viernes, 28 de junio de 2013

Final de partida


El gran teatro de la vida no se priva de nada últimamente.
En este cambio de época todos nos mostramos sobre el escenario tal cual somos y queremos ser.
El asunto es saber lo que queremos ser sin que nada ni nadie nos desvíe del camino.
La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner encabezó ayer un acto oficial en el nuevo y moderno Hospital Churruca ubicado en Parque Patricios, Ciudad de Buenos Aires.
Desde allí se conectó con la ciudad de La Plata, con Río Negro y Jujuy inaugurando diversas obras públicas.
Pero la Argentina se demostró ayer en el registro más alto de su proyecto inclusivo cuando en las alturas de la Comunidad de Loma Blanca, allá en la Puna jujeña, sus niños, hombres y mujeres, el gobernador, el maestro de la escuela y los representantes de ese pueblo originario, se conectaron por primera vez en la historia con todo el territorio nacional que los estaba viendo y escuchando en vivo y en directo.
Entre Loma Blanca y la Patagonia ya no hay distancia que valga. Estamos interconectados. Estamos integrados y amparados por un Estado que se muestra presente, allí donde hay un derecho para reparar.
Podríamos decir lo mismo de los otros eventos. Pero valga esa Loma Blanca que vimos ayer, como la escena luminosa que alumbra un nuevo día.
Lejos de allí el país injusto se atreve a convencernos que la Asamblea de 1813 fue una obra de ficción y que la tarjeta Supercard quedó suspendida con destino incierto.
La Asamblea existió y suprimió los honores de la vieja nobleza. Desde entonces no hay más coronitas entre los argentinos.
¿Por qué se enojan entonces si al Presidente de la Corte Suprema y a sus funcionarios les llega una nota del AFIP?
¿Es que tienen coronitas acaso los cortesanos?
¿Si a fin de mes les llega a cada uno de ellos la boleta de luz domiciliaria, la boleta de gas y el ABL también dirán que es una persecución por ser opositores?
Otra más.
La tarjeta SuperCard que permitirá estimular y facilitar el consumo popular y el mercado interno, sin intermediarios parasitarios financieros, fue lanzada ayer como estaba previsto.
¿Seguirán mintiendo así?
Pero hay otra afrenta que nos duele:
Se estrenaba el miércoles pasado la maravillosa obra de Samuel Beckett, Final de partida, en el Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires, dirigida e interpretada por el gran Alfredo Alcón, junto al actor Joaquín Furriel y elenco. 
De pronto, un Furriel avergonzado, enojado e indignado gritó desde un costado del Teatro que se levantaba la función por falta de calefacción, entre otras cosas.
Alcón, que ya venía con su salud desmejorada, no se merecía un trato así del gobierno de Macri.
El público tampoco.
Y el país inclusivo mucho menos.

El Argentino, viernes 28 de junio de 2013