martes, 25 de junio de 2013

Entre la jaula y el ala






“Preguntad a la jaula lo que piensa del ala. Os contestará: el ala es la rebelión”.
Estas bellas palabras las dijo alguna vez Víctor Hugo, no el rioplatense, sino el escritor y pensador francés.
Cuando el ministro Julio de Vido y el Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli dijeron ayer que en estas próximas elecciones se pondrá en juego la fortaleza del modelo y el proyecto de país que lidera Cristina, todos los pájaros del pensamiento se echaron a volar.
De allí que recostemos la cabeza sobre el hombro del primer renglón para decir, una vez más, que en la Argentina no hay posibilidades de alternancias democráticas en un mismo proyecto de país soberano e inclusivo, sino entre distintos modelos de concebir al pueblo y a la nación.
O elegimos ser ala. O elegimos ser jaula.
Poética mediante, es pura descripción lo que hacemos.
Las ideas, o si se prefiere, las no ideas de la oposición, nos remiten inexorablemente a la jaula, es decir, al viejo orden establecido, a la quietud del vacío, al estancamiento de las aguas, al atraso del reloj y el calendario.
Cuando Sergio Massa dice: “tomamos la decisión de no ir contra nadie”, está diciendo no vamos a molestar al monstruo, al dragón que nunca duerme, a Clarín, a La Nación y sobre todo, no vamos a molestar al señor Magnetto. Nos vamos a manejar respetando los límites que demarca la jaula.
Entre Chávez y Capriles, eligen ser Capriles. Como Binner.
Por el contrario, el kirchnerismo es el ala desafiante que agita el aire y levanta el vuelo, el ala que al liberar derechos, se libera a sí mismo. 
En la aldea porteña el ala en rebeldía tiene nombre propio: Juan Cabandié.  
El día que a todos los políticos, a sus partidos y sus frentes electorales, en lugar de hojas de Clarín le crezcan plumas para volar hacia un país cada vez más justo, podremos hablar seriamente de la alternancia democrática.
Pero mientras tanto, no es serio optar por alternar entre un proyecto de país basado en Memoria, Verdad y Justicia, de un lado y un mal chiste de Miguel del Sel, la represión de Macri en el Hospital Borda o el cipayismo ante el extranjero del intendente Massa, del otro.
Cuando Martín Insaurralde dijo a horas de ser proclamado cabeza de lista del Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires, que pondrá el alma, el amor y la pasión por seguir cumpliendo todos los sueños que dejó Néstor Kirchner y continúa Cristina, estaba mostrando ser un dirigente, que a su vez, es militante de un proyecto colectivo. Con alas.
Por eso agregó:
“Si algún intendente les dice que esas obras las hizo el solo, les miente. A mí de chiquito me enseñaron a decir la verdad”.
Y se sabe: la única verdad es la realidad.  

El Argentino, martes 25 de junio de 2013