lunes, 8 de abril de 2013

Si no creyera en la locura



Alguien cantaba por lo bajo La Maza, esa bella canción de Silvio Rodríguez, cuando ella hizo su entrada al lugar.  
Cristina sabe que aunque disimulen por pudor y responsabilidad, los pibes siempre la esperan.  
Apareció así, tan de repente. Se abrazó con todos y arrancó la tarea compartida con los militantes de La Cámpora y otras organizaciones que la escuchaban y a los que ella escuchaba atentamente.  
Preguntó por el rol de cada uno, la cantidad de ayuda recibida y repartida entre los damnificados, los lugares asistidos, la organización que se daban, las horas dedicadas.
Y fue como si el viento encontrara la justa dirección con su presencia.
Recién cuando se marchaba, la emoción se desbocó y nuevamente la Presidenta fue “Cristina”, la compañera.  
Sucedió ayer en la dolida ciudad de La Plata, en la Facultad de Periodismo que dirige Florencia Saintout.
En la otra punta de la vida la TV anunciaba que habitantes de Los Piletones denunciaban a   Mauricio Macri por atropellar  a dos vecinos afectados por el temporal en la Ciudad.
Una mujer embarazada y un joven que sólo pedían ser escuchados por el jefe del PRO fueron atropellados por el auto oficial que escapaba de las voces desarmadas que lo increpaban por el desamparo.
De las tragedias se aprende. Es el ejercicio que venimos haciendo en estos días de dolor colectivo. Ahora ya sabemos, por si había dudas, quiénes ponen el cuerpo a la desgracia y quiénes no. Quiénes se hacen cargo y quiénes no.
Quiénes abrazan y quiénes atropellan.
Flotan como náufragos de otros tiempos la palabra chabacana del  presidente Mujica, el vademécum de derecha del periodista Juan Miceli y Macri justificando su ausencia por la necesidad de más descanso que los 100 días que ya se tomó, igual que Rodríguez Larreta, igual que el jefe del PRO en la Plata paseando por Miami, igual que Bruera por Río de Janeiro.
No es banal discutir lo de Miceli, como pretende la liviandad de cierto progresismo baja caloría. Puso en tela de juicio el valor más sublime que recuperó la democracia  desde el 2003: la participación política de la juventud. Ya debería entender que la política es la herramienta de transformación que tienen las democracias cuando la conducen los pueblos y no los poderosos como su antiguo mesías Magneto.
La ausencia de los gobernantes no debería quedar como un desliz de ocasión. Es lo que son. 
Como ayer en Bariloche, el pueblo decide la suerte de sus gobernantes si traicionan su mandato.
Y el Pepe Mujica.
Duele que un viejo guerrero termine quebrando aquella terca voluntad que lo ayudó a sobrevivir en dictadura. Si le queda un resto de memoria, lo seguimos esperando. 
Que para esperar, también somos  tercos.

El Argentino, lunes 8 de abril de 2013