viernes, 4 de octubre de 2013

La patria es América, Pepe



El presidente del Uruguay, José Pepe Mujica, decidió cortar de un tajo el dialogo que mantenían funcionarios uruguayos y argentinos en torno a la contaminación del río Uruguay provocada por la empresa finlandesa UPM-ex Botnia.
En medio de la conversa fraterna que venían trayendo ambos gobiernos, Mujica sorprendió tirando del mantel de la negociación en marcha. 
¿Por qué lo hizo? ¿Qui lo sá?
Sea por debilidad ante el poder económico, sea por capricho, sea por lo que sea, ninguno de los presidentes que dicen parecerse a sus pueblos tienen el derecho de hacer lo que se les venga en ganas si con una medida así afectan la unidad de nuestros pueblos.
Hay que guardar decoro y respeto a la historia.
Si Mujica no se rectifica, Argentina y Uruguay serán los grandes perdedores. Crecerá la tensión entre ambas orillas, crecerá la desconfianza entre los gobiernos y crecerá la legítima protesta de Gualeguaychú.
La única ganadora será la empresa todopoderosa que contaminará a destajo.
Mirá que negocio que hicieron.
¿Mujica no tomó debida nota de la crisis del capitalismo a nivel global?
¿No se escucha el tic-tac del reloj de la carga explosiva puesta por esa crisis en la capital del imperio y a punto de estallar si entran en default?
¿No se entiende que hay una contraofensiva muy fuerte de la ultraderecha que viene bajando a los tiros desde Washington y llega hasta el sur del continente?
Vale repasar la historia y decir y repetir mil veces si fuera necesario, que las revoluciones americanas del siglo XIX no fueron derrotadas por ninguna invasión que llegó de afuera,  sino por las divisiones de adentro de nuestro propio territorio.
Para dirimir nuestras controversias hay que ir al Mercosur, a la Unasur, a la Celac, pero jamás pedir auxilio a Europa o a los EE.UU. como lo hizo Tabaré Vázquez cuando fue presidente y se preparó para “una guerra”, como afirmó en octubre de 2011.
Ahora volvemos al Tribunal de La Haya obligados por este  gesto hostil y unilateral de Uruguay.
No se merecen nuestros pueblos ni la memoria de Hugo Chávez y de Néstor Kirchner este desplante a la unidad sudamericana.
Y eso es tan grave como doloroso.
En la Argentina también hay dirigentes que van a la embajada de los EE.UU. a injuriar a hombres de la democracia de su propio país.
Sergio Massa injurió y humilló a  Néstor Kirchner ante la embajadora de los EE.UU. De ese lugar ya no se vuelve.
Pero Mujica sí puede volver si se rectifica y busca la unidad que siempre declamó.
La patria es América, Pepe. Que nada ni nadie hiera la unidad de nuestros pueblos.
Y ojalá siga creyendo lo que enseñó Artigas:
“No venderé el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad”.

El Argentino, viernes 5 de octubre de 2013