domingo, 30 de junio de 2013

Galileo Galilei en tiempos del Kirchnerismo



Ya están presentadas las listas de candidatos para las próximas elecciones. 
Falta casi nada. Un pestañeo y a las urnas nuevamente.
Esta vez hay algo distinto en el ambiente. Algo muy importante está por suceder y aún no sabemos qué. Pero la única certeza es que entramos de lleno a una nueva etapa. 
Se consolidarán las conquistas logradas en los últimos diez años. O no.
Se profundizará el proyecto de país con desarrollo inclusivo que lidera Cristina. O no.
Se corregirán los errores cometidos durante la marcha sin afectar el rumbo. O no.
De acá a octubre no habría que interpelar sólo a la oposición político mediática. Tendríamos que interpelarnos nosotros como sociedad y como la democracia que somos y queremos ser. Preguntarnos de veras si estamos decididos a defender lo logrado. Saber que no todo da igual en la vida de una nación, de una familia o de una persona.
Lo que se valora se defiende.
Si no fuera así, a llorar a la iglesia, como dicen en el barrio.
La oposición no sólo se maneja a control remoto con la tapa de Clarín sino que además se inventa una realidad para poder usar los cartuchos que le quedan de la época anterior.
Cuando describen al peronismo, por ejemplo, están “viendo” un peronismo que ya no está; no pueden ni saben ni quieren advertir que el movimiento popular, que incluye al peronismo pero es mucho más, mudó de piel hace rato.
“El peronismo será kirchnerista o no será”, reza una pared. De allí que se le escapa como una gelatina entre los dedos el cuadro real de situación de la Argentina de hoy y vociferan que la que viene es una interna entre fracciones peronistas, una de centro izquierda y otra de centro derecha. Mienten. Se mienten. Lo que viene es una elección entre dos proyectos de país.
De un lado está el Frente para la Victoria. Del otro, la corporación.
Allí despunta Sergio Massa como el elegido por descarte por los grupos económicos y su variada    prensa dominante.
Es el candidato de moda, la sonrisa dental en el aire, lo que no pudo ser Macri ni De la Sota.
El kirchnerismo tendrá que tener mucho cuidado para no caer en el juego mediocre que proponen sus adversarios de ocasión.
No ensuciar la campaña. No llenarla de adjetivos sino de sustantivos y verbos. No quedarse callado ante la infamia. No violentar el discurso. Recordar que la política, como la poesía, es un arma cargada de futuro.
Y que en asuntos de estrategia, lo que vale para la guerra vale para la política.
Habrá que desplumar puntualmente cada operación facciosa que ejecute la corporación mediática y judicial en tándem con la vieja política.
Las tapas de los diarios y los noticieros de radio y TV propagarán la caída estrepitosa de la economía, levantamientos sindicales, etc. Lo estamos viendo en estos días con la inexistente apretada de la AFIP a la Corte y la presunta suspensión de la SuperCard. Son apenas el bosquejo de lo que vendrá. El deseo del senador radical Ernesto Sanz de que a la economía le vaya mal para así posibilitar el desacople de la ecuación: a mayor consumo y desarrollo económico, mayor cantidad de votos kirchneristas, es el deseo del poder corporativo.
Siempre fueron nihilistas con el bolsillo ajeno.
Pero hete aquí que el horizonte es auspicioso para el pueblo en su conjunto.
Que salgan sino a refutar estos datos.  
El superávit fiscal se expandió 36,2% en abril. El gasto primario aumentó 37,2%.
Las Prestaciones de la Seguridad Social se expandieron 36,4%, asociadas a los aumentos automáticos previstos por la Ley de Movilidad de haberes y en línea con la mayor actividad económica.
Las transferencias corrientes al sector privado crecieron 28,7%, por los incrementos en partidas como la AUH y las demás asignaciones familiares. 
El gasto de capital creció 46% reflejando las obras de infraestructura habitacional en marcha y las transferencias de capital destinadas a las provincias y la Ciudad de Buenos Aires para la realización de infraestructura social y económica, que presentaron un alza del 76 por ciento.
Las ventas en supermercados crecieron en mayo el 19% y en shoppings el 27%.
Las ventas de electrodomésticos y artículos para el hogar crecieron 23,4%. 
La industria creció 5% en mayo y la construcción 7,7 %.
Los rubros que registraron las mayores tasas de crecimiento interanual fueron Automotores (30,9%), Neumáticos (18,1%) y Aluminio primario (16,7%).
La capacidad instalada del sector industrial se ubicó en el 73,3 %.   
El PBI creció un 3% en el primer trimestre.
9 de cada 10 hogares humildes tienen televisión.
¿Para qué sirven estos datos?
Para demostrar que, pese a todo lo que aún falta, el pueblo vive mejor.  
Y para recordar que, así como el consensualismo del amontonamiento opositor provocó la crisis del 2001, con el proyecto nacional, popular y democrático que lidera Cristina se construyó el país que hoy tenemos.
Bertolt Brecht pinta en su maravillosa obra Galileo Galilei la escena en que Galileo presentó su Telescopio y las burlas de las que fue objeto por los cortesanos. 
Su amigo, Sagredo, preocupado por su suerte, le pregunta a solas “¿Cómo puedes confundir la razón con la miserable astucia de los hombres?”.
Y Galileo responde: “No me refiero a su astucia. Ya sé que llaman caballo al burro cuando quieren venderlo, y burro al caballo cuando lo van a comprar. Pero la vieja que la noche antes del viaje le da un manojo más de heno a su mula, el navegante que al comprar las provisiones tiene en cuenta tanto la tormenta como la calma chicha, el niño que se pone la gorra cuando se le demuestra que es posible que llueva, ésos son mi esperanza. ¿Y sabes por qué Sagredo? Porque hacen valer razones.   Sí, Sagredo, yo creo en el manso poder de la razón sobre los hombres. Nadie puede resistirse a ella por mucho tiempo. Ningún hombre es capaz de contemplar indefinidamente cómo dejo caer una piedra y al mismo tiempo afirmo que esa piedra no cae. La seducción que ejerce la prueba es demasiado grande. Pensar es uno de los más grandes placeres del género humano, Sagredo”.
Y por hoy cae el telón.

Miradas al Sur, domingo 30 de junio de 2013