martes, 26 de marzo de 2013

Cuando Argentina juega en las alturas



Hoy  jugamos con Bolivia por las eliminatorias del próximo Mundial de Futbol a disputarse en Brasil el próximo año.
El principal rival es la altura, dicen los que saben.
El maravilloso gesto del presidente Evo Morales queriendo condecorar  a Lio Messi en la ciudad de La Paz, habla también de los tiempos que corren en América Latina.
Esa es la unidad, la solidaridad y  la organización de nuestros pueblos en guiños tan sencillos y fraternales  como generosos y sublimes.
Eso sí, Evo, cuando el referí pite el inicio del partido, discúlpenos pero sólo quedará  el deporte y las ganas de ganar.
Arrancamos así porque al igual de lo que ocurrirá esta tarde en términos futboleros, la realidad de estos días da mucha tela para cortar y  por un largo tiempo. Empecemos.
*150 mil personas  se movilizaron para repudiar el terrorismo de estado impuesto a sangre y fuego por la dictadura cívico militar el 24 de marzo de 1976.
*El 80 % de los que se movilizaron el domingo eran jóvenes y el 90 % de ese total juvenil, fueron militantes de agrupaciones kirchneristas, como La Cámpora, Kolina y Movimiento Evita entre otras.
*Las consignas y el documento consensuado por los organizadores, esta vez fueron mucho más allá de la sola condena a los militares de la dictadura. Se denunció a las empresas que también fueron la dictadura y a la corporación judicial que sigue obstruyendo el paso de la corriente de justicia abierta desde el 2003.
*Minoritarios partidos de “izquierda” irrumpieron en la Plaza cuando hablaban las Abuelas y las Madres, armados de palos y garrotes con una furia propia de facciosos de derecha.
*El mismo día un grupo de jóvenes de familias adineradas agredieron violentamente en San Isidro, Buenos Aires, a una pareja homosexual, Pedro y Agustín, al grito de “El Papa es argentino, no pueden haber putos argentinos.” Esa violencia fue una  expresión distinta pero de la misma raíz que la que utilizaron los genocidas que portaron la escarapela papal ante el Tribunal que los juzga por sus crímenes.
Con estos elementos, ahora hablemos claro. 
El proyecto de país que gobierna la Argentina está movilizado, está unido, está organizado y está en condiciones de ganar las calles cada vez que sea necesario e inteligente hacerlo. No hay una mera gestión de gobierno, más o menos eficiente. Hay un  proyecto de país, con memoria y con futuro, que es algo muy diferente.
Quizá por eso las minorías vuelven a ser violentas y a tener puntos de contactos entre derecha e izquierda.
Ya están avisados. Nadie pisará el palito en esta etapa de la historia. Aprendimos todos. Menos esas minorías.  Y es una pena, por ellos y por el país que se pierden. 

El Argentino, martes 26 de marzo de 2013