viernes, 31 de mayo de 2013

Al que le quepa el sayo que se lo ponga




Sucedió en Lomas de Zamora.
Recibían la visita de la Presidenta y era la ocasión de escucharla y de escucharse entre todos los que allí estaban.
Y entre los que miraban el acto por TV.    
El Intendente Martín Insaurralde estremeció con su historia de vida. Haber peleado con una enfermedad que parecía terminal, se parece a la pelea que afronta día a día junto a los vecinos para transformar, con inclusión y justicia, ese lugar del conurbano. 
Y habló de una revolución hecha de amor y de obra pública, de amor y viviendas, de amor y caminos, de amor y mejor calidad de vida.
La revolución es una fiesta cuando se la vive de este modo.
La Presidenta inauguró el Sistema de Seguridad Integral y se comunicó a distancia con Entre Ríos, Quilmes y el Camino de la Ribera.
Si estas actividades presidenciales y territoriales se mostraran con pantalla partida, mirando a Europa y a la oposición, apreciaríamos mejor el país que vivimos.
De un lado, la Argentina con el empleo formal en la construcción subiendo el 2,1 % en marzo con relación al mes anterior, con un total de puestos registrados de 394.852 personas y con la generación de más empleo privado durante el primer trimestre. 
Del otro, la vieja Europa aumentando el desempleo a 3 millones de personas en Francia, cerrando hospitales, escuelas y ramales ferroviarios en España, incendiando la periferia de Suecia y los profetas de la desesperanza repitiendo aquí como loros todo lo que dicen los medios corporativos.  
Volvamos a Lomas.    
De pronto fue como si un aguacero cayera del discurso presidencial.
Fue cuando Cristina exclamó: “Me llama la atención que haya dirigentes intocables a los que los grandes medios corporativos no los tocan, tal vez porque tengan intereses también”.  
Y siguió: “Soy  argentina y siempre voy a defender a la gente, pese a que cuando dicen cosas de mí y de mi compañero algunos dirigentes miran para otro lado”.
El Gobernador Scioli la miraba distante. El Intendente Insaurralde, en cambio, aplaudía emocionado.
“Siempre es más cómodo decir palabras de ocasión, quedar bien con todos y tener un millón de amigos. Gobernar para el pueblo no es fácil. Después vienen las peores difamaciones, ataques y mentiras” subrayó Cristina por si alguien no entendía. 
Después de criticar la inacción de aquellos dirigentes que frente a las angustias de la gente sólo buscan quedar bien con todos, Cristina afirmó: “Nosotros no nos pasamos hablando del acuerdo y del consenso, nosotros construimos el consenso”.
O sea. La revolución dijo sus verdades y un pueblo la abrazó efusivamente.     
Más de un dirigente habrá puesto sus barbas en remojo.
Y al que le quepa el sayo, que se lo ponga.

El Argentino, viernes 31 de mayo de 2013