domingo, 19 de septiembre de 2010

El nuevo emergente del kirchnerismo


Algo profundo se está moviendo en el subsuelo de la Patria; invocando a Scalabrini Ortiz.
La bandada de pibes en el homenaje a La Noche de los Lápices, defendiendo a punta de conciencia cada colegio destruido o llenando el Luna Park y sus alrededores, con sus consignas de unidad en ese diverso montón que fue a escuchar a Cristina y ver a Néstor Kirchner, estaría indicando que son el nuevo emergente de este proceso social.
Ellos son los primeros que se forman en un período democrático con el mismo signo político.
El que arrancó en la secundaria desde el año 2004 en adelante, con Néstor o con Cristina, hoy está participando de esta nueva generación de jóvenes que se movilizan por sus legítimos derechos, formados en una democracia que más allá de sus errores, parte de un presupuesto más alto: un gobierno nacional que no admite la represión estatal, donde se juzgan sin ningún tipo de condicionamientos las violaciones a los derechos humanos de la última dictadura, donde los trabajadores participan en más de dos mil convenciones paritarias, discutiendo salarios y condiciones de trabajo, donde el ahorro de los trabajadores fue recuperado para los trabajadores, donde la educación pública alcanzó y superó el 6 % del presupuesto nacional, donde todos los pibes en condiciones de vulnerabilidad social reciben la Asignación Universal por Hijo, donde el matrimonio igualitario es ley, donde el gobierno y múltiples sectores de la sociedad civil construyeron la nueva Ley de Medios… Podríamos seguir y cualquiera, medianamente honesto, sabe que la lista de conquistas logradas en estos siete años es interminable.
Pero en verdad, queremos desentrañar el hondo significado que tiene esta irrupción juvenil en la política.
Es un tiempo de de decisiones históricas.
Durante el neoliberalismo, oponerse a los gobiernos de turno, era oponerse a las políticas de ajuste y entrega de nuestra soberanía nacional.
Pero en el 2010, oponerse a Evo Morales, Rafael Correa o Cristina Fernández de Kirchner, es estar del lado de quienes se oponen a las políticas de inclusión social y unidad latinoamericana.
La encrucijada nos atraviesa a todos.
En la próxima elección de la CTA está en juego esa disyuntiva.
O se valora y profundiza este camino, como sostiene la lista que encabeza Hugo Yasky o se termina favoreciendo objetivamente a la derecha del Grupo A conducida por Magnetto.
No por Fidel Castro.
Jauretche decía que en tiempos de repliegue, había que interpretar las voces del pueblo, pero fundamentalmente sus murmullos y silencios, porque allí se incubaban los tiempos por venir. Pero que todo se hacía más simple cuando lo incubado comenzaba a caminar por su propia cuenta.
El kirchnerismo no es una estación final, es un camino. Lo advirtieron alarmados los patrones de la Sociedad Rural cuando se opusieron a la ya mítica Resolución 125 que establecía las retenciones segmentadas para las exportaciones agrícolas.
Los enemigos del pueblo se avivan antes que nadie por dónde pasa la historia. Son impacientes a la hora de salir a degüello. Estaban advirtiendo que no tolerarían a un gobierno dispuesto a cuestionar la distribución desigual del ingreso y la riqueza. “Eso es comunismo”, decían. Y, como otras veces en la historia, sedujeron y cooptaron a ese medio pelo más predispuesto a dejarse violar por los patrones, antes que hacer el amor con su pueblo.
Se dice que las transformaciones estructurales en una sociedad suceden cuando el sujeto de cambio está constituido por los trabajadores y los jóvenes. Es la primera condición, no la única, para que los cambios hacia una sociedad más justa, democrática e inclusiva, adquieran la velocidad y la densidad necesaria para consolidarse y seguir al mismo tiempo, profundizándose.
¿No es eso acaso lo que está pasando? ¿No es ese el motivo real del espanto que manifiestan Mauricio Macri y los medios que insisten en titular “caos de tránsito” al brote de una nueva primavera democrática?
Los adversarios de verdad, los que tienen el poder desde siempre, leen la realidad casi igual como las lee un militante popular. Sólo que actúan en sentido contrario.
Vaya con la diferencia.
Por eso apuestan a volver a la vieja receta de utilizar a la clase media como campo de batalla de sus operaciones.
La babosean, la acosan, la manosean, la usan, con el único fin de hacerles creer que con la dictadura estaba mejor; con Menem, con De la Rúa, con el monopolio mediático domesticando a diestra y siniestra, estaba mejor.
Corrieron atrás de las palabras de Cristina en el Luna Park, para desvirtuarlas y licuarlas, como hace el ladrón que grita para confundir a la multitud “al ladrón” y señala a un inocente cualquiera.
Leamos la desgrabación del discurso, no por pereza para el análisis, sino para confrontar verdad con mentira.
Dijo Cristina: “…la verdad es que fue el 24 de marzo de 1976 donde se vino a destruir específicamente la matriz industrial de clase media y generadora de valor agregado que había significado el primero y el segundo gobierno peronista…¡Qué nos pasa! Y acá quiero hablarnos, y no es una cuestión de clase, por favor, soy peronista, a nosotros mismos, a esta clase media tan volátil, a esta clase media como yo, universitaria, a la clase media que muchas veces no entiende y cree que separándose de los laburantes, de los morochos, le va a ir mejor. Le pasó a todos, es como el sino de las grandes frustraciones en la historia argentina. Yo creo que, tal vez, junto a todas las cosas que hemos construido en estos años, una de las más importantes haya sido visualizar, identificar a los trabajadores como uno de los componentes esenciales pero tampoco el único. Creemos en una sociedad policlacista, diversa, en lo cultural, plural.”
Estaba hablando de ella y de tantos como ella.
¿Qué parte no entendieron las plumas mercenarias de Clarín y los sepultureros de la clase media, disfrazados de nodriza?
Sería bueno saberlo, así lo debatimos democráticamente en la primera marcha de la primavera.


Miradas al Sur, domingo 19 de septiembre de 2010

1 comentario:

Daniel Mancuso dijo...

la "gente" ya no come vidrio, de a poco fuimos desarmando el pensamiento único del monopolio, y la clase media podrá darse cuenta de cómo la utilizan, los jóvenes, como siempre, marcan el camino, abrazo