lunes, 26 de agosto de 2013

La lección del Gaucho Rivero


El 26 de agosto de 1833 amaneció más frío que nunca en las Islas Malvinas. Los gauchos liderados por Antonio Rivero se movieron sigilosamente por los caminitos de Puerto Soledad, según el plan que acordaron días antes. Tomarían la comandancia británica de las Islas y los principales establecimientos del lugar, como el almacén de ramos generales, bajarían del mástil la bandera inglesa, izarían la argentina y darían vivas a la patria esperando que ese grito soberano llegue un día al continente.
A principios de ese año, el 3 de enero para ser más precisos, la corbeta británica Clío había intimado a rendirse al coronel argentino José María Pinedo. Y entonces Pinedo reunió a los criollos y les dijo que no tenía fuerzas suficientes para resistir el ataque colonialista de la flota inglesa, formada por la Clío y otro buque de guerra más adentro del mar.
El oficial argentino se rendiría así nomás, sin disparar un solo tiro y regresaría de inmediato a Buenos Aires. Los gauchos murmuraban por lo bajo haciendo notar su descontento. Pinedo les ofreció volver a bordo de la Sarandí con él. Los gauchos se negaron. Rivero dijo que su patria estaba allí, en Malvinas y que ofrecían sus vidas para defenderla. “Cuente con nosotros, coronel”.
Pero la formación profesional de Pinedo le hacía definir que la relación de fuerzas entre ambos bandos, el inglés y el argentino, favorecían claramente al inglés.
“¿Y la patria?” preguntó Rivero. Y se quedó al frente de sus gauchos.
Nunca nos enseñaron que durante todo ese año de 1833 y hasta el 18 de marzo de 1834, un puñado de gauchos aguantó los trapos allá en Malvinas.
Del 3 de enero al 26 de agosto, el día de la revolución de Rivero, en Malvinas flamearon ambos pabellones, el inglés y el argentino. Era un poder dual el que mandaba en las Islas. Pero ese equilibrio,  inestable como todo equilibrio, se rompió un día como hoy de 1833: sólo flameó en adelante la bandera argentina.
¿Saben quién lo testimonió?: el naturalista inglés Charles Darwin, que cuando llegó en marzo de 1833 no pudo evitar que su dibujante oficial, Conrad Martens, retratara nuestra enseña patria flameando en Malvinas.
Darwin cuenta que fue cordialmente invitado a comer un asado con cuero con los gauchos.
Gloria y honor al Gaucho Rivero y a los patriotas de Malvinas. En este día y siempre.
La Academia de Historia registró el hecho histórico. Pero aclarando que eran gauchos matreros, ladrones, asesinos, ladinos y corruptos a los que sólo motivaba la ambición del oro y el dinero.
El 18 de marzo las tropas inglesas derrotaron a Rivero.
Se dice que murió peleando en el Combate de la Vuelta de Obligado.
Perdió una batalla, pero construyó la historia.

El Argentino, lunes 26 de agosto de 2013