domingo, 2 de junio de 2013

Los dos nuevos paradigmas de la década ganada



Enunciar un paradigma puede parecerse a enunciar una consigna.
Pero es algo más que una consigna.
Un paradigma resume y expresa una etapa que se va y al mismo tiempo abre las puertas  de una nueva época.
Un paradigma traza líneas sobre el horizonte, compone una sinfonía de voces y construye en simultáneo una hoja de ruta.
Un paradigma es un retazo de la vida y es la vida misma.
Sería imposible acuñar como paradigma una consigna vacía y abstracta y que no se brinde generosa como la Cruz del Sur señalando el camino en medio de la noche.
Si hablamos de paradigmas es por que son enunciados comprobables y universales en su alcance y en su profundidad.
Nacen de una voluntad política y culturalmente organizada, pero se convierten en paradigmas cuando impactan de lleno sobre el pensamiento y el corazón del conjunto social que, lo sepa o no, construye, deconstruye y vuelve a construir su propia historia. 
Casi sin darnos cuenta, este pueblo que somos construyó en estos diez años últimos, dos nuevos paradigmas.  
La década ganada terminó el 25 de Mayo último pasado.
La década a ganar comenzó esa misma noche.   
Pues bien, la multitud presente en tan magno acto patrio; las 700 mil personas que cubrieron la Plaza y sus alrededores, 20 cuadras a la redonda; el silencio casi religioso de ese pueblo escuchando a la Presidenta en su discurso; la masividad desbordante de ciudadanos que concurrieron autoconvocados para vivir ese momento sublime en que la historia consuma una comunión que otorga pocas veces: el encuentro amoroso entre un líder y su pueblo; la inmensa mayoría de ellos trasladados hasta allí por su propia cuenta y riesgo, conviviendo armoniosamente con las columnas organizadas de la militancia política-social; todo este conjunto nacional y popular es el que construyó junto a Cristina los dos nuevos paradigmas.
“Tenemos patria” es el primero de ellos.
Imaginemos un instante haber dicho lo mismo en una mesa cualquiera, diez años atrás. Daríamos motivo a la chanza y al desprecio y a la condena intelectual por pecar de románticos y voluntaristas en un suelo infértil.
Por eso mismo, si hoy la frase se convierte en paradigma es porque con Néstor Kirchner primero y luego con Cristina, se construyeron los cimientos y las primeras paredes que certifican innegablemente que ahora sí, tenemos patria. Es decir, tenemos Estado con memoria, verdad y justicia, tenemos escuelas y universidades, hospitales y caminos, tenemos unidad latinoamericana, tenemos más trabajo, más inclusión social y recuperamos, también sin darnos cuenta, el sentido de futuro. Desde que volvimos a tener patria, en cada hogar argentino se tejen planes para un mejor futuro familiar.
¿O no es ahora que planificamos con meses de anticipación nuestras próximas  vacaciones y la carrera universitaria que seguirán nuestros hijos, para poner un ejemplo vivencial y extendido como nunca antes?      
“La patria es el otro” es el segundo paradigma construido.
Tuvimos que reconstruir, primero, el sentido de pertenencia a una nación y a un pueblo para poder compartir, después, sin dobleces ni egoísmos ese mismo sentido con el otro.
Cuando la dictadura y el neoliberalismo nos robaron la patria, sólo compartíamos la resistencia y los sueños de volver algún día a recuperar lo robado.
Y si esto fue logrado es porque se produjo un salto en el nivel de conciencia social y del espacio que gobierna la Argentina y la mayoría de los países de la región; ese salto se expresa en que ningún sector popular se pretende adueñar de lo construido hasta aquí.
No tenemos, en este marco, una “patria kirchnerista”, sino una patria de todos y de todas.
Quizá la historia diga alguna vez que la Plaza de Mayo desbordó, porque hubo un pueblo que salió a celebrar su década ganada y estos nuevos paradigmas. Y quizás diga también que ese pueblo advirtió, por memoria histórica, que si no sale a la calle y no se organiza, un tornado golpista puede barrer del suelo todo lo construido en estos años con tanto sacrificio.
Por eso este 25 de Mayo fue una nueva bisagra de la historia.
Comenzó una nueva etapa signada por la defensa y la profundización del proyecto de país que nos gobierna y por la conciencia de saber que hoy son millones los argentinos que participan en la tarea, más allá de cualquier aparato sectorial.  
Este nuevo tramo histórico, creemos, se desarrollará en tres planos principales: la democratización de la justicia, la plena vigencia de la ley de medios y la consolidación de la unidad nacional, popular y democrática.
Este último plano implicará la profundización de la unidad entre el pueblo y sus fuerzas armadas, inaugurando un nuevo perfil de la democracia participativa. La experiencia vivida en La Plata por la militancia de Unidos y Organizados y las tropas militares apostadas solidariamente allí, fue un adelanto de este nuevo perfil.
El otro adelanto es el nombramiento de Agustín Rossi al frente del Ministerio de Defensa.
Antes que se escriba en ningún papel de gestión o debates que resultan a la larga, bizantinos, lo que se vuelve a demostrar es que la institucionalización de este proyecto de país, se expresa de modos muy concretos, como los aquí señalados.  
Los tanques ya no salen ni saldrán a las calles para reprimir, sino para transportar alimentos y ayuda a pobladores afectados por alguna catástrofe natural o construir un dique o un camino o un barrio de casas populares.
La democracia cuanto más participativa es, requiere de más poder popular.   
Por último: si tenemos patria es porque Néstor y Cristina supieron dirigir y liderar una nueva épica y una nueva gesta histórica. No sólo una gestión de gobierno.   
Por eso se entiende el cansancio de la Presidenta cuando reniega de los testaferros de la desesperanza.
Ellos, tan colonizados. Nosotros, tan Juana Azurduy.
Ya deberían saber que sólo un pueblo en armas pudo cruzar ríos y montañas cuando nacía la Patria. Y que el kirchnerismo, hoy, le pese a quien le pese, es la continuidad histórica de ese mismo pueblo.

Miradas al Sur, domingo 2 de junio de 2013