domingo, 1 de diciembre de 2013

Para que los pibes no dejen de cantar




Entre aquel helicóptero blanco sobrevolando una Plaza de Mayo ensangrentada, a esta Casa Rosada llena de pibes cantando, hay la misma distancia que entre aquel Estado represor y en beneficio de unos pocos, a la reconstrucción actual de YPF y la construcción de viviendas del Plan Procrear.
O sea: hay una distancia enorme.   
Lejos de dormirse en los laureles, este nuevo país merece una mirada introspectiva y profunda sobre un momento donde, como bien apunta Carlos Zannini, “hacen falta más predicadores que candidatos”. 
Y quizá el mejor predicador sea el que da la buena nueva de cada día, pero también advierte las acechanzas que caen del infierno del que venimos todos. A ese predicador colectivo habría que apuntalar en estos tiempos que vienen, tiempos donde no habrá siesta ni sosiego.
En los próximos dos años se define la consolidación histórica del modelo de Estado reparador y transformador que impulsó Néstor Kirchner desde el 2003 y profundizó en este último tramo Cristina Fernández de Kirchner.
Para ser más precisos: no se define la suerte de un gobierno ni de una fuerza política. Se define el destino mediato de los argentinos.
El modelo de acumulación y desarrollo vigente deberá salir airoso de las duras batallas que le esperan en la vieja disputa con el poder dominante.
Si el mundo está cambiando, Argentina no puede ni debe estar ausente.
Cuando se dice que la política ha vuelto, se dice entre otras cosas, que el Estado ha vuelto para las mayorías. La participación política en distintos sectores de la vida social tendrá que ser la infantería de un  Estado reformateado después de la gran crisis provocada por el neoliberalismo en el 2001.  
Sin participación política no hay Estado reparador. Y viceversa.
Para tener una visión ajustada a la verdad histórica tendríamos que ejercitar más a menudo la mirada larga de la historia. Sólo en ese contexto es posible entender los cambios operados en las napas más profundas del Estado, o si se prefiere, de la sociedad argentina.
La vuelta del Estado lo explica todo. O una buena parte del todo. La vuelta de YPF y Aerolíneas. La vuelta de los derechos sociales para las mayorías populares y los nuevos derechos para las minorías antes discriminadas. La vuelta del derecho a la vivienda, a la salud, a la educación y a una vejez más digna. La progresiva vuelta de los ferrocarriles y las vías navegables. La defensa de los derechos humanos.
Podríamos seguir enumerando logros hasta el final de la nota. Pero con estos alcanza para expresar la idea que venimos apuntando.
No es un camino sin escollos; la sociedad lleva marcada en su espalda el devenir de estos años.
Sabe que del otro lado de este avance social se atrincheran los sectores que pierden impunidad y  privilegios con la vuelta del Estado.
Habría que empezar por mencionar la resistencia anti estatal más dramática de estos tiempos y que es la que sucede en Rosario con las bandas criminales del narcotráfico. Esas bandas corroen la idea de un Estado sustentable, desde adentro y desde afuera de él. Los jefes policiales incriminados y presos son la prueba del alcance de estas bandas. Los presuntos saqueos a supermercados, los asesinatos callejeros  y los enclaves territoriales que en apariencia se consolidaron en las zonas  más vulnerables de la ciudad,  son la forma más nítida y violenta de esta fuerza de choque anti estado.
No pasarán así nomás. Es de esperar, por el bien de todos, que el gobierno provincial de Santa Fe, apoyado por las fuerzas del gobierno nacional, esté a la altura de las circunstancias para actuar con mano de acero contra el narcotráfico y con mano de terciopelo con los sectores populares que precisan del Estado para reparar las injusticias que aún  perduran en las barriadas más humildes.
Hoy por hoy, a nivel nacional, esta situación configura un problema grave, aunque no el principal. Pero la potencialidad del poder de fuego del narcotráfico en la región y el mundo, hace que debamos tener la guardia en alto para combatirlos con la organización estatal y la participación popular. 
La contradicción principal sigue pasando por el enfrentamiento entre la democracia y las corporaciones mediáticas que incansablemente operan para desandar el camino construido en estos años. Operan bombardeando con el desánimo permanente, apoyados en capas importantes del poder judicial. Ellos expresan hoy el poder dominante durante más de un siglo.
Ya que estamos: ¿Por qué el juez a cargo de la causa Papel Prensa no citó aún a indagatoria a los acusados de haber participado en semejante delito de lesa humanidad, es decir, a Ernestina Herrera de Noble, Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre? ¿No son suficientes las pruebas reunidas en estos años? ¿Ni siquiera sirven las actas encontradas en los archivos secretos de la dictadura? 
A ese grupo empresarial que en los años del terrorismo de estado se asoció a la dictadura de Videla, Massera y Agosti, le deberían aplicar las generales de la ley. Ni más ni menos. Y esto va mucho más allá del cumplimiento de la ley de medios.
Para no retroceder jamás, habrá que definir que la expropiación de YPF, la AUH, el Procrear, Aerolíneas Argentinas, la TV Pública, Encuentro y Paka-Paka, la movilidad jubilatoria, la recuperación del ahorro de los trabajadores, por decir algunas de las conquistas de estos años, son políticas de Estado y componen los pilares sólidos de una nueva cultura nacional, popular y democrática.
Que algunos medios europeos y de los EE.UU. hablen hoy con admiración de nuestra Presidenta y del proyecto de país que ella conduce, habla de la ruptura del cerco mediático que el poder impuso en estos años.
Y aunque mañana puedan decir lo contrario si lo decidieran, lo que no pueden hoy ni mañana es impedir la voluntad de cambiar la vida de una vez y para siempre, si así nos proponemos como sociedad. 
Esa voluntad es la que habrá que organizar y hacer crecer para que nunca más los pibes dejen de cantar sus consignas en las plazas y en los patios internos de la Casa de Gobierno.  

Miradas al Sur, domingo 1 de diciembre de 2013