domingo, 23 de junio de 2013

La revolución dentro de la revolución



Entramos en una nueva fase del proceso de cambio político cultural que se viene operando en la sociedad argentina en los últimos años.

La respuesta conceptual y gestual de Cristina al fallo corporativo de la Corte Suprema, desde Córdoba primero y desde Rosario después, es la continuidad por otros medios de la conducta que tuvo Néstor Kirchner cuando a horas de la derrota electoral en el 2009 acuño la frase: “el mensaje de las urnas es que el pueblo nos pide que profundicemos el proyecto nacional y popular”.

Así, en la adversidad, nació el Kirchnerismo como nueva identidad de mayorías.

Ahora ocurre algo semejante y esa identidad se refuerza.  

Ante las trabas que pone el viejo sistema de dominación, el kirchnerismo demuestra que  redobla la apuesta.

Y todo se conmueve sobre el escenario.

Salimos de una semana donde mientras algunos se tiraban de  los pelos por un lugar en las listas, o por saber si juega o no juega un fulano de tal, Cristina se batió con cuerpo y alma contra los intereses del antiguo país de los privilegios.

La historia anotó en su libretita las grietas abiertas en ese viejo país.

Anótelas y saque sus propias conclusiones.

Por primera vez los capos de la Mesa de enlace de la patronal rural, los mimados de Clarín y La Nación, los que más ganaron con la soja, el trigo, las vacas y la leche de la vaca, los continuadores de la vieja oligarquía, fueron echados del Mercado de Hacienda de Liniers por los trabajadores que allí ejercen su faena diaria. Los echaron, lisa y llanamente, a patrones como Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria, Luis Echeverri de la Sociedad Rural y Pedro Apaolaza de las Confederaciones Rurales.

Anote: una grieta ahí.

Por primera vez desertaron jóvenes militantes de una fuerza que supo ser de centro izquierda liderada por el cineasta Pino Solanas. Lo acusan de pasarse con butaca y filmadora a las filas del centro derecha.

Anote: otra grieta allí.

Por primera vez los trabajadores del Grupo Clarín emprendieron una lucha tan  prolongada, reivindicativa y frontal, contra la patronal de Magnetto.

Anote: no es una grieta más.   

Por primera vez la jerarquía de la corporación judicial, Corte Suprema incluida, es cuestionada hasta el caracú por un sin fin de jueces, fiscales, defensores y otros magistrados que conforman el colectivo bautizado Justicia Legítima.

Anote: esa sí que es una grieta grande.  

Por primera vez la derecha dura del país, la que encarna Macri, De Narváez y el peronismo conservador, no pudo amalgamar una lista común de candidatos para competir en las próximas elecciones.   

Anote: es la grieta de los egos.   

Podríamos seguir enunciando las grietas abiertas en el sistema dominante en este último tiempo.

Pero hay una grieta mayor, la que las contiene a todas y esa es la grieta abierta entre el sentido común de la sociedad y el sentido común impuesto desde las clases dominantes. Dicho de una manera más categórica, es la grieta abierta entre la cultura política y los dueños del poder económico mediático. O sea. Nos independizamos de los dueños del poder corporativo. Somos libres. Pensamos por nosotros mismos. 

En este marco habrá que ubicar el reciente fallo de la Corte Suprema negando al pueblo argentino el derecho a votar al órgano político de la justicia, el Consejo de la Magistratura.

Ante las grietas abiertas en los factores del poder dominante y ante el avance inexorable del proyecto de país democratizador, la justicia reafirma su campo de acción y actúa como principal trinchera conservadora resistiendo el cambio que lidera Cristina. 

Todos actúan a cara descubierta. No hay más lugar para las escondidas. Son dos proyectos antagónicos en un país en plena combustión democrática y participativa. 

En la antigüedad, mucho antes de Kirchner, el eufemismo utilizado para dar golpes de estado cívicos militares era el tan mentado “vacío de poder”. Dicho cartelito era colgado en la solapa de cada uno de los gobiernos constitucionales que iban a deponer por las armas. Eventualmente argüían el también mentado “conflicto de poderes”. Lo hacían cuando el Ejecutivo decía una cosa y el Legislativo otra y el Judicial otra distinta. Entonces pegaban un puñetazo sobre la mesa del poder y decían “se acabó”. Y a otra cosa mariposa.

Nótese el cambio sustancial con esta democracia plena donde cualquiera dice lo que les venga en ganas y actúa facciosa y corporativamente como lo hacen los bolsones de injusticia que dominan la escena en los letrados judiciales.

Por eso aquel meneado “conflicto de poderes” que era presentado cual drama republicano, hoy se demuestra farsa.

Hoy el conflicto se manifiesta por donde debe hacerlo: entre el poder político basado en la genuina voluntad popular y el poder fáctico de las corporaciones mediáticas, judiciales y económicas.

No es de menor cuantía y calidad el arsenal con que cuenta la democracia para esta batalla.

Hay un pueblo movilizado con centro de gravedad en la nueva generación de jóvenes que han retomado las banderas del cambio transformador. Esa base cuenta con un liderazgo claro y decidido a dar pelea en nombre de las causas justas: la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.

Y hay un movimiento kirchnerista organizado, políticamente unificado y culturalmente diverso, que encarna en cada movilización una mística tan fuerte que desafía incluso la posibilidad de cualquier traspié posible en el largo derrotero que viene recorriendo.

O sea. No es un amontonamiento motivado por el éxito fácil. Es un agrupamiento de voluntades que se reconoce en las mejores tradiciones de lucha de este pueblo que somos.

A este proyecto le corresponde una lista electoral que lo exprese en las urnas. Así de simple.

Como se verá, la dialéctica es implacable.

A la fragmentación opositora y a la ausencia vergonzosa de un proyecto opositor en serio, le corresponde la unidad de las fuerzas que gobiernan y la consolidación del proyecto de país que lidera Cristina.

Mirar para cuidar, es la consigna.

Ahora ya sabemos que no es para cuidar sólo el bolsillo.

 

 

Miradas al Sur, domingo 23 de junio de 2013