domingo, 22 de diciembre de 2013

Desde el alma



Todo sabe a melancolía en estas horas de vísperas navideñas.
Me estalla el alma por aquí, me duele el alma por allá, mi Vieja se murió y no sabré qué decirle cuando lleguen las 12, miraremos a los hijos y su descendencia, le pondremos traje nuevo a la última sonrisa, nos abrazaremos por todo lo que somos y en ese instante pleno de felicidad, porque de eso se trata finalmente, brindaré por Néstor Kirchner y por todos nuestros muertos más queridos, con una sola palabra: “Gracias”.
La revolución  tiene mucho que ver con el alma humana. 
Sin alma no hay revolución posible. Sin alma no habría peronismo. Sin alma no se explica el kirchnerismo. Sin alma, hablo de la pasión, creo que se entiende, no existiría Evita ni el Che ni Mandela ni  Walsh ni Dardo Cabo aterrizando en Malvinas.
Ya es hora de poner las cosas en su justo lugar: La década ganada vale por lo que se reparó, pero vale también,  por lo que se impidió que nos hagan. Y se impidió que nos roben el alma.
No hubiese sido lo mismo esta Argentina, sin Néstor. No hubiese sido lo mismo, sin Cristina. Digámoslo sin pudores. Y que no se entienda esta prosa como un debido homenaje.
Es apenas el murmullo de tantas voces lejanas que reclaman para sí el derecho bien ganado a sentarse en una mesa a la que sienten suya.    
No todo es análisis político económico. No todo es táctica y estrategia. No todo es escribir correctamente. No todo puede entrar en un envase plástico. No todo es negociar y transar. No todo es retroceder y avanzar. Un corazón nacional y popular se sabe con derechos nuevos y quiere celebrarlo a su manera: a puro corazón. Purita su alma. Pura pasión desmesurada cuando llega Nochebuena y Navidad.
Este proyecto de país, desarrollo y crecimiento, crecimiento con inclusión social, o como quieras llamarlo, impidió que el país se siguiera calcinando después del gran incendio del 2001.
Impidió que en América Latina reine el ALCA, mirá lo que te digo. Impidió que nos disolvamos como comunidad que somos. Impidió que se imponga eternamente un gobierno del FMI y las corporaciones del poder financiero. Impidió que haya más pobres, más desocupados, más exiliados, más desdentados por carencia de calcio y de ternura.
Impidió que haya  terreno baldío allí donde hoy se construyen escuelas, hospitales y potreros.
“A mí me la vas a contar”, diría Discepolín.
La lista de impedimentos sería tan interminable como la lista de reparaciones; pero no se trata de ahondar en eso en esta hoja de extraña y radiante melancolía. Además, “yo no sé nada de política, yo siempre fui peronista”, como se lo escuché a mi Viejo en sus tardes de tristeza y resistencia contra la dictadura de “la libertadora”. Después lo puso Favio tan brillantemente en boca del Mono Gatica. Y lo había escrito Soriano y todos supusieron que era su autor original.
Así se escribe la verdadera historia, quien quiera oír que oiga.
Al final, desde el lugar que ocupemos, todos somos compositores de la misma melodía; esa que canta el pueblo en tiempos de derrotas y victorias.
Hablábamos del alma. Y es diciembre en el estribo.
El gobierno, dice el diario, firmó un acuerdo de precios con los empresarios. 
¿Y qué tal si los argentinos hacemos de una buena vez un acuerdo de almas? Es la hora de hacerlo. O la historia de la infamia y de los desalmados nos pasará por delante y por atrás.
Es la hora de afirmar este camino que arrancó mañana. No está mal conjugado. Ya arrancó y es mañana. Un camino repleto de memoria y de historias ejemplares pero que precisa asentarse en un presente que será irreversible si así nos proponemos como pueblo.
Hizo agua por los cuatro costados el plan desestabilizador, dice la calle. Los rumores fueron mecha mojada para los saqueos. Los cortes de energía son de un costo humano inconmensurable, pero no alcanzaron el propósito de apagarlo todo, de cerrar para siempre los comercios, de echar por la borda la paz navideña, de empujar a la desmemoria y la desesperación colectiva.  
Lo tendrían que pensar seriamente si lo vuelven a intentar. No está el horno para bollos. Pero mucho menos lo soportaría un país que ha crecido desde el alma.
Mirar para cuidar, es la consigna de la hora. Mirar los precios para evitar la estafa. Mirar diciembre de 2001 para recordar el muelle de donde partimos. Mirar la tapa del diario con Videla diciendo desde su cárcel  ya infinita: “Nuestro peor momento llegó con los Kirchner”.
Mirar para no olvidar, que de eso se trata cuando hay tanto pajarraco de mal agüero sobrevolando la azotea.
Mirar para alumbrar. Y para alumbrarnos. Y para mirar más lejos. Como miraba Evo y su pueblo el primer satélite boliviano de comunicación surcando el espacio desde China.
Si se quiere elegir una postal de cambio de época, es esa, no lo dude. Bolivia no tiene mar, pero tiene cielo.
Mirar para comprobar que los dinosaurios siguen vivos cada vez que habla el primer ministro inglés y augura que Argentina nunca más volverá a Malvinas. ¿Quiere decir que admite que alguna vez fueron nuestras? Aunque en verdad no importa lo que diga Cameron a esta altura de la historia.
Lo que importa es saber que Malvinas es la parte del alma que nos falta para estar enteros y que estamos cumpliendo el juramento escrito con la sangre del Gaucho Rivero y los héroes de Malvinas.
Lo que importa es que se multiplicaron las viviendas del PROCREAR y ahora el alma del barrio ya no vive a la intemperie.
Lo que importa es YPF nuevamente argentina y que el programa FINES entregó certificados de finalización de estudios a 30 mil compatriotas.
Lo que importa es que volvió Cristina. Y hay que saber decirlo aunque monten en cólera los mentores del saqueo.
Hay mucho para celebrar en estos días. No cuesta tanto darse cuenta con los miles y miles de argentinos que ya están en las costas y las serranías del merecido descanso.
La democracia sirve para eso. 
Y para comer, curar y educar, como decía Alfonsín.
Y para liberarse de las corporaciones, como decía Kirchner.
Sirve para eso  y para tener utopías, como dice Cristina.   
Y para decir “Salú!” a quien te de las ganas.   

Miradas al Sur, domingo 22 de diciembre de 2013