que el país que viene salvando la convivencia pacífica a escala global no está en el occidente, tan republicano y democrático, que tiene a Europa y a los EE.UU. a la cabeza, sino en la vieja Rusia, un país poscomunista. Si se quiere, una joven y muy singular democracia, aunque con la añeja sabiduría de Tolstoi.
La otra paradoja sucede entre nosotros.
El peronismo kirchnerista, tan vilipendiado en estos años, es el movimiento político que garantiza que haya paz, haya democracia y haya república en la Argentina; y no sean garantía los republicanos “de pura cepa” que vienen empujando al caos y al desmadre institucional como en el 2001.
Así las cosas, el gobierno democrático es el factor más fuerte y consistente de todos los factores que intervienen en la coyuntura. Es una primera definición para ayudarnos a describir el cuadro de situación real. El Gobierno no es fuerte, como dice la oposición, sólo porque tiene el control del Estado, sino porque tiene políticas que favorecen al conjunto de la sociedad y en particular a los que siempre fueron abandonados por el Estado. Cuando la oposición tuvo el manejo del Estado hasta el 2003 y el control del Congreso en el 2009 y 2010, chocaron en la primera curva. Y la fortaleza, a diferencia de lo que ocurre ahora, estaba muy lejos de la Casa Rosada.
¿Se acuerdan, no?
El gobierno de Cristina tejió un entramado regional, vía Mercosur y la Unasur principalmente, que lo fortalece ante cualquier circunstancia crítica que pretendan crear los que quieren hacer retroceder el país a los años del neoliberalismo.
Por si fuera poco, el Gobierno tiene una masa social que lo sostiene y que se expresa principalmente en las fuerzas del movimiento obrero y en la juventud. Esa masa social no detendrá su dinámica porque se le ocurra a Magnetto ni a Mongo Aurelio. Hay mucha historia que así lo demuestra.
Pero volvamos al principio.
Si la democracia está quebradiza es porque el mundo lo está y porque hay expresiones locales que intentan atarnos a esa fragilidad y volatilidad que azota fuerte, allende nuestras fronteras. Pero dijimos también que seguimos siendo una nación inconclusa. Y una cosa tiene que ver con la otra. Porque lo que se define en estas elecciones, rumbo al 2015, es si la carrera hacia la meta de consolidar un proyecto de nación que nos contenga y que nos garantice la inclusión, la igualdad y la soberanía, la gana el proyecto nacional y popular o la ganan los que quieren volver a privatizar Aerolíneas, YPF, las jubilaciones, el ahorro nacional, y volver a endeudarnos y desenganchar las reservas del Banco Central como quiere el virtual ministro de Economía de Massa, Martín Redrado, para ponerlo a disposición del FMI, de los fondos buitre y vaya a saber de quién más.
Lo que está en juego es muy importante para dejarlo sólo en manos del Gobierno y sus militantes. No se trata de defender una gestión, sino un proyecto de nación donde entramos todos. El 2014 será un año de crecimiento; el presupuesto prevé que vamos a crecer un 6,2 %. El consumo crecerá. El empleo registrado crecerá. La industria crecerá. La ciencia y la técnica y la educación crecerán.
La opción es dramática y sencilla: O seguimos creciendo o volvemos a caer.