jueves, 11 de noviembre de 2010

El Presupuesto del Bicentenario



Cuando los legisladores debaten el Presupuesto de la nación, están decidiendo el futuro de los argentinos.
O un futuro venturoso. O un destino desgraciado.
Es lo que sucedió ayer en la Cámara de Diputados.
Los legisladores del viejo país se acomodaron en sus bancas y, sin decir agua va, empezaron a bajar línea leyendo largos discursos, que andá a saber quién se los dictó.
De entrada nomás sinceraron el verdadero propósito de la furiosa oposición al Presupuesto del oficialismo.
El jefe del bloque radical, el diputado Oscar Aguad, fue claro y conciso: “No hay puja distributiva, como dice el oficialismo, que pueda explicar la inflación; la puja distributiva es una mentira; como es una mentira que se va a crecer en el 2010 un 4 % cuando el país va a crecer un 8 %; hace cuatro años que nos oponemos al Presupuesto oficial; esto va a seguir así mientras no se corrija el rumbo y el modelo del gobierno”.
Más claro, soda: “La culpa” de nuestros males (¡y de nuestro crecimiento!) la tiene el modelo de país que permitió a la Argentina salir del incendio provocado por los presupuestos del ajuste neoliberal ejecutados por el menemismo y por el radicalismo de la Alianza delarruista.
“La culpa” es de este proyecto nacional y popular que, en lugar de tumbar el país como se hiciera antes del 2003, crece el doble de lo que estima.
Vayamos un momento a Corea del Sur y escuchemos los temas que allí se debaten en el G-20, con la presencia de nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
¿Cómo que tiene que ver una cosa con la otra? Siga leyendo por favor.
El FMI, las calificadoras de riesgo y los halcones de los países centrales llegaron a Seúl para imponer a los países emergentes las siguientes cuestiones:
*Congelar sus reservas y ponerle un techo a los superávits comerciales y fiscales.
*Aceptar y cumplir con las condiciones establecidas por el FMI para todos los países.
*Enfriar las economías nacionales.
*Restringir rápidamente toda política de recuperación de la demanda interna.
*Presupuestar sus gastos regidos por el patrón monetario que impongan los países centrales. El ejemplo griego es el espejo donde mirarse, según el FMI.
*Ayudar a los EE.UU a superar la crisis que le provoca un déficit anual estimado en los 466.000 millones de dólares y evitar caer en la tentación china de contar con cuentas superavitarias.
¿No es acaso semejante esta posición fondomonetarista con la de los opositores del Grupo A respecto al Presupuesto argentino?
Para el G-A, al igual que para los neoliberales del G-20, el estado nacional debe recortar drásticamente el gasto público; lo que equivale a decir: basta de obras públicas, de hospitales, de escuelas, de viviendas, de asignación universal por hijo, de movilidad jubilatoria.
Para el G-A, como para los halcones del G-20, no hay que tocar una sola moneda de las reservas, no hay que incentivar la demanda de consumo interno y no hay que intervenir gubernamentalmente en la economía más que para auxiliar a los grandes bancos, siguiendo siempre las pautas que indique el FMI.
Otra vez sopa.
El arte de la política indica que hay que continuar desconectando a la Argentina del modelo neoliberal de acumulación financiera, para conectar, en simultáneo, la posición que oferta la oposición de cabotaje con los dictados que bajan desde los organismos multilaterales.
En otras palabras: si el país retrocede a las posiciones que planteó ayer en el Parlamento el G-A y sus adyacencias de Proyecto Sur, volveríamos al infierno tan temido que dejamos atrás justamente por contar con herramientas de gobernabilidad como los presupuestos presentados año a año desde el 2003 a la fecha.
El G-A se mostró una vez más como una sucursal de las políticas económicas fondomonetaristas.
Como si los países centrales buscaran exportar los efectos de la crisis que ellos mismos provocaron, sabiendo que en los países emergentes como el nuestro, hay nichos “importadores” tan dóciles como colonizados.
Pero esta vez, no pasarán.
Ese es el nuevo paradigma.


