viernes, 6 de diciembre de 2013

El legado de Nelson Mandela



Ha muerto un gigante, Mandela.
El de la lucha eterna por la libertad de su pueblo.
Mandela, el prisionero. Mandela, el revolucionario. Mandela, el del abrazo eterno con su amigo Fidel Castro. Mandela, el líder negro que afirmó de una vez y para siempre: “La pobreza no es un accidente. Como la esclavitud y el apartheid, es una creación del hombre y puede eliminarse con las acciones de los seres humanos”.
Mandela se queda eternamente en el regazo que la Historia de los hombres sólo reserva a grandes como él.
Es mentira que Mandela perteneciera a todos por igual. Mandela fue un luchador consecuente por la libertad y la justicia social y contra el racismo y la desigualdad.  
Sólo los que luchan contra los poderosos se merecen llorarlo, mientras al mismo tiempo cantan y bailan para despedirlo.
En su memoria vale afirmar que su legado está marcando la huella  de nuestro continente en la última década, la década donde los presidentes se parecen a su pueblo, como dijo Cristina.
Y Mandela fue su pueblo. Mandela es la nación que nos cobija a muchos. La nación de los justos.
Por eso vale contarte, Mandela, en un modesto homenaje a tu memoria, que desde la CEPAL y la FAO, ambos organismos de las Naciones Unidas, acaban de definir, respectivamente, que “La Argentina es el país con menor pobreza en la región” y que “La Argentina erradicó el hambre y alcanzó la meta del Hambre Cero”.
Este es el mejor homenaje que los argentinos podemos hacer en este día  a  Mandela. Y quizá el único homenaje que su memoria merece. La hipocresía no tiene nada que ver con el líder que se está yendo. Mandela peleó de frente arriesgando la vida una y mil veces contra los injustos.
Entre el poder y su pueblo, nunca fue neutral. Siempre optó por su pueblo.
En su visita a Londres, en 2005, frente a la multitud que lo escuchaba, arrancó diciendo entre carcajadas: “Como saben, recientemente anuncié mi retirada de la vida pública, así que no debería estar aquí”. Sonrió y luego agregó: “Sin embargo, mientras la pobreza, la injusticia y la desigualdad persistan en el mundo, ninguno de nosotros puede realmente descansar”.
Ese era Mandela. El que no dejó de pensar ni un instante en las causas justas que dignifican la vida de los pueblos.
Si una buena parte del mundo está en la cuerda floja por su crisis.
Si el negocio de la droga y el armamentismo parecen llevarse todo por delante. Si persisten gobernantes, empresarios y políticos que pactan con el hambre de su pueblo.
Si se reprime a los pobres… los que heredamos las mismas convicciones de Mandela, tenemos el derecho y el deber de pelear en su nombre para poder llevarlo así, igual que a Evita, como bandera universal a la victoria.  

El Argentino, viernes 6  de diciembre de 2013