domingo, 7 de junio de 2009

LA PLAZA DEL ÁNGEL GRIS



Hay señales de un nuevo tiempo en la Argentina y en el mundo. Hay que mirarlas bien para interpretar lo que nos sucede y lo que nos podrá suceder.
Son las borras de café de nuestro destino colectivo.
Saber, por ejemplo, que la Legislatura porteña debatirá próximamente en Audiencia Pública el cambio de nombre de la plaza “Pedro Eugenio Aramburu”, en el barrio de Flores, por el más poético de “Plaza del Ángel Gris”, en homenaje a la obra de Alejandro Dolina, es una señal que pacifica las almas. Porque no se intenta el revanchismo odioso de trocar el nombre de un dictador por que sí.
Se trata de cambiar un símbolo de la violencia inaugural de una etapa proscriptiva de las mayorías populares, por otro que expresa el alma de un barrio.
Los fusiles de la llamada “revolución libertadora” que derrocó a Perón en 1955, son reemplazados y superados por las crónicas poéticas de Dolina. Es felizmente, una reivindicación de la prosa y la poesía. Una señal de que entramos en otro tiempo, donde la intolerancia de algunas minorías es respondida por la templanza y la madurez de quienes han perdido ya mucho en el camino como para perder ahora el sentido profundo de la democracia.
Un acto de belleza y convivencia social, siempre es un motivo para festejar.

Los datos objetivos que aparecen a diario publicados sobre los escándalos y bochornos y causas judiciales que afectan a miembros distinguidos de la oposición, también son una señal, aunque de signo negativo.
¿Vuelve el menemismo acaso? ¿Vuelve la alianza delarruista? ¿Vuelve el incendio del 2001? ¿Vuelve esa triste época donde la corrupción se mezclaba con el espectáculo televisivo y la desocupación creciente y el falso 1 a 1 entre el dólar y el peso?
Uno siente escozor con sólo pensar que el retroceso colectivo está amenazante a la vuelta de la esquina. Pero ahí están las señales.
La apertura de la causa por el tráfico de efedrina que afecta nada más y nada menos que al candidato estrella de la oposición menemista apadrinada por Eduardo Duhalde, el millonario Francisco De Narváez; las públicas rencillas de Macri con Gabriela Michetti; de Felipe Solá contra todos ellos; las pruebas fílmicas mostrando al primer candidato porteño del macrismo por votar por él y por otros legisladores ausentes en las sesiones; la denuncia judicial de los radicales oficiales contra los correligionarios de Julio Cobos para impedir la presentación de sus propias listas colectoras; la acusación de seguidores de Carrió contra el representante de Cobos en la provincia por su probable vínculo con la prostitución de menores…
¡Basta!
Hay más señales negativas, pero nos revuelve el estómago seguir con el listado, ahora que se acercan las elecciones y este pueblo que somos debe tomar una decisión categórica, inapelable, histórica.
La oposición a este gobierno y a este modelo, que con sus aciertos y errores nos sacó de la crisis y sigue haciendo crecer la economía del país en todos los terrenos, no constituye un cambio superador. Es lisa y llanamente una marcha atrás sobre el camino recorrido desde Néstor Kirchner hasta el gobierno de Cristina.
Habrá que pensar en todo esto en las tres semanas que restan hasta las elecciones. Y no perderse en las cortinas de humo que, en la desesperación, los medios opositores intentarán vender a la población, con falsas denuncias sobre “fraude”, “boletas truchas” y seudo encuestas que dibujan los resultados que persiguen, pero no son los que demuestra la realidad. Que sigue siendo la única verdad.
A todo esto, Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Carlos Heller, continúan trajinando la campaña basados en todo lo hecho por el Gobierno nacional hasta el presente.
Hacer, hacer, hacer es su consigna.
Una manera reparadora de la consigna de los opositores: hablar, hablar y hablar.
Llega el tiempo de la definición crucial de una sociedad harta de violencia, de charlatanería, de un pasado de injusticias.
El modelo de los argentinos a elegir, es aquel que nos devuelve el trabajo, la identidad, y por sobre todo, los sueños de un país mejor.


(Jorge Giles. El Argentino. 07.06.09)

3 comentarios:

Daniel Mancuso dijo...

gracias a todos los blogueros con los que intentamos construir un red alternativa de información y debate, abrazo grande a todos... ¡siguiendo la huella de Rodolfo Walsh!

MONA dijo...

Exacto. Estamos hartos de la charlatanería, y vamos por los sueños!!! Vamos por m´ças y mejor trabajo para todos, por la dignidad de los argentinos!!!
Aprovecho para comentarte un rumor, del cual, los que seremos fiscales, tenemos que tomar en cuenta. Dicen que la oposición imprimirá boletas casi idénticas a las del partido justicialista, y van a omitir un candidato. Cuando hagan el recuento de votos van a impugnarlas.
De Narváez está en este momento en la TV, y dice que hay que tener mucho cuidado con los K... y yo le aplico a él un refrán que dice "el ladrón ve a todos de su condición"
Saludos

trenazul dijo...

De todas formas el nombre de una plaza es algo simbólico, y está en la sociedad hacerle caso o no a los símbolos.
Yo preferiría que le hagamos caso a la plaza del Ángel Gris, situada quizás en la calle del bien y del mal.

Saludos; felicitaciones por tremendo blog.

trenazul