domingo, 8 de diciembre de 2013

La democracia ahora es para siempre



Abordar un ensayo sobre lo ocurrido en Córdoba, es tomarse el tiempo necesario para abordar la Argentina en su totalidad.
Y es saber leer a tiempo la sedición policiaca agitada y editada por la televisión.   
A 30 años de recuperada, la democracia ya no se enfrenta con “carapintadas”, sino con levantamientos antidemocráticos y antisociales de una policía televisada.
“El monopolio mediático estrena nuevo elenco uniformado”, dirían los afiches de propaganda.  
“La democracia ahora es para siempre”, responden los muros populares que convocan a la Plaza.
La policía, como institución, sigue en buena parte atada a los resabios de la dictadura, así como alguna oposición sigue atada a lo que les dicta Clarín.
Atrasan los relojes de una sociedad en camino ascendente, la más igualitaria de la región y llegando al Hambre Cero, según CEPAL y la FAO, respectivamente. 
En este tramo de la historia viajamos todos los argentinos a bordo de la nave. La paz y la inclusión son nuestro norte.  Sepamos defenderlas.
Abordar lo que pasó en estos días supone segmentar, sólo para el análisis, las capas diferentes pero complementarias que protagonizan esta etapa. 
Se pone al desnudo la Argentina real en toda su dimensión y como en la canción de Atahualpa, la nación tira el caballo adelante y gobiernos como el de Córdoba, tiran pa’ atrás.
El modelo político institucional cordobés terminó de gatillar y exponer lo peor de la derecha opositora, con una sociedad fragmentada, astillada, maltratada que arropa como puede al apartado que habita el cordón marginal de la desesperanza; con la policía en sus dos versiones, la que trafica droga y la que se caga de hambre, ambas al fin, con el mandato gubernamental de sostener el entramado injusto de ese pueblo doliente.
El cordobesismo, en este turno largo que lleva gobernando De la Sota, se fue desenganchando por propia voluntad del tiempo federal que el país transita. 
Maradona dijo alguna vez que él entendía que su mayor diferencia con otros jugadores no estaba tanto en la destreza de sus piernas, sino en que él podía “ver” la próxima jugada dos segundos antes que el resto. Maravilloso. El capitán no espera que suceda el incendio para actuar de bombero. Así cualquiera. El buen gobernante prevé el incendio y lo evita y construye el horizonte sobre los escombros que le deja un presente que en dos segundos ya es pasado.
Kirchner, como Cristina, construyeron caminos allí donde no siempre se los reclamaba, porque sobre esa decisión de construir, se impulsan luego las demandas sociales.
En cambio, los gobernantes como De la Sota, actúan sobre una maqueta inmóvil y esa maqueta es la sociedad inmóvil, la democracia inmóvil, la esperanza inmóvil, la vida inmóvil. Cuando alguno de sus tientos corta sus amarras, el orden se subvierte y contra esa situación sólo cabe reprimir.
No fue la Gendarmería nacional la que llegó a destiempo para evitar la furia; fue el gobierno de Córdoba el que faltó a la cita con su pueblo.
Pero la crisis policial, con toda su gravedad, no fue la única explicación de lo sucedido.
En esa noche el apartheid del cordobesismo se quedó sin vigilancia. Y no fueron los “negros de mierda”, los negros de Mandela en la Argentina, los que bajaron de las barriadas para saquearlo todo. Fueron los ciudadanos blancos de toda blancura los que levantaron barricadas de odio y miedo contra el que portaba cara de pibe chorro. Eso tiene un nombre, aquí, en Italia o en Alemania: fascismo. De la Sota lo incubó y se tendrá que hacer cargo de ello.
Los helicópteros que sobrevuelan Córdoba con sus potentes faros no pudieron detectar dónde estaba el violento para reprimirlo, por una sencilla razón: la violencia estaba en ellos y en el modelo de sociedad que vigilan noche y día con sus patrullas y apremios. Levantada la barrera del apartheid por una noche, salió lo peor de la sociedad a saquear, algunos y a moler a palos al negro y al mestizo, otros.  
¿Con qué suceso social se puede contraponer esa noche cordobesa sin custodias? ¿Con la tumultuosa Buenos Aires en las tres noches del Bicentenario? ¿Con la feria multitudinaria de Tecnópolis donde se encuentran millones de porteños y bonaerenses,  jujeños y chaqueños, bolivianos y paraguayos, negros, rubios, colorados, ricos, pobres, curas, rabinos y pastores? 
Hagámoslo, para ver qué sale de semejante contraste.
Una sociedad incluida regida por el amor como categoría política y cultural, da siempre Tecnópolis y Bicentenario.
Una sociedad excluida regida por el odio, la mediocridad, el aislamiento, la represión y el abandono, ocasiona noches como la de esa triste y espantosa noche en la ciudad de Córdoba.
¿Qué hacer entonces? ¿Atender la reforma policial en primer lugar? ¿Superar la situación de calle de los ciudadanos más desamparados de la periferia urbana? ¿Predicar la paz y la justicia social en los pudientes ciudadanos que se atrincheraron para el linchamiento de los no pudientes con los que se cruzan a diario? ¿Prevenir la nueva operación destituyente en formato de sedición y saqueo? ¿O hacerlo todo junto? 
La respuesta la tendrán los cordobeses. Nadie mejor que ellos mismos construyendo una nueva sociedad que, en nombre de Tosco y Atilio López, rompa uno de los tantos apartheid que siguen  en pie.  
Aquietada la furia, toda la pasión y el intelecto tendrán que recorrer el largo camino de retomar  la política como herramienta solidaria para cimentar una provincia inclusiva.  
Lo que se ve en toda su podredumbre y descomposición en Córdoba es un modelo de Estado para pocos. La instancia de su negación y superación sólo vendrá de la mano de otra política que sepa y pueda enganchar  a la provincia con el resto del país que crece en medio de la tormenta  que azota al mundo desde hace años.
La irrupción del Frente para la Victoria, más que un dato electoral, debiera ser un dato cultural.
Porque sólo empoderando al pueblo se podrá ajustar el reloj de la historia con la hora que vive esta nueva Argentina.   
Por todo esto, celebremos juntos en la Plaza nuestros 30 años de democracia.

Miradas al Sur, domingo 8 de diciembre de 2013