lunes, 12 de noviembre de 2012

Una mujer con las alas rotas




Su padre fue uno de los fundadores del socialismo vasco.
Ella, Amaia Egaña, de 53 años, también fue concejal por su partido en el País Vasco. Ahora trabajaba en una empresa de ómnibus de su pueblo, Baracaldo, Vizcaya.
Con su magro sueldo sostenía la olla familiar junto a su marido, José Manuel Asencio, también ex concejal socialista vasco.
Desde hace un año la crisis financiera le atenazaba el corazón con la amenaza de echarla de su casa hipotecada.
Una entre las miles de viviendas con que La Caixas, el mayor banco español en bancarrota, había provocado la burbuja inmobiliaria que cuando explotó, hizo estallar a España.  
Amaia sufría la vergüenza de ver publicada en Internet la propaganda del banco ofreciendo su vivienda para la venta con un cartel que decía: “¿Te gusta? Haznos tu propuesta. Llaves no disponibles temporalmente”.
Pero si aquí vivía Amaia. Este era el hogar de la socialista, la militante, la luchadora. Una mujer de pueblo. La madre, la esposa, la compañera Amaia, como la conocían en Baracaldo.
Y esa tenaza en el corazón la fue apretando más cuando el gobierno conservador y neoliberal de Mariano Rajoy implementó a rajatabla la llamada “Orden del desahucio”, que hoy es en España lo que fue en la Argentina de la crisis, el desalojo violento de los campos en remate.
Hasta que llegó la partida judicial con la resolución final.
Eran las 9,20 de la mañana del viernes 9 de noviembre.
Amaia, atendió el portero eléctrico desde su departamento del cuarto piso, pulsó el botón de entrada, los funcionarios agradecieron y pasaron, ella arrastró una silla hasta el ventanal del living, lo abrió de par en par y se tiró al vacío.
La resistencia había terminado para ella.
“La crisis causó otra muerte”, dirá la prensa española.  
Da escalofrío recordar aquella tapa de Clarín cuando mataron a Kosteki y Santillán.
La dirigente socialista local, Laura Mintegi, exigió que el Parlamento Vasco impida que se produzcan más desahucios en la comunidad autónoma y afirmó: “la muerte de la compañera Amaia es una gravísima consecuencia de una política económica que pone por encima los intereses de las entidades bancarias antes de los de las personas”
Como dijo Bernardo Kliksberg disertando en Madrid y citando a la revista de salud The Lancet: “cada punto de aumento en la desocupación en medio de la crisis, genera un punto de aumento en la tasa de suicidios”.
Las autoridades reconocieron que la crisis provoca en España el 32% de los suicidios y se convierte en su principal causa.
De ese mismo infierno venimos los argentinos. 
Los que tenemos memoria lo recordamos muy bien.
Y se lo recordaremos a los desmemoriados cada vez que salgan a batir sus cacerolas. 

El Argentino, lunes 12 de noviembre de 2012




1 comentario:

Daniel Mancuso dijo...

¡Compañera Amaia Egaña, Presente!