miércoles, 11 de diciembre de 2013

Una Plaza llena de pueblo



 
Suena un piano en Plaza de Mayo y la melancolía de Adiós Nonino, maravillosamente interpretado  por Horacio Lavandera, nos abraza a todos, besa las banderas y saluda a los que van llegando a celebrar  los primeros 30 años de esta Democracia.

La Plaza se llenó de pueblo nuevamente.

Nunca como ahora el aire que se respira es una mezcla de angustia por los muertos más recientes, de bronca contra los alzamientos de la policía y contra los saqueadores que aderezan esos alzamientos y, cubriéndolo todo, como dice el tango: “esas ganas tremendas de llorar que a veces nos anida sin razón”.

Hay mucho dolor sobre el cuero de este pueblo como para no saber por qué cantamos y por qué lloramos.

Las columnas bulliciosas de la juventud tuvieron la palabra final y definitiva: con la democracia no se jode.

Ellos fueron a una ceremonia de compromiso con la vida y por eso festejaban. Fueron a decir que esta democracia no se toca y a jurar con su propio cuerpo, que esta vez es para siempre.

Hubo canciones arriba y abajo del escenario. Hubo abrazos para repartir a destajo. Y hubo un llamado poderoso de los artistas populares: ni un paso atrás frente a los golpistas de nuevo cuño.

Víctor Heredia y Teresa Parodi lo expresaron con la claridad de siempre.

Fue una plaza multicolor. Si los que estimularon y se aprovecharon de la extorsión policial para llenarnos de miedo y hacernos retroceder 30 escalones en las conquistas de la democracia vaciando la histórica Plaza de Mayo, allí tienen la respuesta: la Plaza se llenó de pueblo.  

La derecha más bestial de este país celebró a su manera este 10 de diciembre, dejando sin Estado la seguridad de los ciudadanos.

Y eso se llama golpismo; lo admitan o no, es golpismo.

Por eso la Plaza adquiere un múltiple valor: festejo y compromiso inclaudicable con la democracia.

Y por eso ayer cada uno de los presentes sintió que bajaba un cuadro de la galería del horror que dejó la dictadura.

El Chango Spasiuk lo definió así: “Celebrar no es entretenimiento, celebrar es pensar en voz alta”

En el Museo del Bicentenario, entre tanto, la Presidenta entregaba el premio mayor de los Derechos Humanos, “Azucena Villaflor”, a Joan Manuel Serrat.

“Cristina, tu nombre me sabe a patria”, cantan los muros del pueblo.

Cuando la Presidenta habló, los asuntos de la democracia volvieron a su orden natural: la que manda es la democracia, la que manda es Cristina, la que manda es la Plaza del pueblo.

El mensaje presidencial de ayer será un hito en la historia de estos 30 años.

Abrazó a los justos con una mano y con la otra, condenó a los injustos.

Luego cruzó a la Plaza y la fiesta fue completa.

Si la Plaza está viva, la democracia está garantizada. 


El Argentino, miércoles 11 de diciembre de 2013