miércoles, 8 de abril de 2009

LA PASIÓN, SEGÚN LA PATRIA

Esta Patria americana que somos, se fundamenta en la pasión.
En la pasión encendida de Belgrano, de Moreno y San Martín, en la pasión de Artigas, Bolívar y Martí.
Ahora que llegan los días santos que enjuagan el alma, quizás nos ayude repasar la historia larga y la historia corta de la Patria, para saber de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.
La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner provoca este debate cuando dice en Jujuy que los patriotas conducidos por Manuel Belgrano no dudaron en quemar sus casas para que la Patria viva, mientras que hoy algunos son capaces de incendiar la Patria para salvar sus riquezas.
Y ahonda el convite cuando ayer, en La Matanza, pide a la oposición que explique cuáles son sus políticas alternativas a las políticas que cuidan el empleo y el consumo interno.
¿Qué fue el Éxodo Jujeño sino la cuna épica de la Patria?
Un Manuel Belgrano vilipendiado por el Triunvirato porteño, empobrecido de recursos, sin tropas profesionales para resistir a los godos, apela a la pasión del pueblo jujeño para decirles el 23 de agosto de 1812, ya con los enemigos en la puerta: “Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, os he hablado con verdad…Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al ejercito de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres”
Todo un pueblo se le pliega por delante. El General le cuidaba sus espaldas. Serán las familias más ricas las únicas que se niegan al heroico éxodo.
“El general parece frío pero una lagrima le vi,
Porque esta batalla, la debemos pelear así.
Ahora ya lo entiendo, que no podemos quedar,
Porque una tierra libre, los hijos deben heredar”
Canta la coplera a la gesta popular conducida por ese criollo que sin ser militar, fue un heroico General. Es el mismo Belgrano que sobre el modelo económico más conveniente para la patria, expresaba: “el modo más ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra es ponerlas antes en obra o manufacturadas; la importación de las cosas de absoluta necesidad, no puede estimarse un mal, pero no deja de ser un motivo real de empobrecimiento de una nación”
Venimos de allí. De esa pasión y esa inteligencia que fue capaz de crear cuarenta escuelas allí donde el país andaba aún entre pañales.
¿Acaso había políticas alternativas a Belgrano? Claro que sí. Los que cortejaban con todo lo extranjero en desmedro del interés nacional, los que negaban la soberanía, los que con Rivadavia le ordenaban retirarse sin pelear contra los invasores, los hacendados ricos y los comerciantes del puerto.
De esas viejas disputas venimos.
En estos días, habrá que beber de nuestra historia para cultivar la necesaria fortaleza de espíritu, al ver como continúa, dos siglos después, la humillación a los pobres por parte de los poderosos.
Ya no disimulan. Se muestran como son. Miserables.
Estamos pensando, por ejemplo, en la infame nota del diario Clarín del domingo 5 de abril, acusando a los pobres de lucrar con su pobreza, haciendo con el vientre de las mujeres “la fábrica de hijos que las hace concebir en serie, para obtener una mejor pensión del Estado”. Eso escribieron.
Los pobres procrean a sus hijos dignamente. No los roban de padres desaparecidos.
Cuando se reescriba la historia de la infamia, habrá que recordar esta nota, leerla veinte veces y veinte veces devolver la afrenta a los humildes.
Si Belgrano viviera, se moriría nuevamente, pero de vergüenza.
Son estos escribas, sus gerentes y sus mandantes económicos, la alternativa al modelo gobernante. Son los que se niegan al pleno empleo, la producción industrial y a la redistribución del ingreso; son los que resisten la reconstrucción de un Estado que vuelve a caminar al lado de los que menos tienen.
No hay disfunción entre el modelo de país que se defiende y el talante humano que lo expresa.
Quienes optan por un país miserable, es porque ellos lo son. Habrá que saber cuidarse, entonces, de los “Tíos ricos” y de los “desapasionados”.
Los apasionados se equivocan a menudo, pero en definitiva, son los que hacen caminos, escuelas, hospitales, reabren fábricas y trabajan por la unidad, poniendo siempre la otra mejilla. Como dice la canción de Lito, esa es la verdadera historia, quien quiera oír que oiga.
(El Argentino. 08.04.09)

1 comentario:

Ester Lina dijo...

El que pone pasión, puede equivocarse. El que no tiene pasión no se equivoca nunca, porque nada hace...
Saludos!!!