martes, 28 de agosto de 2012

El Eternauta en Venecia




La vida está llena de ausencias inoportunas.
Por ejemplo, las de ayer.    
Resulta que un Macri faltó a la reunión convocada por el acuciante tema del transporte en el área metropolitana.
Mauricio, es su nombre. Y es el Jefe de la Ciudad de Buenos Aires.
Otro Macri faltó a la inauguración presidencial del primer pabellón argentino en la Bienal de Venecia, transmitido por Cadena Nacional desde Tecnópolis, en Villa Martelli.
Jorge, se llama. Y es el Intendente de Vicente López.  
¿Es que los Macri no quieren participar siquiera en eventos que son de interés de millones de argentinos sin distinción de partido, credo religioso o condición social?
Son el desgano en su máxima expresión corporal.
Tuvo que intervenir una jueza para obligar a Mauricio Macri a retirar el dinero que hace tiempo el gobierno nacional depositó en la cuenta de la Ciudad para subsidiarle los subtes.
Debería exigirle, además, que retire los vagones que compró la Nación para transferirlos a la Ciudad.
¿Por qué no trabajan y después discuten lo que se les venga en ganas?
¿O están provocando nuevamente a los trabajadores para que se interrumpan los subtes, haya bardo y se intoxique el clima social?
Hay que exigirles que trabajen.
Pero también hay que guardar en la memoria estos desplantes al sentido común de una sociedad que sólo quiere vivir en paz y en libertad. No hay que olvidarlo tan fácil. 
Sabemos que provoca hastío hablar de una oposición que cuando gobierna una ciudad, una provincia o un Congreso, comete siempre los mismos desatinos.  
Nunca es triste es la verdad, lo que no tiene es remedio, dice Serrat.
Sigamos.
La gente del Arte dice que la Bienal de Venecia se destaca no por lo que muestra, sino por lo que despierta. El arte mayor del planeta se da cita allí para interrogar al hombre sobre su destino, dicen.
Argentina tiene por primera vez en un siglo su propio sitio oficial en esa magna vidriera.
La Presidenta hizo que se transmita por Cadena Nacional la llegada del Eternauta y otras expresiones artísticas y arquitectónicas, junto a los arquitectos y artistas que nos representarán orgullosamente en la Bienal.
¿Qué dirán ahora los que en estas pampas se creían dueños de la cultura y de la vida?
De este modo, la Presidenta unió las dos puntas de un mismo camino: inauguró el Pabellón argentino en Venecia y entregó los primeros diplomas universitarios a los compatriotas que se capacitaron en el marco del Programa Argentina Trabaja.
Y todo en un mismo acto.
En Tecnópolis, la educación se mostró en su más bella expresión cooperativa.
Y en Venecia, lo que Macri quiere prohibir aquí, se consagró en la mayor Bienal del mundo.
La vida está llena de presencias oportunas.

El Argentino, martes 28 de agosto de 2012

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