domingo, 14 de julio de 2013

No hace falta espiar el sueño latinoamericano



Señoras y señores, compañeros y adversarios, ya estamos notificados: nos espían a todos.
El amigo americano, el imperio yanqui, el Tío Sam, llámelo como prefiera, tiene su catalejo y su oreja apuntando a su alcoba, a su baño, a su cocina, al jardín de su casa, a la escuela de sus pibes.
Quizá ya lo sabíamos y lo disimulábamos. Quizá el espionaje cumpla tantos años como cumple la CIA. Quizá la nueva tecnología sólo permitió al imperio meterse debajo de la cama de nuestros secretos mejor guardados. Entonces, si eso no es lo nuevo, lo nuevo es darnos cuenta dónde estamos parados, en qué mundo, en qué región, en qué retazo de la historia decidimos pararnos de una vez y para siempre. Esa certeza es la que inaugura el cambio de época.
Hay una generación que vivió tres mundos durante su corta vida: el mundo bipolar y la guerra fría entre los EE.UU. y la Unión Soviética; el mundo unipolar de los EE.UU; y el mundo multipolar que ha nacido entre nosotros; con EE.UU y China; con las locomotoras de las BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que consumen lo que venga; y con la América Latina, unida y organizada pese a  sus contradicciones.
Esta sucesión nos permite medir la velocidad que ha tomado la historia en lo que lleva andando el nuevo siglo. A todo vapor.
Los reacomodamientos de las capas tectónicas del planeta en términos políticos, económicos, sociales y culturales se han venido sucediendo en décadas. Pero lo que irrumpió novedosamente es esta América Latina y el Caribe que ya no miran desde las tribunas los cambios que se operan a la espera que la potencia del norte les asigne el lugar que le corresponde en el nuevo tablero. Con debilidades y fortalezas, con una costa atlántica que gira del centro hacia la izquierda y una costa pacífica con guiño a la derecha, lo cierto es que la región viene de consolidar en Montevideo su voluntad inquebrantable de sostener y desarrollar su propia identidad y soberanía.
En ese anillo estratégico conformado por la UNASUR, el MERCOSUR y la CELAC está el domicilio de la fortaleza de nuestras naciones. El país que no lo entienda así, caerá preso del collar que intenta montar el imperio resucitando el ALCA a cómo sea; lo que equivale a caer de una manera indigna y vergonzosa. El resultado de cualquier división continental será siempre el mismo: perderán los pueblos y los países que en esta década han avanzado lo que no avanzaron en 200 años.
Dios nos libre y nos guarde.
En este marco se entiende la impotencia del norte dando el zarpazo contra el avión del Presidente Evo Morales. ¿Por qué? Porque el norte perdió el control absoluto sobre su patio trasero, es decir sobre nosotros. Ya no somos una pieza a control remoto en el tablero mundial, donde  Argentina,  Brasil y Venezuela juegan acá o allá, entregando dócilmente sus recursos naturales según decidan las potencias mundiales; o que formen parte de la alianza militar del norte;  o que legislen de esta forma o la otra. Eso empieza a ser cosa del mundo que ya no está entre nosotros.
Aún así, avisan que dejaron sus topos.
Si la América Latina se vale de esta nueva configuración mundial, pero por sobre todo, de su propia configuración regional signada por la consolidación de esta pléyade de líderes políticos que hoy nos gobiernan, la mitad del camino habrá sido recorrido.
Este fue el eje del discurso de nuestra Presidenta en el MERCOSUR:
“El compromiso de unidad para hacer frente a un mundo difícil, complejo y por momentos hostil, que tiene nuevas formas de colonialismo más sutiles y que busca ver al grupo regional separado y dividido”.
En este marco es posible medir la mediocridad de los opositores locales, incapaces de advertir estos grandes cambios, preocupados como están por el último jingle de campaña. Dan vergüenza ajena. Ellos y sus mandantes de la corporación mediática. No tienen ideas ni proyectos  más que el de sumarse a desestabilizar al gobierno nacional y popular presidido por Cristina.
Para peor, el mascarón Lanata viene naufragando feo. ¿Con quién lo reemplazarán si se cae el show  de los domingos? Lo precisan fornido para respaldar al jugador que pusieron en la cancha. Vaya a saber qué harán con Sergio Massa cuando llegue el día que tenga que decir definitivamente de qué lado de lado de la vida está.
O sea. Mientras Cristina juega en un tablero donde se decide el lugar en el mundo que ocupará Argentina y la región en la próxima centuria, los opositores juegan en el  laberinto que les impone el poder económico dominante. Es la distancia que media de acá a la luna, ida y vuelta.
Esto también se decide en las elecciones de agosto y octubre. Por eso la responsabilidad de la hora indica que votar por las listas del Frente para la Victoria y el proyecto que lidera Cristina o votar por cualquiera de las variantes opositoras, no es cuestión de camiseta partidaria, sino de ratificar o no el rumbo histórico que venimos transitando desde hace diez años.
Es cuestión de intereses, como dijo Cristina en el MERCOSUR: “Que no me vengan con ideologías, estoy hablando de números”  y apuntó que entre el 2003 y el 2012 el ingreso per cápita para América latina era de 3.068 dólares, en tanto que en el resto del mundo registraba un ingreso de  “más del doble” de 6.379 dólares. En cambio, a partir de la  “recuperación de la región” en la última década, a fines del 2012, “luego de que América del Sur transcurriera bajo gobiernos populistas”, el ingreso per cápita en Latinoamérica es de 11.812 dólares y en el resto del mundo 10.980 dólares.
“Esta es la historia de la región en números; ni de ideas ni de colores; estoy hablando de lo que significan esos números en la vida cotidiana de nuestra sociedad: significan la inclusión social de millones que carecían de trabajo y que no tenía ni educación ni salud”, subrayó Cristina.
No hace falta espiar nuestros sueños, están allí, a la vista de todos.
Este es el país de Tecnópolis, el país del presente y el futuro compartidos.
Pasen, vean, disfruten  y después nos cuentan.

Miradas al Sur, domingo 14 de julio de 2013