El Argentino, jueves 11 de noviembre de 2010

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La última vuelta de Martín Fierro



Hoy celebramos el Día de la Tradición en homenaje a José Hernández, autor de nuestro libro nacional insignia: el "Martín Fierro", nacido el 10 de Noviembre de 1834 en la chacra de su tío, Don Juan Martín de Pueyrredón.
Además de escritor, Hernández fue poeta, periodista, soldado, taquígrafo, comerciante y un brillante político y legislador, respetado y valorado por su coherencia y su lealtad a la causa federal.
Es interesante recorrer su vida para descubrir que una buena parte de la historia argentina lo tuvo como protagonista.
Peleó junto a los federales de López Jordán, se opuso a la guerra genocida contra el Paraguay y escribió en el diario "El Argentino" de la ciudad de Paraná, en Entre Ríos.
En 1872 se publicó la primera parte de su obra mayor y en 1879 la segunda, llamada "La vuelta de Martín Fierro".
En estos tiempos donde la obstinada memoria se impone ante los cultores del olvido, es necesario recuperar su nombre y recordar que aquel primer "Martín Fierro" no fue un libro guardado en lujosas bibliotecas de los barrios pudientes, sino un arma contra el desprecio, que fluía solidariamente, de mano en mano entre el gauchaje y los habitantes de las orillas de aquel país de exclusiones de fines del siglo 19.
Nuestro libro nacional es un grito de denuncia universal.
Es un poema de la rebeldía contra las injusticias y contra los injustos.
Curtidos en esos caminos, andan hoy sus herederos. Pero esta vez, sin dar un paso atrás, pegando la vuelta para liberar la palabra y seguir cantando con aquel Gaucho:
"Aquí me pongo a cantar al compás de la viguela; que el hombre que lo desvela una pena extraordinaria, como el ave solitaria con el cantar se consuela…
Que no se trabe mi lengua ni me falte la palabra, el cantar mi gloria labra y poniéndome a cantar, cantando me han de encontrar, aunque la tierra se abra"
Ayer, los que resistieron digna y frontalmente al neoliberalismo de los años noventa, los que forjaron sus organizaciones desde el llano para seguir con las banderas en alto, los que se identificaron después con Néstor Kirchner cuando irrumpió en la historia, montaron sus carpas militantes frente al Congreso de la Nación para juntar fuerzas en un momento donde el dolor se niega a irse, después de haber llorado tanta ausencia.
Sucede muy de vez en cuando en la historia de los pueblos y hay que resaltarlo: el pueblo se unió ante un gran dolor, pero también ante una gran esperanza.
Con la desaparición física de Néstor, las organizaciones sociales, políticas y sindicales identificadas con la defensa irrestricta del proyecto nacional y popular, lejos de atomizarse, salieron rápidamente a buscar la unidad posible y necesaria para seguir andando.
Cada sector lo hace a su modo y tal como lo siente.
Es un homenaje a Kirchner el que hacen con esa búsqueda los hombres y las mujeres que ayer se entreveraron con los ciudadanos de a pie que se acercaban para testimoniar su anhelo de participación como miles y miles lo vienen haciendo desde aquel triste 27 de Octubre.
La solvencia del proyecto gobernante, guste o no guste, se reafirma en estos días con estos datos de la realidad y con otro dato certero: el país y el gobierno siguen su marcha mientras la Presidenta viajó a Corea del Sur para participar del G 20 representando, además de nuestro país, a los países de la región y a todos aquellos que integran el denominado Grupo de 77 países que Cristina preside.
En esta cumbre se debatirá sobre dos modelos de sociedad posible: la dirigida y manipulada por los mercados financieros engordados por el neoliberalismo y la sociedad que privilegia al trabajo, a la producción y a más y mejor Estado para todos.
Hace tiempo que la Argentina viene construyendo junto a otras naciones llamadas emergentes, un modelo inclusivo en lo social y productivo en lo económico.
Seguramente nada se resolverá de una sola vez y para siempre. Todo es parte de un proceso histórico.
Pero lo bueno ahora, es que sabemos bien de qué lado del mundo estamos.
Y no es poca cosa.

