domingo, 17 de junio de 2012

El kirchnerismo es la primera vez de algo nuevo



Pasó en apenas un puñado de días.  
La Presidenta brilló en las Naciones Unidas reivindicando nuestra soberanía en Malvinas. Participará en el G-20 defendiendo la idea de un mundo más justo. Irá a la Cumbre mundial del Ambiente en Río con una mirada que defienda los recursos naturales de los pueblos del sur. Recuperamos YPF y a Felipe Varela. Está en marcha el Plan de Viviendas más importante en un siglo.
Del otro lado, todo es gris.
Los paros sorpresivos de Moyano hacen de infantería  en el ataque despiadado del Grupo Clarín ante el fracaso de las cacerolas. Pero no pueden mover el amperímetro en el humor de una sociedad que, con sus matices, vive mucho mejor que hace 10 años e intuye que con este modelo estará mejor en el futuro.    
Por primera vez en estos 9 años y pico de gobierno, hay elementos suficientes para verificar que estamos en una nueva etapa de la historia.
Ya superamos nuestro punto de bifurcación. El proyecto que expresa el kirchnerismo es la primera vez de algo nuevo; pasó de ser una perspectiva en el horizonte, a ser una realidad efectiva que renueva su utopía a medida que avanza en su derrotero. No tiene topes. Ni se propone tenerlos.
Lo nuevo ha nacido y lo viejo está muriendo.  
La seguidilla de hechos enunciados al principio, la velocidad de los acontecimientos, la cualidad de los cambios, son razones suficientes para observar que estamos transitando un nuevo ciclo histórico.
Nada de ello hubiese acontecido si a nivel local no estuvieran los cimientos del proyecto de país que se construye.  
Pero acontece lo nacional y acontece lo internacional en simultáneo: Argentina camina en medio del vendaval mundial, sin que nadie quede afuera.
Precisamente, lo nuevo se manifiesta cuando un proyecto de país se consolida andando siempre hacia adelante. Es decir, cuando sus acciones políticas, sociales, económicas y culturales, alumbran futuro.
Mientras que lo viejo acciona siempre hacia atrás, en busca de recrear un escenario del pasado que le permita recuperar el capital perdido.
Así por derecha como por izquierda.
Es notable apreciar la nitidez de lo viejo en los discursos opositores conducidos por el monopolio del Grupo Clarín. Todas y cada una de sus críticas al modelo de desarrollo inclusivo que lidera Cristina, conllevan necesariamente la contrapropuesta de las políticas neoliberales.
“Dolarizar y liberar la política cambiaria” como proponen alegremente,  implicaría una fuerte devaluación de la moneda que sólo favorecería a los grandes exportadores y a los que lucran con la especulación financiera; los grandes derrotados serían los trabajadores y las clases medias, que verían licuar sus ingresos y ahorros como en el 2001.
Sub-ejecutar presupuesto social, como hace el gobierno de Mauricio Macri, es otra rémora de los años noventa. Están los fondos, se redistribuye mal, se retienen partidas sociales y el resultado es el abandono de hospitales, escuelas, personas en situación de calle y el aumento de la mortalidad infantil en la ciudad más rica del país.
Ese es “el país” que quieren que se les devuelva.
La derecha atrasa si pretende hacer política con categorías perimidas en este continente. Desconocen que lo viejo sólo sirve cuando alimenta la memoria colectiva y brinda pistas para el porvenir.  
Es interesante observar cómo aquellos sectores políticos y sindicales opositores  al gobierno nacional inevitablemente juegan adentro del área de Magnetto y compañía.  
Llaman “hegemonista” al kirchnerismo porque esconden la impotencia y la imposibilidad de reconocer que el kirchnerismo viene expresando el movimiento transformador de un grueso de la sociedad. Y que por eso sigue creciendo.
Con sus vaivenes, sus contradicciones, sus impurezas, el kirchnerismo es la primera vez de algo que nació definitivamente entre nosotros. Que responde a fuerzas dinámicas que vienen desde lo más lejos de la historia. Que optó por identificarse con esas fuerzas y estimular su ensanchamiento, su profundidad y su horizonte sin límites.
La Argentina dobló la curva de su incertidumbre. ¿Cómo podrían lograr, los que así se lo propongan, que vuelva al punto cero alguna vez? Imposible. Al menos, en una democracia cada vez más participativa.
El mundo que viene será una caja de sorpresas. Hoy estamos en pleno salto o mejor dicho, en plena caída de aquel viejo mundo que insiste en escalar tirándose al vacío. Cuando termine este desastre político y financiero que está rompiendo a Europa ¿qué mundo tendremos ante nosotros?
Será otro mundo, seguramente. Pues bien ¿cuáles son las fuerzas locales en aptitud y condiciones de darle la bienvenida a esa nueva realidad global, si se excluyera al kirchnerismo?    
Digan lo que digan, no hay otra fuerza en el horizonte.
Es inapelable la distancia que media entre Cristina y el resto de la dirigencia.
Las nuevas expresiones que responden a la cultura que emergió después de nuestro propio derrumbe en el 2001 se nuclean en el amplio espacio kirchnerista. Afuera de ese espacio, está la nada como palanca de una caja de cambio que sólo tiene marcha atrás.
Diagnosticar y comentar sobre la crisis europea ya es casi un lugar común. Lo difícil y desafiante es hacerlo con el mundo que vendrá después de esta crisis. Igual ejercicio habrá que hacer con nuestro propio país.
¿Cómo será la Argentina después de Cristina? Y no vale sólo como entretenimiento analítico, sino como ensayo que nos permita apreciar en su justa dimensión todo lo que se logró en estos años y las asignaturas pendientes que aún quedan por resolver. Advertidos que lo viejo también vive en las grietas de lo nuevo. A nivel personal y colectivo, a nivel institucional y social.
Hay que remover las capas geológicas que se corresponden con otro período de nuestra historia. Cada funcionario estatal, esté donde esté, debería tener en el contacto personal con el público usuario, los hombres y mujeres que llamamos pueblo, el humanismo y la  predisposición transformadora que demuestra Cristina al frente del timón mayor del Estado.
Eso también es sintonía fina.

Miradas al Sur, domingo 17 de junio de 2012


1 comentario:

Laura Campopiano dijo...

COMO SIEMPRE COINCIDO CON TU PENSAMIENTO. UN SALUDO CUMPA. LAURA