miércoles, 19 de junio de 2013

Un fallo a medida del viejo país




La Corte Suprema le hizo un corte de mangas al proceso de democratización de la justicia.
“¿Qué es eso de que el pueblo vote a los miembros de la Magistratura?”
“¿Dónde se ha visto semejante atropello contra la tutela que ejerció siempre la corporación judicial sobre la república?”
¿Habrán pensado así los cortesanos cuando emitían su fallo?  
Es un fallo a medida del viejo país.
Los jueces del poder establecido, los camaristas de las cautelares, la corporación mediática encabezada por Clarín y La Nación, la oposición vacía de pueblo y llena de Magnetto, tienen sus razones para festejar.
Al menos por un tiempo.
Las compuertas de la iniquidad están llenas de grietas y el proceso abierto por una sociedad cada vez más inclusiva, más justa y democrática, ya no se detendrá.
Hace 400 años, exactamente, nacía la Universidad de Córdoba.
Por allí pasó la historia de nuestro país y la historia grande de América Latina.
Hoy nos acordaremos del Cordobazo y repasaremos el lapso que fue del 15 al 21 de junio de 1918 cuando estalló la Reforma Universitaria.
Desempolvaremos el Manifiesto de los Estudiantes para embellecer la vida con frases como estas:
Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”.   
“La única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud”.
 “La juventud ya no pide; exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa”.
¿Sentirán alguna vergüenza los opositores al releer el Manifiesto?
En cada hecho fundante de nuestra identidad los argentinos nos reconocemos.
Hoy celebramos uno de esos hechos.
Más allá del fallo de la Corte. Y más allá de Solanas ofendiendo a la juventud; de Macri, De Narváez, Lavagna y De la Sota enfrentándose como perros y gatos; del radicalismo partido; del progresismo placebo y de la justicia fallando a favor de la Rural y De Narváez “perdonándoles” una deuda por 106 millones de pesos.
Más allá de esta mediocridad, la vida continúa su marcha inexorable.  

El Argentino, miércoles 19 de junio de 2013