martes, 9 de noviembre de 2010

El modelo de país no se negocia

El genocida Massera, asesino y ladrón de niños, se murió el mismo día que el cardenal Bergoglio declaró como testigo por la desaparición de dos sacerdotes que dependían de su orden.
El jefe de la iglesia está sospechado de haber colaborado con la Esma al dejar a la intemperie a sus pastores.
El silencio no fue una isla en circunstancias en que el evangelio llamó a brindar testimonio. Ante los dictadores, es complicidad y merece la condena social.
Pero hoy vamos a hablar de otra hipocresía, la de los opositores.
No sólo por el derrape de crispación verbal de algunos de sus legisladores, sino por la confrontación antagónica que mantienen en el plano legislativo.
Lo testimonió ayer un diputado del pejota disidente refiriéndose a las obras públicas: “así, es mejor que se paralicen”, dijo sin ponerse colorado.
El Grupo A (radicales, pejota disidente, PRO, Coalición Cívica y Gen) junto a otros socios, volvió a la carga contra el gobierno atacando el proyecto oficial de Presupuesto 2011.
Para entender lo que está en juego y saber quién es quien en esta nueva embestida contra el gobierno de Cristina es preciso recordar dos cuestiones básicas:
*La oposición busca que el presupuesto 2011 sea un presupuesto a medida de los ejecutados en los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa.
*Los opositores son, en muchos casos, las mismas personas que sostuvieron políticamente dichos gobiernos, o sea, los gobiernos causantes del mayor derrumbe económico y social de nuestra historia.
Muestran la hilacha nuevamente.
Cuando el proyecto del Grupo A y sus adyacencias de Proyecto Sur, conjeturan una inflación del 20 al 25 % anual es porque todos los gastos previstos que calculan, parten de ese piso inflacionario. Por eso el diputado Gustavo Marconatto, titular de la Comisión de Presupuesto, advirtió que los proyectos presentados por la oposición son inflacionarios.
Esa oposición vuelve a manifestarse como lo hiciera en enero pasado cuando Redrado ocupó el Banco Central, en contra del uso de reservas para afrontar deudas y otros gastos.
Para suplantar ese legítimo uso de reservas conseguidos por todos los argentinos durante este período de gobierno, los opositores al Presupuesto oficial proponen que se recorten los gastos destinados a obras públicas, servicios básicos, hospitales, Fútbol para todos, a la Asignación Universal por Hijo y a planes de asistencia y cooperación con las provincias y los municipios.
Si se aprobara la propuesta opositora se paralizarían 7.400 obras y se perderían inmediatamente 380.000 puestos formales de trabajo. Entrarían en riesgo de continuar las más de 200.000 viviendas a construir y/o a mejorar en todo el país, los 1.200 kilómetros de autopistas y no se podría alcanzar la construcción de 1.000 escuelas como está previsto.
La matriz presupuestaria de la oposición es exactamente la misma que los argentinos sufrieran durante los gobiernos anteriores al de Kirchner.
Más inflación, más déficit fiscal, más endeudamiento, más impuestos, más dependencia política y financiera del FMI y otros organismos multilaterales de crédito.
Es tal la crispación opositora que insisten irresponsablemente con la mentira del “82 % para jubilados”, sin valorar siquiera el veto responsable que a su tiempo firmara la presidenta; queda claro que al ser por única vez, es sólo un oportunismo de carácter electoral; sin moral alguna, vuelven a usar la credibilidad de nuestros queridos abuelos.
En todos los casos, los opositores se lamentan que al presupuesto enviado por el gobierno le pueden “sobrar” 35.000 millones de pesos.
Cuando fueron gobierno, esos mismos opositores votaban a dos manos, presupuestos a los que les faltaban mucho más de 35.000 millones.
Se sienten incómodos en una Argentina que crece con inclusión social.
Les sienta mejor el país deficitario que terminaron de chocar en el 2001.
Pero el gobierno nacional salió a marcar la cancha y a decir con otras palabras: señoras y señores de la oposición, el modelo de país no se negocia.

