domingo, 31 de julio de 2011

Sentido de pertenencia

La elección de hoy en Buenos Aires es otra estación rumbo a los comicios nacionales de octubre y por eso mismo, atravesada por la tensión entre los dos proyectos de país en pugna.

Se puede ganar o perder un distrito electoral, pero sería una tragedia imperdonable desandar 8 años de profundas transformaciones políticas, económicas y culturales protagonizadas por el conjunto del pueblo.

Todo el espacio construido, en cada lugar, contribuye a ese desafío mayor.

Reafirmamos un criterio: el movimiento nacional y popular está en plena disputa política con sus principales adversarios. Ya superó su estado de asamblea interna.

Está haciendo política a cielo abierto. En los barrios, en las fábricas, en las aulas, en las calles. En el gobierno nacional. En los gobiernos provinciales y comunales.

El movimiento siempre disputó poder sin pedir permiso a los viejos dueños del poder económico mediático. Es conciente que no está dirimiendo una elección cualquiera.

Se batalla para acrecentar las bases de sustentación del proyecto de país por el que dieron su vida muchos patriotas desde hace doscientos años.

Visto así el marco general, va de suyo que nuestro genuino sentido de pertenencia nacional se enfrenta a los intereses que intentan diluir y negar ese sentido.

Nosotros queremos cruzar Los Andes.

Ellos, bajo el mando de Magneto y Biolcati, jugar a la mancha venenosa.

El movimiento nacional es un sueño colectivo, una mística de lo popular, un proyecto de país inclusivo.

Envuelto en esas consignas, resumidas en la alegría de la juventud cuando agita con orgullo la bandera de la patria, el movimiento marcha con sus contradicciones a cuestas, con sus asignaturas pendientes, con sus interrogantes, pero sobre todo, con sus certezas y su propia identidad, hacia el 14 de agosto primero y hacia el 23 de octubre después.

“De casa al trabajo y del trabajo a casa”, pero haciendo política. De la manera más inteligente y eficiente, porque la meta es una sola: ganar las elecciones.

Nada ni nadie puede desviarnos de esa meta estratégica y todas las energías deberán ser puestas allí.

Del lado del proyecto neoliberal y de exclusión social, Biolcati ya lanzó su “grito de guerra” en la Sociedad Rural, encarnando las cientos de tapas de Clarín contra el gobierno de Cristina.

Saben que están en problemas.

Carecen de una masa crítica social como la que tuvieron con Braden y la Unión Democrática. A eso apuntaba el Grupo A en el Parlamento, pero se fisuró en menos que canta un gallo. Además, los vientos de la historia soplan en dirección a la integración y la igualdad de los pueblos de la América del Sur.

El paso de Cristina en Perú y en Brasil, habla de ello.

Néstor Kirchner resumió las nuevas tareas a fines del 2009: “Debemos tomar clara conciencia de que es fundamental organizar la voluntad en idea, organizar la idea en acumulación de poder y organizar la acumulación de poder en el instrumento transformador que definitivamente nos permita cambiar la Argentina y dar la batalla, con todas nuestras fuerzas, para que ese cambio sea profundo y no tenga retrocesos.”

En la misma sintonía, Cristina denomina a esta etapa “La institucionalización del proyecto nacional, popular y democrático”. Y agrega: “La institucionalización de un modelo de país es cuando se hace carne en el conjunto de la sociedad porque visualiza que ese es el camino más acertado como país y como nación”.

Para lograrlo, todos debieran estrechar filas en torno al objetivo común, evitando perderse en los laberintos con que a veces los provocan.

La ornamentación y el estilo de nuestra campaña emplearán, seguramente, las maneras más eficientes y modernas para convocar el mayor espacio social posible.

Se trata de ganar, no de hacer “una buena elección”. Pero sin renunciar a las convicciones ni a las banderas que se recuperaron con el liderazgo de Néstor y Cristina.

El supuesto “fenómeno” Miguel del Sel confesó que desde su partido, el PRO de Macri, votará por Duhalde.

Hace política en representación de lo peor de la vieja política con Duhalde, Momo Venegas o Barrionuevo, el que se presentaba como “recontra alcahuete de Menem”.

No hay un retroceso en la conciencia social ni en el valor que recuperó la política.

Es lo que pretenden instalar ellos.

Sí se está prefigurando el escenario donde volverán a dirimir en las urnas dos proyectos de país: el nacional, popular e inclusivo y el proyecto neoliberal.

En medio de esta complejidad caótica que plantea la oposición y el poder económico que lo esponsorea, la candidatura de Cristina se encamina a la victoria.

No hay que perder la noción de historicidad ni el contexto histórico que estamos atravesando. Cuando esa noción se diluye, cualquier barquinazo es posible. Es entonces cuando los análisis discurren sobre la “subjetividad” del votante, que esconden, en verdad, la propia subjetividad del comentarista.

Sólo la memoria nos hará libres.

La Argentina fue el mejor ensayo de las políticas neoliberales a escala global en los años noventa. Antes y después, la frustración radical.

Pero ¿qué fue de la vida de los neoliberales en estos últimos años? ¿Se mudaron de país? ¡No! Están entre nosotros. A veces agazapados y a veces, no.

Conservan el poder usurpado con la dictadura cívico militar.

Ahí están los Blaquier para demostrarlo en toda su crueldad.

La nueva matriz social argentina cruza las coordenadas que vienen de largas décadas de opresión y hegemonía cultural colonizante, con las coordenadas que emergen a partir de la asunción de Néstor y Cristina Kirchner.

La puja entre los dos proyectos de país acontece en esa realidad compleja.

Hay olor a cosa vieja en esas factorías punteriles que representan los intereses de aquellos que se negaron históricamente a sumarse y mucho menos a subordinarse a un modelo de país igualitario y soberano. Aunque ese modelo fuese exitoso en lo económico. No les importa ganar más, solamente. Les importa dominar el país.

Que ellos “ataquen”, Durán Barba dixit.

La generación del Bicentenario defenderá el orgullo de tener Patria.


Miradas al Sur, domingo 31 de julio de 2011

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