martes, 10 de diciembre de 2013

El primer día de la democracia



Hace 30 años nos desprendíamos de la piel sangrienta que nos dejó la dictadura cívico-militar, para empezar a caminar con la nueva piel de la democracia que habíamos recuperado.
El camino empezó el 10 de diciembre de 1983 con la asunción presidencial del doctor Raúl Alfonsín.
Has recorrido un largo camino, muchacha.
¿Pero qué nos pasó desde entonces? ¿En qué cosas avanzamos y en qué cosas no? ¿Qué lecciones nuevas hemos aprendido? ¿Y qué dolores nuevos hemos inaugurado en estos 30 años?
En países como el nuestro, el ejercicio de la democracia es necesariamente un ejercicio épico.  Cuando así no sucede, cuando se baja los brazos, cuando se es apenas una democracia de bajas calorías, los que mandan, de manera contante y sonante, son los poderes corporativos que transitan por afuera de los mecanismos legítimos de la democracia.
Hemos aprendido en estos años que con la democracia es posible comer, educar y curar y soñar  sin dejar las convicciones en la puerta de la Casa Rosada.  
Un corto rato con Alfonsín, primero  y un largo rato que lleva ya 10 años con Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, después, advierten que cuando la democracia se propone seriamente conquistar mayores cuotas de inclusión y justicia social, de soberanía, de libertades cívicas, de reparación de derechos, de unidad latinoamericana, aquellos poderes fácticos vendrán por la democracia una y otra vez para intentar frenar y desandar las conquistas populares.
Es lo que viene sucediendo a lo largo y ancho de nuestro continente.
Mal que les pese a algunos, lo cierto es que a 30 años de recuperada, la democracia se muestra más rebelde y consolidada que nunca. Y se muestra fuerte, joven, decidida, llena de pibes cantando y militando y de otros miles y miles de ciudadanos y ciudadanas decididos a levantar hasta el cielo todas las banderas para que la democracia sea lo que dirá la Plaza hoy cuando empiece la fiesta: esta vez la democracia es para siempre.
Ya estamos advertidos que la extorsión policial, los saqueos violentos y la cadena nacional del monopolio mediático como propagadora de la sedición, no quieren que los argentinos celebremos este día los 30 años en paz.
Se tendrán que tapar los oídos, pero habrá fiesta igual.
Nos merecemos vivir  y disfrutar este cumpleaños como lo que somos: una democracia que ha cumplido su mayoría de edad.
Habrá que defender la paz, no la de los cementerios, sino esta paz del Hambre Cero y de ser el  país de la región con menor pobreza y desigualdad, tal como afirmó la FAO de Naciones Unidas y la CEPAL, también de la ONU,
Que nadie se atreva a secuestrarnos la alegría nuevamente.
Millones de argentinos la sabremos defender.

El Argentino, martes 10 de diciembre de 2013