El Argentino, 9 de noviembre de 2010

lunes, 8 de noviembre de 2010

Conciertos y Desconciertos


El pueblo argentino y su gobierno, ocupan las calles de la república en pleno concierto de amor.
Mientras los opositores y sus mandantes de la corporación mediática, con sus instrumentos más desafinados que nunca, ensayan un desconcierto que si no fuera dramático, provocaría las risas de la concurrencia.
Así estamos en estos días.
Entre conciertos de un lado y desconciertos del otro.
Cuando la tribuna popular de Racing desplegó este sábado la enorme bandera con la figura de Néstor Kirchner mostrando sus colores futbolísticos y las leyendas “Néstor vive” y “Estás entre nosotros”, el estadio se puso de pie para rendirle homenaje al ex presidente.
Tronaban las voces y los tamboriles. Tronaba el cielo. Tronaban las almas concertadas de la hinchada triste y orgullosa al mismo tiempo, de tenerlo para siempre de su lado.
Algo parecido a lo ocurrido en la Marcha del Orgullo Gay.
Miles de manifestantes corearon el nombre de Kirchner en agradecimiento a él y a la presidenta por defender con coherencia y consecuencia los derechos de toda la sociedad.
María Rachid, dirigente social de una buena parte de esos derechos, lloró la ausencia de Kirchner y celebró la presencia de la ley de matrimonio igualitario que él votó y su esposa promulgó.
En estas voces anda el pueblo, unido en un concierto en plena armonía.
Es un concierto afinado, dolido pero esperanzado.
Sabe que enfrente están los desalmados en pleno desconcierto, los que apenas se parecen en un dato común: perdieron toda vergüenza y moral y lo demuestran sin pudores.
Allí está Elisa Carrió en eterno estado de vacaciones. Tanto física como mentalmente. Como si fuera un rito, cumple con lo que le mandan; sea el poderoso con sotana; sea el dueño del monopolio mediático.
Burlarse de Cristina y del dolor del pueblo, como lo hizo en su reaparición pos vacacional, la muestra en su verdadera dimensión de ex funcionaria de la dictadura genocida en la provincia del Chaco.
Allí está Duhalde apurando sus solitarios pasos y anunciando su nonata candidatura para muy pronto.
Allí está Mauricio Macri rompiendo con el pejota disidente y desde la orfandad de sus desaciertos en la gran ciudad, anuncia que seguirá adelante. ¿Delante de quién?
Y allí están los radicales por su lado, perdiendo lo que les quedaba de propia identidad.
La traición de Cobos los hunde irremediablemente a todos ellos. Ya no hay remedio. Es lo que se ve con tanto desconcierto en sus filas.
Alfonsín contra Cobos. Cobos contra el mundo. Ernesto Sanz que viene de decir que su espacio quiere ocupar la vacante que dejó Néstor Kirchner antes que lo haga el gobierno. Léalo de nuevo, es una perlita de estos tiempos.
En política hay una ley de gravedad que dice que cuando alguien se identifica tanto con el adversario más duro, ese que él mismo eligió, es porque perdió hasta el apellido en la pelea.
Quizá Sanz, resignificando aquello que decía Perón sobre sus amigos y enemigos: “peronistas somos todos”, hoy esté afirmando con tan célebre frase: “kirchneristas somos todos”.
Ese desconcierto es el fiel retrato de un fin de ciclo opositor.
El rotundo fracaso de Clarín y sus suplementos tratando de vender un ejemplar ayer y aguar de este modo el Día de los Canillitas, también lo es. Han perdido no sólo el rumbo político en su trazo grueso, sino también se quedaron sin ese tacto fino de la prudencia que sostiene un proyecto a lo largo del tiempo.
El concierto popular debe continuar.
La juventud y la militancia deberán avanzar a paso redoblado.
La presidenta vuela hasta Corea para estar con el G 20 defendiendo los intereses de los argentinos, de los latinoamericanos y de todos los países hermanados en el G 77.
No hay antecedentes en la historia argentina de una inserción igual o mayor a la que logró el gobierno nacional con esta Argentina que se encuentra en estado de gracia.
Que le vaya bien a Cristina, es un deseo de multitudes.
Pero no seríamos sinceros sino agregamos: No tarde mucho presidenta, la vamos estar esperando.


