miércoles, 29 de mayo de 2013

Mil novecientos setenta y seis



El diario La Nación, fundado en 1870 por Bartolomé Mitre, actuó siempre en cumplimiento de un deber original: ser el guardaespaldas de la vieja oligarquía terrateniente.
Celebremos, porque ahora derrama ríos de tintas combatiendo a sus enemigos en plena democracia, pero supo festejar los ríos de sangre derramados en nombre de la “civilización” contra la “barbarie”.
Que lo cuente sino el pueblo paraguayo y el genocidio que sufrió con la Guerra de la Triple Alianza al mando de Mitre.
Que lo cuente el Chacho Peñaloza y las montoneras gauchas, pasados a degüello por los coroneles de Mitre por defender la patria federal de sus desvelos.
Que lo digan los centenares de niños, hombres y mujeres bombardeados en 1955 en Plaza de Mayo.  
Que lo digan los desaparecidos y asesinados por la dictadura cívico militar desde el 24 de marzo de 1976.
Todas las tragedias que padeció nuestro pueblo, fueron bendecidas por el diario La Nación.
Y sino que lo diga su actual director, el último de los Mitre, cuando ofendió a la Presidenta, a la democracia y a los argentinos en un reportaje de la revista brasileña Veja el pasado año, diciendo entre otras infamias: “Esencialmente, vivimos en una dictadura de los votos. Es la peor de todas…Es un panorama sombrío. Nunca habíamos pasado por algo parecido”. Y agregó: Argentina no es más un país culto…Es un país con una elite que piensa de una manera y una clase baja que no se informa, no escucha, no toma conciencia y sigue a la presidente. Cuanto menos cultura, más votos Cristina consigue”.
Es el mismo diario que saludó a la dictadura de Videla, Massera, Agosti y que en su portada del 8 de agosto de 1976, cuando aquí se masacraba, se torturaba y se desaparecía a miles de personas, La Nación titulaba: “Una imagen falsa de la Argentina. En Europa se desarrolla una campaña que deteriora el prestigio de nuestro país” firmado por Luis María Bello, corresponsal del diario en París.
Ese artículo comienza así: “La Argentina tiene mala prensa en Europa. Entonces, nada es más urgente que una remodelación que la imagen ofrecida en el extranjero. Se está pagando una pesada hipoteca: tres años de gobierno peronista han sido tres años de descrédito acumulativo”.
A los Mitre les dolía el peronismo, no el gobierno de Isabel. 
Los argentinos aprendimos, pese al diario La Nación, que el peor de los gobiernos democráticos siempre será mejor que cualquier dictadura. 
Ese mitrismo cargado de odio y resentimiento es el que hoy vuelve a la carga con la banalización del Holocausto y comparando nuestra democracia con el régimen nazi.
El pasado los condena.
Que lo sepan de una vez: al país violento del mitrismo no volvemos nunca más.

El Argentino, miércoles 29 de mayo de 2013