jueves, 5 de diciembre de 2013

Cuando anochece en Córdoba


La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner tomó ayer el juramento de rigor a los nuevos funcionarios de su gabinete.
Asumió la ministra de Seguridad, María Cecilia Rodríguez y también el cura Juan Carlos Molina al frente del organismo responsable de la prevención contra la drogadicción.
Pero la atención colectiva estaba lejos del lugar donde se desarrollaba la ceremonia oficial.
Anochecía y pese a saber que Córdoba estaba volviendo de a poco a la normalidad, en una provincia que antes fue incendiada y controlada por el narcotráfico uniformado, la preocupación persistía.
Analicemos lo que allí pasó para aprender en democracia, para no quedarnos en la anécdota y el amarillismo y para crecer desde el profundo dolor que nos provoca esta Córdoba querida.
Algunos dicen que “hay olor a raro” y siembran de misterio el relato de los hechos.  
Asumamos la verdad: la mayoría de los cordobeses eligió el modelo político que les propone De la Sota; lo eligió a él y a sus legisladores. Y De la Sota es el que se ve en Panamá.
Un gobernante que ante el desmadre institucional de su policía, reclamo salarial y narco escándalo mediante, hace las valijas y se va de paseo. Y deja un gobierno que se muestra inepto para resolver semejante crisis.
Córdoba no sufrió un desastre natural; sufrió las consecuencias de las políticas de su propio gobierno.  
Algunos dicen que el gobierno nacional debió actuar de inmediato.  
¿A costa de violar la Constitución Nacional y la ley de Seguridad interior que establecen taxativamente que para intervenir fuerzas federales deben ser solicitadas expresa e institucionalmente por el Estado provincial? 
¿Ahora resulta que los “republicanos” instan al gobierno “populista” a violar la Constitución?
¿Ahora resulta que desde la pantalla de TN responsabilizan al gobierno nacional alineando así a la oposición mediática cuando fueron ellos los que apadrinaron a De la Sota en su proclamado “cordobesismo” de mano dura que dejó en este abandono a los cordobeses?
Y aquí sí nos acercamos al agujero del mate.
Si en este país federal las provincias son soberanas y los ciudadanos eligen libremente a sus gobernantes ¿no será la hora de ajustar federalmente el reloj del tiempo histórico?
Eso se llama empoderar al pueblo. Y se llama crecer juntos y hacerse cargo de lo que elegimos.   
Lo que ocurrió en Córdoba es una muestra fatal de un territorio sin Estado. Se rompen los lazos sociales y la civilización estalla de furia por el aire. Todos contra todos.
El marginal y el fascista alimentados por la derecha que gobierna Córdoba, ganaron las calles a los golpes. Hay que frenarlos ya antes que sigan creciendo.
Córdoba, la heroica, sueña vivir en paz.   

El Argentino, jueves 5 de diciembre de 2013