domingo, 23 de junio de 2013

Requiem



Ahora que se que murió Laura Bonaparte, empiezo a estrenar mi última tristeza. Amé en silencio y a distancia a esa gran mujer. La admiré y la admiraré por siempre. Tan bella, tan madre de la Plaza, todas las madres. Laura se fue de a poco. Quizá no quiso que la extrañemos de golpe. Pero lo cierto es que se murió nomás. Y es imposible no largarse a llorar en su despedida. Hay que llorarla sin tapujos, como cuando se canta a viva voz bajo la lluvia que cae. Nunca sabremos cómo tanto dolor cabía en un solo cuerpo. Las hijas, el esposo, los compañeros, las compañeras. Tan igual que Elsa, nuestra querida Elsa de Oesterheld. Un abrazo si llega a Luis, a su familia, al nieto de Laura que conozco y quiero. Y nada más. Chau Laura. Nos estamos viendo.