domingo, 12 de mayo de 2013

En la Argentina se está debatiendo y disputando poder




Una democracia está viva sólo cuando disputa la hegemonía cultural de la sociedad.
Si no es así, está colonizada y parasitada por las corporaciones.
Que nadie se haga el distraído: en la Argentina hoy se está lidiando por el perfil productivo y  el vuelo cultural que tendrá el país de acá a cien años. Y eso es disputa de poder.
Se está definiendo si en el futuro mediato habrá o no escenarios para nuevos golpes de mercado y nuevos golpes de estado.
Se está debatiendo si el Estado seguirá o no garantizando políticas universales y que lejos de cualquier falso neutralismo, se conciba como expresión democrática y vital de las mayorías populares. 
Nos remitimos, para no abundar, al galope con que la nueva época viene signando esta coyuntura.
El kirchnerismo demuestra desde hace diez años que el país seguirá creciendo mientras sea capaz  de garantizar  y producir su propia víspera. Corre la misma suerte que todos los movimientos políticos que sostienen a los gobiernos populares en América Latina. Y decimos bien: corre, porque a diferencia de los opositores que serpentean mirando hacia atrás, el kirchnerismo corre con la vista puesta en el futuro.
En la semana que pasó fue posible advertir, para propios y extraños, que el gobierno y su correlato legislativo constituyen un bloque macizo y casi pétreo cuando se defienden, pero dúctil y creativo cuando pasan a la ofensiva. Y eso es un proyecto político.
Lejos de enamorarse de sus propios instrumentos, adopta los que sean necesarios para defender y profundizar su modelo. La única condición innegociable es,  justamente,  la defensa del modelo.
Hoy preferimos empezar así,  poniéndole un marco al análisis, con el único fin de compartir una mirada que nos ayude a entender  el cuadro semanal.
El kirchnerismo organizó el acto en el estadio de All Boys con el Presidente venezolano Nicolás Maduro, como corolario del encuentro político institucional que éste mantuvo con nuestra Presidenta. Allí está la voluntad política de ligar el destino de Argentina a la Patria Grande. Por eso, cuando Maduro se declaró militante peronista y kirchnerista venezolano, estaba sellando la unidad histórica y estratégica entre nuestros pueblos. 
De paso, hay que decirlo, estaba denunciando el uso que hacen de Chávez y el chavismo las minorías extraviadas que en nombre de  “la izquierda”  alimentan la barriga ociosa de la derecha. 
Y al que le quepa el sayo, que se lo ponga.
El kirchnerismo logró que el Congreso Nacional aprobara la democratización de la Justicia. Y no se detuvo el pulso de nadie. No se incendiaron las praderas. No se destruyó el planeta ni nada que se parezca a las catástrofes anunciadas por la oposición si esto llegara a ocurrir.  Y ocurrió.
Como ocurrió la extinción de las AFJP y después la vida creció más vigorosa todavía.
Es un proceso semejante al que explica la aparición de una mayor diversidad biológica después de la extinción de los dinosaurios.
Un llamado a  los perezosos: este es el comienzo de una nueva era en el campo de la justicia. La llama  está encendida, pero la pava recién se está calentando. Que nadie crea que esto es el final de la reforma judicial. Es el comienzo. Es la víspera de lo que está por venir. Se cierra un ciclo de la historia y se empieza a abrir otro nuevo. Los magistrados lo saben o lo intuyen.
Los ciudadanos de a pie, también.
Y ahora vamos al meollo de este asunto del poder.
La trepada delictiva del dólar ilegal es un desafío del viejo poder económico contra el  sistema democrático. Monopolio mediático  mediante. No debería verse esta cuestión como un problema de mera especulación económica y financiera. Es un nuevo intento de golpe de mercado. Es, en consecuencia, la expresión inicial de los golpes modernos. Si acertaran con el cross a la mandíbula del proyecto de país que lidera Cristina, todo se desmoronaría más temprano que tarde. En el imaginario de los golpistas, con una hipotética devaluación lograrían herir de muerte al modelo de crecimiento industrial con inclusión social para después ir por una victoria política en las próximas elecciones. Y  colorín, colorado.
Pero desde hace 10 años tienen un problema que antes no  tenían: el kirchnerismo no se rinde nunca. Podrá perder, pero perderá con las botas puestas. Y esas botas son los 5 millones de empleos recuperados, la unidad latinoamericana, la Asignación Universal por Hijo, PROCREAR y Argentina Trabaja, el presupuesto educativo, la política de Derechos Humanos, el Futbol para todos. Hay miles y miles de pares de botas por las que jugarse la vida.
El kirchnerismo es lo que demostró ser en la derrota, quizá más que en las victorias que siempre son volátiles.
La misma noche de la derrota electoral bonaerense en el 2009, Kirchner marcó el camino cuando señaló: “el pueblo en las urnas nos dio un claro mensaje para que profundicemos el modelo nacional y popular”.
Chupate esa mandarina.
De este lado de la vida hay un solo proyecto, un solo liderazgo que es Cristina, un amplio movimiento popular rico en su diversidad, una experiencia de gestión de gobierno que se muestra exitosa y una incansable voluntad de cambio. 
Quizá por eso haya tanta militancia joven en el kirchnerismo y sean los jóvenes de La Cámpora el enemigo público N°1 de la derecha.
Quizás por eso la oposición y  sus  intelectuales iluminados por las cámaras de Magneto, estén desconcertados y perdidos como están. Como si no entendieran lo que viene pasando.
Sería de  mucha utilidad exhibir  en las escuelas y universidades, en el club del barrio, en las plazas del pueblo, la filmación del debate en el Senado esta semana.
Los senadores opositores haciendo de las tapas de Clarín y el humor de Lanata, su argumento político, versus, el equipo económico del gobierno nacional y los legisladores kirchneristas defendiendo el modelo.
De un lado el viejo país colonizado y del otro, el nuevo país de la esperanza.
El viento de la historia nos acaricia el alma. Y hay que saber disfrutarlo.

Miradas al Sur, domingo 12 de mayo de 2013