domingo, 9 de junio de 2013

¿Se viene una pueblada electoral?



Todo está a cielo abierto. Pase, vea y saque sus conclusiones.
La “fortaleza” del FAP que encabezaba Hermes Binner, se redujo a cenizas después que uno de sus socios, el presidente de la UCR, Mario Barletta, le disparara a Dante Caputo, devenido en afiliado a la progresía nativa, un cachafaz y soez “conchudo” que impactó de lleno sobre la línea de flotación del rejunte progresista.
Es tanta la impotencia acumulada que no les basta con agredir al oficialismo.
Ahora se agreden entre ellos.
Atrás quedaron los discursos de que eran “lo nuevo” en la política argentina, “una  opción entre el relato kirchnerista y la derecha de Macri” y que patatín y patatán.
Bastó que un socio le dijera a uno de ellos: “conchudo”, para que se desmoronaran como un castillo de naipes.   
Vaya con las convicciones.
¿Se los imagina gobernando nuevamente?
¿Se los imagina repartiendo cargos en los ministerios como si fueran caramelos para calmar a las fieras de la propia interna aunque no sepan nada del arte de gobernar para el pueblo?
¿Se los imagina gestionando y que Magnetto los amenazara con una tapa adversa de Clarín y un vocablo explosivo de mayor poder de daño que la palabra “conchudo”?
Ahora sí que se terminó el ciclo de la progresía reaccionaria y antipopular.  
Las fugaces mieses del 2009 ya no volverán.
El “grupo A” es una pieza de museo de aquellos raros instrumentos que nunca fueron usados. Hoy reeditan esta Alianza minusválida en el cuarto de un hotel porteño que, para colmo, se llama “Uno”. Como el tango de Discepolín.
El “alika-alikate” del herrumbrado de Narváez ya no es la frutilla simpaticona de la guerra destituyente de la patronal rural contra el gobierno popular.
El asunto es más complejo.
Porque en verdad, la oposición quedó anclada en el país del pasado. Siguen aferrados a lo viejo. Sus categorías políticas, su pensamiento anacrónico, pero por sobre todo, su dependencia al Grupo Clarín, hace que no puedan crecer por sus propios medios.  
La trayectoria de la derecha está a la vista. En el apuro electoral puede ser que se junten. De coherencia y proyectos, ni mu.
El PRO de Mauricio Macri no pudo construir una opción que, por fuerte y consolidada, se oferte como ordenador de ese espacio ante, por ejemplo, la resaca del pejotismo caudillesco que alguna que otra presencia y arraigo guardaba en provincias y municipios. Terminaron por presentar a un cómico santafesino, a un referí de fútbol cordobés y a un patrón rural entrerriano como las nuevas estrellas de ese firmamento. Lamentable. Y doblemente lamentable para quien enchastra las paredes proponiéndose candidato a presidente en el 2015.
¿Cuál es la propuesta del PRO en esta coyuntura? ¿Contarnos un chiste para hacernos reír, dirigir un partido en el club del barrio, enseñarnos cómo se esconde la soja en un silo-bolsa?
¿Y el cordobesismo de De la Sota dónde está?    
“Silencio estampa”, diría el Coco Basile.
Tampoco hay espacio ni oxígeno para suponer que una “esperanza blanca” desgarre las entrañas del kirchnerismo, para partirlo primero y darle batalla después.
¿De dónde salieron las luminarias que suponen que la teoría del péndulo sigue viva en el peronismo? No entendieron nada si lo creyeron así.
Hay un proyecto estratégico de país, hay un solo liderazgo nacional y popular y hay un tiempo histórico en la Argentina y en toda la región que explica que las cosas sean así y que sigan así por mucho tiempo. No hay herencia ni descendencia por derecha.
Porque no hay contexto ni ganas de que sea así.
El estallido del FAP y la incapacidad del macrismo como opción triunfal de la derecha es el final del ciclo opositor iniciado en el 2009.
Tendrán que barajar y dar de nuevo.
En tanto el oficialismo, como algunas farmacias, atiende las 24 horas. No baja los brazos ni se duerme en los laureles. No hace uso de la siesta prolongada que bien, podría decirse, se la tiene ganada. No duermen nunca y si lo hacen, tienen siempre un ojo abierto. Por si las moscas.
Y enfrentar a un proyecto político que gobierna desde hace diez años sin perder la frescura ni la iniciativa, te la regalo.
Sólo cabe una tarea: hacer que las próximas elecciones primarias de agosto y las legislativas de octubre, sean una pueblada electoral que exprese la pueblada que hoy se ve en cada pueblo donde está Unidos y Organizados pintando una escuela o  arreglando las calles de los barrios más humildes.
Si esa muchachada de La Cámpora, por ejemplo, con toda su energía multiplicadora, logra trocar ese impulso en voto popular, entonces, los días más felices son los que están por venir.
Todo indica que un nuevo ciclo histórico ha comenzado, signado por la horma del zapato que encontró finalmente el país. Ya era hora.   
Si esta pulsión se diera, si esta sinapsis política y cultural encendiera todas nuestras luces, no habría que descartar que el kirchnerismo se imponga aún en los distritos donde tiene poco. Córdoba, por ejemplo.
Esto corre a cuenta y riesgo del autor de esta nota.  
Es preciso que esta pueblada, a veces bullanguera como el 25 de Mayo pasado y a veces silenciosa, como la de los pibes que militan en los barrios cotidianamente, se transforme en pueblada electoral organizada.
Sería una forma de redignificar la política como una verdadera marea popular.
Pero supongamos que aun así se empate, dios nos libre y nos guarde; en el peor de los casos quedará un reservorio de memoria popular bajo su propio alero atento a superar  las tempestades que vengan.
Que se anime la derecha a derogar los derechos conquistados por el pueblo y su gobierno en estos diez años; que se anime a derogar la Asignación Universal por Hijo y el Fútbol para todos; que se anime a reflotar el ALCA.   
Si lo hacen, deberán saber desde ahora, que habrá un pueblo en las calles y las plazas que le pertenecen, como le pertenecen todos los derechos conquistados desde Néstor a Cristina.
Todo está a cielo abierto.
Habrá que seguir trabajando para que la democracia crezca sin estar amenazada por ninguno de esos nubarrones que anuncian tempestades.

Miradas al Sur, domingo 9 de junio de 2013