El Argentino, lunes 8 de noviembre de 2010

Estados de ánimo

La muerte de Néstor Kirchner está provocando tres estados de ánimo que configuran el nuevo escenario político y social de la Argentina. A saber:
*El inmenso dolor de un pueblo.
*La entusiasta búsqueda de unidad en las filas del oficialismo.
*El mayor desconcierto conocido hasta ahora en la oposición antikirchnerista.
Como si una ráfaga de viento patagónico tirara del mantel, todo lo que estaba de frágil sobre la mesa cayó irremediablemente sin tener ningún soporte que lo evite, dejando en pie sólo aquellas piezas que se demostraron consistentes.
La oposición ubicada en las antípodas del gobierno nacional ha entrado en un estado de dispersión que ahonda la confusión de miras que ya traían antes de la tragedia.
Acaban de reconocerle a Kirchner el legado de recuperar el valor de la política, como si fuera el utensilio mayor que quedó a salvo en aquella mesa.
Pero no alcanza con ese reconocimiento si es que quieren crecer sinceramente.
Deberían preguntarse para qué se recuperó ese poder sublime de la democracia que es la política, como herramienta de transformación de la realidad.
En las respuestas posibles, estarán algunos de los ingredientes de la carpeta asfáltica con que habrá que sellar definitivamente el segundo piso irrenunciable de esta etapa democrática: un modelo de país más justo e inclusivo, con valor agregado, con consumo interno, con más y mejor Estado.
La política concebida por el militante que se está yendo sólo servía si lograba cosas tan básicas y humanas como que la gente coma, se eduque, se cure y no sea apaleada por la represión. Y para lograrlo, Kirchner sabía que debía recuperar el Estado para la nación y el pueblo, actuando en tres dimensiones complementarias: enfrentando a los dueños del poder que eran los dueños exclusivos de la agenda política, representando el pliego de reivindicaciones sociales y unificando fuerzas con todo el continente latinoamericano.
La política sirve para eso o se transforma apenas en un remedo de ella; una política declarativa pero vacía, sin alma, sin causas, sin rebeldías. Sin voluntad.
Kirchner entendió antes que nadie que había que juntar todos los fragmentos que habían quedado dispersos después de nuestra propia catástrofe política y social en el 2001. Pero no emprendió la tarea apuntando contra los adversarios partidarios que eran y son, en el peor de los casos, gerentes del verdadero poder.
Kirchner cubría sus espaldas con el pueblo y hasta la descuidaba con sus adversarios porque prefería dejar el resto de sus fuerzas apuntando frontalmente y peleándose con el poder verdadero, el que nos dominó durante cinco décadas, el que es dueño de las corporaciones mediáticas, el que quiso imponernos el ALCA, el que se robaba la plata y los sueños de los trabajadores y los jubilados con las AFJP.
Que lo juzguen a Kirchner, si se animan, pero no podrán negar que construyó un poder de fuego democrático con el fuego encendido en las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 y en la masacre del puente Avellaneda con Kosteki y Santillán.
Que lo juzguen a Kirchner, si se atreven, pero admitiendo que fue el primer presidente que corrió los pesados cortinados que ocultaban al verdadero poder que nos sometía.
Él se atrevió a hacerlo construyendo poder democrático desde abajo, para apuntar contra los poderosos, se llamen como se llamen.
Ahora bien, como delimitó a sus contrincantes y supo distinguir al enemigo principal del pueblo de los circunstanciales adversarios políticos, le dejó a sus seguidores anotado en el cuaderno de deberes, no el “qué hacer” del día a día, sino el rumbo inalterable de un proyecto colectivo. Por eso no hay confusión en el oficialismo.
Sólo hay dolor por la ausencia del que amaban más.
Y hay, además, una unidad inquebrantable junto a la Presidenta de la Nación, lo que es decir, una unidad que cierra filas en torno al proyecto de país que ella conduce desde el timón del gobierno y el Estado.
Es tan sólida esta unidad que provoca a su vez dos movimientos simultáneos en el complejo espacio kirchnerista: abre las puertas de su frente para ensanchar con más pueblo la defensa del modelo y cierra las del fondo, las del pudor político, para que no se vaya nadie en medio de tamaña circunstancia.
Los finos analistas que temieron y previeron “la agudización de las contradicciones en el peronismo” con la muerte de Kirchner, olvidaron groseramente un detalle: esas contradicciones no están adentro del campo oficialista sino afuera de él. El llamado “peronismo federal”, que nuclea a las expresiones afines con lo que fue la derecha peronista, hace rato que hizo su campamento fuera de las fronteras populares y acaba de reafirmar ese lugar.
No tienen futuro alguno. No tienen pueblo peronista para interpelar a su favor cuando ese pueblo ya se manifestó por unanimidad, despidiendo a Kirchner y defendiendo a Cristina y su gobierno.
Sí es muy posible que haya corrimientos de la dirigencia media de esa y de otra oposición hacia las filas del kirchnerismo.
Habrá que ser muy generosos en esta etapa para recibirlos a todos con los brazos abiertos. Pero sin cometer dos pecados que pueden ser letales para la suerte del proyecto nacional: ni compartir la conducción estratégica con los advenedizos ni descuidar la gestión de gobierno.
Esta etapa será de crecimiento social vertiginoso para el kirchnerismo y por tanto, lo llevará a enfrentarse y tener que resolver dilemas que pueden resultar novedosos.
Deberá asegurarse la construcción de nuevas herramientas que posibiliten el libre fluir de las energías desatadas y que se expresan hoy en el nuevo sujeto social que irrumpió en la escena: una nueva generación de jóvenes.
No para aprisionar esa energía social ni para encuadrarlas en los viejos conceptos aparatistas de la burocracia política, sino para que cumplan con su mandato histórico, que es el de crear, inventar, revelar, descubrir, fundar una nueva cultura política, un nuevo país, una nueva ciudadanía.
En esa larga marcha nacional y popular nos necesitamos todos, más allá de un carné partidario.

