domingo, 10 de noviembre de 2013

La deconstrucción de la mentira



Dos hechos destinados a reescribir la historia de los argentinos signaron la semana que acaba de transcurrir: 
El reconocimiento de la autoridad del Estado, por parte del Grupo Clarín y el hallazgo de archivos de la dictadura cívico militar. 
Importa mucho la validez o no del plan de adecuación que presentó el monopolio mediático ante el AFSCA.
Importa mucho el peritaje técnico jurídico que sobrevendrá a su debido tiempo.
Importa mucho descubrir si hay engaño o no en la supuesta deconstrucción del poder concentrado de Magnetto y su grupo.
Pero nada importa más que el reconocimiento jurídico, constitucional y definitivo de que el Estado es uno solo y es el que impone las reglas en una sociedad que se precia de ser democrática y republicana. 
Batalla ganada. Pero no concluida. 
El Grupo Clarín, más allá de sus berreos y pataleos, tuvo que sacar número en la mesa de entrada del AFSCA para entregar su plan de adecuación como cualquier hijo de vecino.
Recordar que durante años fueron ellos los que imponían la moral y el orden desde el cuasi Estado que conformaban, brinda la justa medida del enorme paso que el país ha dado.
Hemos entrado de lleno a una nueva etapa en la vida de la República, que será mejor sin dudas, pero llena de acechanzas como hasta ahora.
Se vienen dos años para consolidar esta victoria de la democracia y revalidarla luego en las presidenciales del 2015. Si así no fuera, la derecha ya avisó lo que sobrevendrá si ganan: derogarán la ley de medios sin más vueltas y la reemplazarán al gusto del paladar de Magnetto.
Lo adelantaron desde el PRO, desde el FAP, desde la Coalición Cívica, desde un sector importante de la UCR  y desde el rejuntado de Sergio Massa.
Es decir, que en estos dos años habrá que deconstruir hasta los cimientos el poder concentrado que rigió nuestros destinos malversando el valor de la palabra, so pena de tirar todo para atrás en un par de años.
Y una reflexión para compartir en estos días: ¿qué hacemos mientras tanto los periodistas, los comunicadores, los docentes, los constructores, los metalúrgicos, los carpinteros, los abogados, las amas de casa, los carniceros, los verduleros, los taxistas, los colectiveros, los artistas, los estudiantes?
Si al AFSCA y al conjunto del Estado le corresponde cumplir el deber de deconstruir legalmente los monopolios para abonar el terreno de la pluralidad de voces, a la ciudadanía le corresponde deconstruir el origen primero de la mentira organizada que ejerció ese monopolio durante tantos años.
Nadie tiene el derecho de sentirse ausente en esta hora. Podrá ejercer esa libertad si quiere y comentar incluso que se siente afuera de esta puja, pero no le asiste el derecho a ser neutral cuando lo que está en juego es la construcción del presente y el futuro.
Hay que mostrar todas las cartas ahora que ya no hay punto de retorno en esta épica de la democracia.
Es la verdad o la mentira. El Estado o los monopolios. 
La historia argentina es rica en ejemplos  que demuestran que el conservadorismo liberal siempre apeló a los mismos argumentos para combatir las causas populares en sus distintas expresiones.
Lo hicieron con Rosas en el siglo XIX.  Con Yrigoyen y Perón en el siglo XX.
Lo hicieron en este siglo XXI con Néstor Kirchner  y ahora lo hacen con Cristina.
¿Y cuál es ese argumento falaz?: instalar socialmente que todo lo que se identifica con los  liderazgos populares es puro relato y  ficción, mientras que lo que se corresponde con los intereses de las clases dominantes constituye lo serio, lo decente, lo creíble, lo verdadero.
No hay nada de original ni creativo en la enunciación del  “relato Kirchnerista”.
Antes fue el “relato Rosista”, el “relato Yrigoyenista”, el “relato Peronista”.
Los poderosos siempre fueron los dueños de los diccionarios, como decía Cooke.
El “boca a boca”, el garabato en los muros, todo artefacto de comunicación es útil y necesario para demostrar que las clases históricamente dominadas tienen voz propia en este cambio de época.
Del hallazgo de archivos de la dictadura importan mucho las listas negras de los artistas e intelectuales, pero nada es más importante que las fojas que muestran y demuestran la connivencia entre los civiles y uniformados del terrorismo de estado en el caso Papel Prensa.
Allí habrá que poner todas las miradas hasta desmontar ese viejo poder nacido en las madrigueras de los genocidas, so pena de volver a recrear listas negras aún en democracia.
Hay que deconstruir la mentira desde la pedagogía nacional, popular y democrática al mismo tiempo que se deconstruye el aparato de poder que genera las falacias del poder dominante.
Quizá llegó el momento de concentrar esfuerzos desde todos los sectores involucrados, estatales y no estatales, para que se haga justicia de una buena vez con el despojo brutal de Papel Prensa a la familia Graiver, despojo que posibilitó la construcción del más grande aparato de propaganda y malformación cultural que haya padecido el pueblo argentino a lo largo de su historia. 
Si así se comprobara, si los archivos demostraran el maridaje entre Videla, Magnetto, Mitre y Herrera de Noble, si el testimonio de Lidia Papaleo es auxiliado con semejante prueba del terror encontrada por la máxima jefatura de la Fuerza Aérea, la verdad habrá cumplimentado su largo período de gestación.
Y nacerá entre nosotros.
Estamos hablando de un crimen de lesa humanidad de la que fueron  víctimas todas las generaciones que sobrevivieron y vivieron desde la dictadura hasta hoy.
Por eso es importante ligar ambos hechos históricos de los que dimos cuenta al comienzo de la nota. Y mucho más importante hacerlo ahora que la democracia cuenta con el gobierno más fuerte y representativo de su historia.
Fíjese sino: la Presidenta estuvo convaleciente durante más de un mes y el gobierno siguió funcionando a pleno sin fisura alguna. No es un dato menor, es un dato sustantivo que habla a las claras de la sociedad que hemos construido más allá de nuestras legítimas diferencias como ciudadanos.
A la espera de Cristina, la nave va.  

Miradas al Sur, domingo 10 de noviembre de 2013