domingo, 8 de mayo de 2011

Soñar, organizar, transformar y seguir soñando

Cuando Cristina Fernández de Kirchner llamó el jueves pasado desde el conurbano bonaerense a organizarse desde abajo, no para recibir, sino para transformar la realidad, entendimos que estaba dando una clave de sol para afinar los instrumentos que dispone el pueblo en este tramo de la historia argentina.
El sueño inaugurado con Néstor Kirchner amaneció de apuro, a borbotones, a dentelladas.
Cristina pareció decir: llegó la hora de organizarnos como pueblo para entrar a una etapa de transformaciones profundas y así, poder seguir soñando con un país cada vez más justo, más inclusivo, más libre, más bello.
En el mientras tanto, todo transcurre en simultáneo.
El pueblo y sus expresiones más representativas se muestran en plena ofensiva cultural y democrática, en todos los terrenos donde juega su destino.
Los opositores, en cambio, retroceden en chancleta, abandonando víveres, editoriales y recursos humanos en la estampida.
La exitosa presentación de “Zonceras”, el libro de Aníbal Fernández en la Feria del Libro y el nutrido encuentro organizado por Carta Abierta en el mismo lugar, la presentación decadente y abrumada del escritor Vargas Llosa y la delegación de la SIP en Buenos Aires, la aparición pública, emotiva y contundente de Victoria Montenegro y de Victoria Moyano Artigas, la movilización festiva y masiva de los 500 mil trabajadores convocados por la CGT en la Avenida 9 de Julio y el acto en el Luna Park de la CTA, ambos eventos en homenaje al 1º de Mayo, la sanción de la ley que regula la medicina prepaga y las sanciones judiciales contra Techint, parecieran episodios dirigidos por la batuta de la historia.
Y quizás lo sean.
Las condiciones objetivas están, las subjetivas también. Y al que le quepa dudas, que observe y aprecie la insurgencia pacífica y constructiva de esta nueva generación de jóvenes que llegó para quedarse.
En este marco se entiende mejor la deserción opositora.
Si la de Pino Solanas demuestra que el centro izquierda del escenario político le pertenece por entero al kirchnerismo, la deserción de Macri expresa la fortaleza del gobierno y, en consecuencia, la debilidad de la derecha.
La de ellos no es una “opción inteligente” por la Capital. Es, simplemente, una caída libre.
Este cuadro de situación plantea la necesidad de rehacer varias tesis políticas, reescribir categorías de la sociología, manuales de estilo y hasta las recetas de doña Petrona C. de Gandulfo.
Habrá que saber leer correctamente las consecuencias del agujero negro que provocará la extinción de la “estrella” del PRO.
Se desmoronó la hipótesis de una pugna electoral entre quienes representarán al modelo nacional y popular, de un lado y Macri del otro.
Ese escenario ya no estará. Salvo que Magneto se presente sobre el filo del reloj electoral.
¿Entonces? ¿Habrá que barajar y dar de nuevo en el oficialismo? ¿O todo sigue más o menos igual? ¿A quién le hablará el kirchnerismo de aquí en más? ¿Dónde y cómo quedan ubicados los que fueron abandonados por sus falsos profetas? ¿Qué fue y será de los bien intencionados que pensaban votar a Solanas para apurar “por izquierda” al gobierno nacional o “por derecha” votando al pejota federal?
Los interrogantes inquietan cuando son sinceros.
La deserción más canalla de los dirigentes opositores es con sus potenciales votantes. Pero no parece preocuparles. Sólo piensan en ellos, no en la gente que los seguía.
Desde esa lógica de superestructura absoluta, arman y desarman sus asociaciones.
En tal delirio dirigencial no importa cómo piensa el otro, porque nadie piensa de verdad. Hacen suma y resta cuando lo que tendrían que hacer es literatura de borrón y cuenta nueva.
Demuestran que no tienen proyecto de país sino apenas un mal proyecto de mercado.
Si lo hubiesen tenido, van al ruedo a ganar o a perder. Que de eso se trata la vida en democracia cuando se tienen convicciones, principios, valores y proyectos colectivos.
Esta oposición es la borra del último café de la vieja política.
Esos dirigentes no sobrevivieron para reformular las formas y el contenido de sus propuestas de acuerdo a las demandas de la sociedad.
Quedaron como estatuas de sal, como ese ejército de terracota de la dinastía china o como el barco encontrado en el fango de las obras de Puerto Madero.
Enteros en apariencia, pero ni bien les entra aire o los bañan de realidad, se deshacen entre los dedos frágilmente. Son lo que fueron. Sin conciencia de si ni para si.
El vacío que deja esta oposición en retirada debiera ser llenado por las propuestas de país que viene desarrollando el kirchnerismo desde el 2003.
Ese es el salto cualitativo al que deberá atreverse el oficialismo en todos sus niveles.
Ya no debería hablarle sola y exclusivamente a los seguidores. Con los leales de siempre deberá salir al ruedo a conversar con quienes quedaron abandonados en el campo de disputa.
¿O acaso el anacrónico Duhalde o un actor de reparto enviado por Solanas los podría representar siendo como son parte del mismo naufragio opositor?
El kirchnerismo hoy expresa no una ficha partidaria, sino un proyecto de país.
Es el modelo de desarrollo inclusivo que encabeza Cristina el que les da representación genuina a todos los argentinos.
Y si con este modelo nadie queda afuera en términos sociales, culturales y económicos ¿por qué razón deberían quedar desamparados en términos de representación política?
Razonar así es agrandar la cancha, siempre. Razonar así es dar cuenta de que hay un proyecto nacional en marcha y no tan solo, un proyecto electoral.
En este entendimiento, las fuerzas del campo popular deberían consolidar el espacio transformador que le es propio y ocupar, por mandato de la historia, todo el campo de batalla contra el atraso, contra la heridas que nos quedan, contra la desocupación y la pobreza que aún persisten, contra el olvido y la impunidad, contra la vieja política, contra el monopolio mediático del Grupo Clarín.
Si en definitiva, transformar para seguir soñando es lo que da sentido a la vida.



Miradas al Sur, domingo 8 de mayo de 2011

1 comentario:

Unknown dijo...

replico compañero