Miradas al Sur, sábado 6 de noviembre de 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

Hasta la vida siempre


Habrá que preguntarle a la historia cómo acomoda sus asuntos, pero por raro sortilegio del destino, por un milagro o por la sola voluntad de los hombres, o por todo eso junto, la presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, vivió su primera semana del dolor, con los trabajadores y trabajadoras en la cuna del Cordobazo, primero y con los pibes y adolescentes que participaron del Campeonato Evita 2010 en Mar del Plata, después.
Que la juventud y los trabajadores la abracen en sus primeros pasos, es algo más que una metáfora afectiva. Es la expresión de un nuevo país que se abrió paso desde abajo, desde el infierno, llevado de la mano del que se propuso hacerlo y dejó la vida en tal empresa: Néstor Kirchner.
La semana cierra con un mensaje presidencial que no sólo reafirma el rumbo del proyecto de país que nos gobierna sino que además, resignifica el valor reordenador que en esta etapa de la historia cumple el proyecto nacional y popular.
Fue Cristina la que dijo ante los pibes: “Vamos hasta la vida y no hasta la muerte” como si renaciera de a poco de tanto dolor y tanta ausencia.
Habrá que detenerse a medir en toda su dimensión estas palabras: “Ante las adversidades y ante los problemas, tenemos que fortalecer el alma, el espíritu y salir adelante. Quiero en homenaje a Néstor, que seguro me está mirando desde arriba, dedicarle a todos ustedes el esfuerzo; cuando uno pone garra y esfuerzo las cosas siguen adelante”
Saber enfrentar y superar un dolor tan profundo, sin negarlo ni disimularlo, es una categoría política superior que hace fuerte a toda la humanidad.
Aunque la cumpla uno solo de los mortales.
De ese temple surgen grandes pueblos. Del temple de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Del temple de una presidenta llamada coraje por el que la amaba y la sigue amando desde algún lugar de los misterios.
No es posible transformar un país injusto y desigual en otro país más justo e inclusivo sin ese temple que ahora se puso a prueba sin proponérselo.
De esta forma no. Es injusta esta muerte. Por eso duele más que otras.
Y por eso se entiende al senador entrerriano Pedro Guastavino, cuando expresó su vergüenza por hacerle un homenaje al militante que tanto quiso y lo quiso, delante de un hombre que ha perdido la vergüenza hace ya tiempo, pero ahora mucho más.
Julio Cobos es el nombre de la desvergüenza y la ausencia de toda moralidad.
Por eso mismo, en el ejemplo que está dando Cristina, la mujer, la compañera, la presidenta, habrá que concluir en que la otra dimensión complementaria a la política, es la dimensión moral del ser humano.
Ella no fue a buscar el consuelo de nadie y mucho menos de los poderosos y sus gerentes. Ella fue a redoblar los esfuerzos junto a su pueblo.
Y no es un detalle menor para dejarlo de lado sabiendo que quien lo dice es nada más y nada menos que la presidenta de la nación.
Desde abajo y desde el pie, las dos puntas de la vida se han puesto en movimiento a paso redoblado. Se proponen hacer honor al dolor por tanta ausencia y al ejemplo de vida que está dando Cristina.
Los militantes de la juventud abrieron rápidamente sus brazos y convocaron a todos los jóvenes y no tan jóvenes que manifestaron en estos días la necesidad de participar “para bancar a Cristina” a escribir a “yoquieromilitar@gmail” y encontrarse mañana y siempre, allí donde los llame la conciencia.
Algo semejante vienen haciendo las Madres de Plaza de Mayo, con Hebe Bonafini a la cabeza, sumando voluntades alrededor de Cristina.
En el interior del país son muchas las expresiones que construyen, desde diversas fuentes, el poder popular capaz de sustentar y profundizar en el tiempo este proyecto de país que nos gobierna.
Este país empieza a demostrar que ya no viene del “que se vayan todos” del 2001.
Este país demuestra con su llanto y sus consignas de esperanza al lado de Cristina, que es un país que viene de Néstor Kirchner.
Y ese es el salto cultural que estamos dando todos.
El Argentino, viernes 5 de noviembre de 2010

