jueves, 24 de octubre de 2013

La vuelta del Viejo Matías



Juro que escuchaba la más bella canción de Víctor Heredia cuando el ministro Randazzo hizo el anuncio ayer: el ferrocarril Sarmiento será plenamente conducido por el Estado.
Pasajeros incansables de trenes repletos de obreros, embanderados de sueños, de memoria y de futuro, como son los argentinos de buena leche, es imposible no emocionarse con un Estado que le marca la cancha a los injustos.
El Viejo Matías no estará más solo en el andén de Paso del Rey.
El Estado se hizo cargo una vez más de sus responsabilidades en esta circunstancia histórica que vivimos.
Si miráramos al mundo apenas un instante comprobaríamos que el mundo se parece mucho al país que tuvimos antes que llegue Néstor Kirchner en el 2003.
“Ramal que para, ramal que cierra” se decía en los años noventa. Lo mismo que hoy se dice en las privatizaciones que llenan de espanto toda la vieja Europa y niegan la salud pública en los EE.UU.
En la Argentina es al revés.
El ministro Randazzo puso la cara como lo hizo siempre y resolvió del lado de la sociedad, sin importarle las presiones corporativas de burócratas sindicales y empresarios de la plata dulce.   
El calendario dice que apenas faltan tres días para ir a votar.
Y uno está tentado a invocar ese lugar común de los deseos cuando la democracia nos invita a pasar al cuarto oscuro. Es el gesto ciudadano de la buena onda que no distingue entre amigos y adversarios. “Suerte”, nos decimos antes de entrar a emitir el voto. Como si diera igual votar a fulano o a mengano.
¿Sabes que no es así? ¿Sabes que de nuestro voto dependerá si entramos o no en zona de turbulencia o si por el contrario, garantizamos un futuro de amor, de paz y prosperidad?
Si el mundo no estuviera envuelto en llamas como lo está y tuviéramos una oposición responsable, con proyectos iguales o mejores que las que hoy nos gobiernan, uno daría rienda suelta a sus deseos y diría convencidamente: “suerte” al compatriota que va a votar a quien se le da las ganas.   
Pero sería egoísta desearle suerte al que puede optar por volver al pasado y volver a estrellarnos como ya nos pasó en la antigüedad neoliberal.   
La oposición reclama al gobierno de Cristina que la Argentina se inserte a un mundo en llamas. Incendiarían el país si fuese necesario para recuperar los privilegios que perdieron.
Que nuestro voto no sea el combustible que precisan. 
El país ha vuelto a ser el digno sur de San Martín y Bolívar y desde esa pertenencia resuelve sus asuntos.
Lo cierto es que el domingo que viene votamos legisladores.
Una linda ocasión para celebrar nuestros primeros 30 años corridos viviendo en democracia.
Hay que ir a votar en defensa propia.
Nos siguen pegando abajo, Charly.

El Argentino, jueves 24 de octubre de 2013