lunes, 16 de diciembre de 2013

Con la Navidad a la vuelta de la esquina



Los diarios tradicionales de ayer domingo,  fueron otra vez  un parte de guerra contra la democracia.
¿Qué otra consideración podría caber ante las tapas y editoriales que se ocupan de seguir desgastando la credibilidad y la fortaleza de las instituciones republicanas al pie de los escombros de la última sedición policial?
Ahora vienen por Cristina. Sepámoslo.
Cuando cruzaba Los Andes durante la guerra patria, el General   San Martín ordenaba a sus Granaderos que no miren hacia abajo, porque abajo estaba el precipicio y el precipicio marea y cunde el miedo y entonces podrían rodar con sus mulas por el angosto despeñadero por donde avanzaban.
“Hay que mirar adelante”, mandaba el Libertador.
A dos siglos de distancia, el precipicio son los medios de comunicación que expresan y son el poder más concentrado.
Conviene no mirarlos. Y si lo hacemos, discutamos en la plaza, en el trabajo, en el barrio, en nuestras casas, con la verdad en las manos frente a las mentiras y desesperanzas que a diario nos disparan desde la azotea de esos grandes medios.
Ellos tienen, como padrinos ideológicos de los que intentan saquear la paz navideña, todo el poder de fuego mediático para inventar una realidad que no es tal.
Nosotros, como parte de este pueblo manso y trabajador, tenemos la necesidad y la obligación de salirles al cruce con la única verdad, que es la realidad que vivimos.
Es la hora de poner a andar todas nuestras convicciones: dentro de la ley, todo; fuera de la ley, nada.
Hace varios años que diciembre es el mes de las pirañas, o sea, de los conspiradores; o sea, de los destituyentes; o sea, de los “mala onda”; o sea, de los saqueadores; o sea, de los que pretenden que se pudra todo para regresar a lo más oscuro del pasado.
Y si lo sabíamos y decíamos ¿por qué sorprendernos entonces con lo que viene sucediendo?
Hay que poner manos a la obra para que no se despeñe la esperanza colectiva de este pueblo que somos. Es la hora de tener certezas en nosotros mismos.
“El que duda, pierde”, sería la consigna de esta hora.
Nos enseña la historia del movimiento nacional y popular que es así. Cuando los desestabilizadores logran su propósito, es porque hicieron mella en nuestras convicciones de querer vivir en paz y en democracia.
Hay 2.000 convenios colectivos de trabajo para discutir civilizadamente. Hay elecciones libres cada dos años para dirimir en democracia. Bajó la desocupación y los niveles de pobreza y hambre como nunca antes. No hay ajuste salvaje contra los trabajadores, jubilados y sectores medios.
Es eso lo que les molesta: un país más justo y soberano.
Que lo vayan sabiendo: hay 40 millones de argentinos dispuestos a defenderlo.


El Argentino,  lunes 16 de diciembre de 2013