jueves, 2 de junio de 2011

Una ronda de Madres en la Plaza



Esta tarde la Plaza de Mayo vivirá seguramente una gran jornada de amor y de pasión, acompañando en multitud a nuestras Madres del pañuelo blanco.
No será una ronda más.
Serán muchos los que hoy acompañarán a Hebe y sus Compañeras y al hacerlo, se sentirán su escudo, su abrigo, su coraza de ternura y de combate contra los injustos.
Este pueblo sabe, desde el propio cuero, desde su propia historia, que cada vez que sus enemigos vinieron por su suerte, se valieron de algún Judas para empezar la faena.
Estén adentro o afuera de las propias líneas de ese mismo pueblo.
Pero como ya nadie cree en los heraldos de la muerte y en sus cómplices, porque sabe que mienten, cierra filas sin dudar, cuidando lo más puro que tenemos como pueblo.
Y eso puro son las Madres de Plaza de Mayo.
Cuando se entregaba la patria, se mutilaba el trabajo, se truncaban los sueños del que quedó despierto con el alma a la intemperie, estuvieron las Madres velando y peleando por nosotros.
Cuando el verdugo se dispuso disparar al corazón de aquel muchacho que no quería rendir sus convicciones en la mesa de tortura, apuntó primero a su memoria. Pero no pudo borrarla ni quebrarla. Había una Madre dando vueltas en la Plaza.
Cuando muchos verdugos se juntaron para astillar los huesos de la moral inquebrantable de aquella muchacha que sólo tenía la palabra “pueblo” en su garganta, una Madre irrumpió con su pañuelo blanco y la torturada fue por un instante, de nuevo niña entre sus brazos.
Cuando la dictadura entró a los barrios, a las casas, a los dormitorios, a las cocinas, a las fábricas, a los andenes, a las oficinas, a las escuelas, a las iglesias, a las universidades, se toparon de pronto con las Madres dando vueltas en la Plaza y retrocedieron.
Aun retroceden en nuestros días, pese a las dentelladas que de vez en cuando lanzan con su furia y su impotencia.
Aprendimos la lección: ¡Ni un paso atrás!
Todos somos las Madres este día y así será, por los siglos de los siglos. Todos somos el torturado y la torturada que siempre están volviendo.
Todos somos algo de Hebe y algo de esta gesta que lleva ya 200 años y fue recomenzada por Néstor Kirchner y Cristina.
Aquí nadie se rinde porque nadie se equivoca de destino.
Piense usted como guste. Crea usted como quiera. Enójese si prefiere. Apunte con su dedo a fulano o a mengano. Nuestra libertad es tan inmensa como el territorio que habitamos.
Pero eso sí, no dejemos que los que hoy están enjuiciados y condenados por genocidio, sus gerentes políticos y mediáticos, los apropiadores de bebés nacidos en cautiverio, rocen siquiera con su mal aliento ese pañuelo blanco que es el más blanco de todos.

Publicado en El Argentino del jueves 2 de junio de 2011

2 comentarios:

Ariel Corbat dijo...

DOLOR DE MADRE -cuento breve de una tragedia-




Al fondo del último recoveco, en las profundidades de su conciencia, la mujer fue arrinconando apretadamente el mayor de sus rencores. Durante mucho tiempo pudo esconderlo de todos. Salvo, claro, de sí misma. En la soledad más absoluta nunca derramaba lágrimas, por ellos solamente insultos. Su sombra era el mudo testigo del modo en que encorvaba la espalda para sacar desde muy hondo todas y cada una de las palabrotas. Y a veces ni siquiera palabras, secos e impiadosos sonidos guturales lacerando el agrio repudio de la sangre. El dolor fue sincero, ¿cómo no serlo?, la mentira anidaba en la razón de tan grande aflicción. Se aferró al pañuelo como un blanco de amnesia, para olvidar todas las manchas, aquellos mocos que ella misma les sonaba. Y lo lavaba para que se viera más limpio. Pero la traición... ¿de qué forma perdonarles la traición? Porque no fue sólo que se alzaron contra la Patria al ensangrentar la tierra queriendo arriar la bandera que los vio nacer. Otras madres de hijos igualmente ganados por la misma causa del odio se dejaron caer en la vergüenza al entender que intentando borrar la historia del país y arrasar sus símbolos, tradiciones y libertades lo que en verdad querían era matar a sus padres. Al fin de cuentas eso es la Patria, la tierra de los padres. Ella se negó a verlo, pero lo vio antes de cerrar los ojos. Esos hijos escupieron en la cara de sus progenitores que la sociedad que les legaban era mierda, tan mierda que merecía ser aplastada bajo la opresión de un trapo rojo. Todo se debía destruir, las leyes, las costumbres y hasta los afectos para dar paso a un hombre nuevo. Un hombre nuevo que no tendría nada de hombre, pero sí mucho de bestia y autómata.

No pudo soportar sentir semejante vergüenza por haber engendrado esos hijos. ¡Asesinos!, gritó. Y hubo quienes mal creyeron que insultaba a los matadores de su prole. Nunca entendieron el profundo dolor de madre traicionada. El deseo de venganza atronaba día y noche entre sus sienes. A toda hora vociferaba la furia que le arremolinaba el ánimo.

Entonces cierto día conoció a un convicto parricida, y al fin halló el modo de consumar su venganza.

- Hijo, hijo mío -le dijo.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
http://www.plumaderecha.blogspot.com
Estado Libre Asociado de Vicente López

Nelson dijo...

Me parece penoso el comentario que me antecede, propio de una derecha desvergonzada e impudica que pretende (sin lograrlo) ensuciar la lucha de las Madres.
Pero mas que este comentario hecho con una mentalidad resentida y revanchista, lo que me duele es el accionar de Schocklender. No pudo haber elegido peor, al tomar a nuestras Madres como instrumento para hacer lo que hizo. Si los argentinos somos algo (y lo somos) es por la lucha y la resistencia de nuestras queridas Madres de Plaza de Mayo. No solo se plantaron frente a la dictadura genocida sino tambien mas tarde, en tiempos de obediencia debida y punto final, cuando un grupo acepto plata por la memoria de sus hijos fundando la linea fundadora. En cambio, Hebe jamas acepto eso, lo que le valio el ataque de los canallas hasta el dia de hoy. Por eso la linea de Hebe hizo de la coherencia una constante siempre, y por eso los ataques que recibe. Pero Schocklender abuso de la confianza que ella le dio, y uso a las Madres para su provecho personal. Como diria Maradona, el Pañuelo no se mancha.