domingo, 26 de mayo de 2013

Óleo de mujer con pueblo



Y la Plaza de Mayo habló. Y cantó. Y lloró. Y bailó. Como en las grandes ocasiones de la historia argentina.
La Plaza fue, como en 1810, la Plaza de la Victoria. Sólo que esta vez tuvo una doble trascendencia: el que se movilizó es un pueblo unido, solidario y organizado que celebró   sus primeros diez años de gobierno nacional y popular y va por más.
Además, es un pueblo que para festejar como lo hizo, tuvo que superar el asco que provocan estos días de golpismo mediático.
Son señales más que claras para afirmar que el proceso político argentino finalmente decantó.    
No fue nada fácil. Tuvieron que pasar diez años para que la derecha se muestre tal como es y para que el campo popular reconstruya su andamiaje político, territorial y cultural con un solo liderazgo, el de Cristina Fernández de Kirchner.
Basta recordar el país de antaño con sus grises, claros y oscuros, con sus campos minados, con su hojarasca inútil, con su voz de mando en la trastienda, con esa cantinela admonitoria de “si lo dice Clarín”, para darse cuenta que ahora son millones los compatriotas que saben por dónde pasa la vida y el futuro y por dónde el pasado más sombrío.
Suena raro quizá, pero la política se ha ordenado.
De un lado, Clarín y los sabuesos de la nada.
Del otro, el proyecto nacional, popular y democrático.
Estamos pronto a llegar a una nueva línea de largada.
Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias en agosto y, a renglón seguido, las elecciones generales para legisladores en octubre.
En los próximos cinco meses se definen muchas cosas para bien o para mal de todos. O de muchos. O de algunos.
Y entramos ya en tiempo de descuento.
El modelo kirchnerista, dicho así para abreviar, ha cumplido diez años en el gobierno. Y ha ganado cuotas importantes de poder. La vieja disquisición entre gobierno y poder tendrá seguramente validez teórica y práctica, pero la cualidad de este tramo de la historia está expresada en que primero Néstor Kirchner y después Cristina, no se conformaron con tan sólo gestionar y administrar un mandato de gobierno, sino con recuperar porciones de poder y hegemonía para el pueblo, como las supo tener en el primer peronismo.
No andemos con más vueltas. Cuando se recuperó YPF, Aerolíneas, el ahorro nacional incautado por las ex AFJP, cuando se le dijo no al ALCA y al FMI, cuando se empoderó a los sectores más humildes con derechos nuevos y derechos reparados, en verdad se estaban construyendo espacios de poder para la sociedad, disputándoselos a los que en nombre del “mercado” se habían quedado con el pan y con la torta desde la dictadura cívico militar y de ahí en más.
Magnetto nunca hubiese querido estar en el lugar donde hoy está parado. Operaba mejor cuando hablaba en nombre de “la gente”, cuando no se sabía mucho del origen espurio de Papel Prensa, cuando eran otros los que lo representaban en el escenario, cuando Clarín era la biblia y TN la potente luz que iluminaba el alma colectiva de los argentinos.
Y sin embargo, ay, mira lo que quedó, como reza el tango.
Cuando el poder exponía a través de Bernardo Neustadt, recién salidos de la dictadura, un abanico de estrellas rutilantes en el campo de la joven democracia se anotaba para sacarla a bailar a Doña Rosa. Y Neustadt sonreía mientras organizaba el juego de la silla como mejor le placía a “las empresas a las que les interesaba el país”.   
El Grupo Clarín tomó y amplificó esa tradición de la derecha mediática. Tenía fierros más que poderosos cuando se consolidó como monopolio. Pero vinieron los Kirchner y le desbarataron el juego.
Aquel “¿Qué te pasa Clarín, estás nervioso?” es a Magnetto lo que a los genocidas de la derecha blindada fue que bajaran sus cuadros.  
Estamos intentando evitar la tentación de recurrir a cifras y estadísticas que demuestran científicamente que esta es una década ganada en todos los terrenos, para conceptualizar en cambio, el salto cualitativo y cuantitativo que los argentinos dimos en estos años.
Dijimos que la derecha quedó desnuda sobre el escenario. La represión al Hospital Borda es una ecografía personal de Macri, así como la invitación al indulto de los genocidas es la calvicie real de José Manuel De la Sota. Ellos son eso. Ellos son el endeudamiento y el regreso a la dependencia del FMI que reclaman los opositores en cumplimiento del mandato del poder económico concentrado.
Quedaron todos atrapados en la misma logia.  
Hermes Binner, el que hubiese votado por Capriles en Venezuela, es apenas la raya engominada y perfumada de esa opción de derecha. De los radicales no queda ni el aliento, salvando la honradez de los pocos discípulos que le quedan a Irigoyen, a Lebensohn, a Illia, a Alfonsín el padre, a Karakachoff.   
Otros opositores pasaron de la hora de los hornos a estar en el horno con Carrió.
Sólitos se la buscaron.
Con este patético cuadro de situación opositora, el proyecto de país que lidera Cristina se encuentra cara a cara con los verdaderos enemigos de los intereses nacionales y populares. Son los que empujan para que el kirchnerismo agote su cantera electoral y se sienta obligado a retroceder en el ring de la batalla por la historia grande de este pueblo que somos.
Es lindo decir que se batalla y se milita no en contra de nadie sino a favor de todos.
Pero no.
Contra los que suben los precios y asustan con sus campañas infundadas de cada domingo con Lanata, se batalla.
Contra los que quieren que el país se vuelva a hincar de rodillas ante los poderosos de afuera y de adentro, se batalla.
Democráticamente y en paz, pero se batalla.
Esta Plaza de Mayo de ayer es un nuevo punto de inflexión.
Allí comienza el camino hacia la segunda década, a punto caramelo de ser ganada como la primera.
Si esos adversarios no dudaron en meterse hasta con los caniches de Cristina, como dijo Oscar Parrilli hace unos días, sabrán ahora que esa mujer, la Compañera, la Presidenta, tiene a  su lado un pueblo movilizado que tampoco duda a la hora de disputar y defender  la hegemonía política y cultural que alguna vez le robaron.

Miradas al Sur, domingo 26 de mayo de 2013