jueves, 6 de junio de 2013

Un país fertilizado de memoria



Sucedió ayer.
El que habló rindiendo cuentas ante el Senado de la Nación es el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina.
Expresó, desde el arranque, el orgullo de ser parte de un proyecto político que acaba de cumplir una década ganada para el pueblo y el país.
Algunos opositores repitieron el libreto de Lanata. Vergüenza ajena.
Cruzando apenas un pasillo, los diputados debatían y aprobaban la ley de fertilización asistida acompañados por numerosas familias esperanzadas.
Minutos antes, habían rendido un emotivo homenaje a los diputados que fueron víctimas del terrorismo de Estado.
En esa parábola que va de la justa evocación de los ausentes al Informe de Abal Medina, la Argentina demuestra ser un país fertilizado de memoria y de futuro.
Quizás los desaparecidos, en ese último instante con la luz prendida, recordaron las palabras de Juan José Castelli al momento de su muerte: “Si ves al futuro dile que no venga”.
En el adiós final, quizás Rodolfo Ortega Peña, Diego Muñiz Barreto, Miguel Zavala Rodríguez, Mario Abel Amaya, Armando Croatto, Bernardo Samuel Villalba y Leonardo Bettanin, se abrazaron a la historia para pedir, como Castelli en su tiempo, que el futuro no venga hasta que logre ser más bello que el presente doloroso impuesto a sangre y fuego por los dictadores.
Amaya, con sus 41 años, desplomado en la cárcel luego de las torturas infligidas por sus secuestradores.
Betannin, asesinado en su casa rosarina, con apenas 31 años.
Croatto, de 33 años, fusilado a mansalva.   
Muñiz Barreto con sus 43 años secuestrado y asesinado por sus captores, entre ellos un conocido torturador y luego diputado en tiempos de impunidad.
Ortega Peña, asesinado a los 38 años cerca del Obelisco por la fascista Triple A.
Villalba, diputado y dirigente obrero azucarero, detenido desaparecido en su Tucumán.
Zavala Rodríguez, asesinado en su domicilio, a los 36 años de edad. 
Y el futuro llegó.
Cuando decimos que la política volvió de la mano del proyecto de país liderado por Néstor y Cristina, estamos diciendo, entre otras cosas, que volvieron ellos, los que honraron la política con su propia vida.
Julián Domínguez, presidente de la Cámara, no cabía de emoción cuando su par, Eduardo de Pedro, Wado, hijo de desaparecidos, dijo en la sesión que “los homenajeados dieron su vida por sus convicciones” y que “Néstor Kirchner enseñó que quien llega a la Casa Rosada puede gobernar a favor del pueblo sin responder a las presiones de las corporaciones. Con este proceso la política recuperó la dignidad: hoy los políticos pueden volver a caminar por la calle”.
Ojala los desaparecidos puedan dormir en paz, ahora que el futuro llegó y se parece a sus sueños. 

El Argentino, jueves 6 de junio de 2013