El mundo es ancho y ajeno

Pedimos prestado el significativo nombre de la bella y profunda novela del escritor peruano Ciro Alegría, para intentar explicar y explicarnos lo que viene sucediendo en la otra punta del continente americano. Ahí vamos.
El partido demócrata del presidente Barack Obama fue derrotado con comodidad en las recientes elecciones legislativas de los Estados Unidos.
La derecha conservadora del partido republicano ganó, pero al mismo tiempo fue superada ampliamente en las mismas elecciones.
¿Pues entonces quién ganó las elecciones en los EE.UU?
Siéntese, tómelo con calma, pero debo decirle que ganaron los ultraderechistas de un grupo fundamentalista llamado "Tea Party" los que a pesar de haber ido en las boletas de los republicanos, por que ellos lo son también, conforman un espacio mas parecido al Ku Ku Klan de la política norteamericana que a un grupo de atildados señores de una democracia moderna.
Así como se lo digo.
Los ganadores difunden sin escrúpulos sus rabiosas posiciones contra el aborto legal y el matrimonio gay y a favor del racismo y la supremacía de los blancos.
Estos fanáticos del libre mercado y cero estado para regular la economía, basaron su campaña electoral presentándose como los salvadores de la gran crisis que azota al mundo y especialmente a los EE.UU y culpando a Obama de no haber hecho nada bueno a favor de los intereses nacionales.
Claro, su envoltura es la de un movimiento popular y moralista que clama porque el Estado deje de mantener todo espacio donde se refugian los que en su debilidad social, arrastran a la catástrofe al conjunto de los buenos vecinos.
Basta de educación y salud pública, basta de impuestos para sostener el gasto público, basta de protección ambiental, basta de inmigrantes que no hacen más que diluir la identidad americana.
Basta de tener un presidente negro en la gran potencia blanca.
Por lo tanto, nada habrá que esperar de ese mundo ancho y ajeno que va camino a profundizar un modelo social y económico que está en las antípodas del modelo de desarrollo inclusivo y recuperación del Estado que hoy gobierna mayoritariamente en nuestra América Latina.
Hace ya tiempo que venimos divulgando lo que dramáticamente nos enseña la historia de la humanidad en los últimos cien años: de toda gran crisis los países salen para la derecha o para la izquierda (dicho así groseramente y para entendernos mejor).
O triunfan los mismos que ocasionaron la fenomenal crisis, ofreciendo nuevas ambulancias y fármacos placebos para sus víctimas. Como en los EE.UU.
O triunfan aquellos que proponen más consumo interno, más mercado nacional, más producción industrial, más desarrollo social inclusivo, más educación, más y mejor empleo, más Estado. Como en la Argentina.
El nazismo y el fascismo nacieron, en el siglo pasado, de la madriguera gestada en otra gran crisis. Hay que sacar lecciones de la historia.
Y una de esas lecciones es que no hay que dormirse en tiempos donde los cambios se suceden a la velocidad del rayo.
Con un discurso progresista, los demócratas ganaron hace apenas dos años.
"Y sin embargo, ay, mirá lo que quedó".
Una suerte electoral semejante viene sucediendo en la vieja Europa.
Ojo al piojo. Porque la Argentina y todos los países de la UNASUR son parte del mismo planeta, por si alguien lo olvidó.
En EE.UU esa derecha populista y fanatizada se llamará "El Partido del Té", pero en nuestra región hay varios personajes que apetecen las masas finas para acompañarlos cuando sea la hora señalada.
Vaya con la coincidencia, pero el triunfante Tea Party, que no es un convento de monjes, fue financiado por el multimillonario Rupert Murdoch, dueño del grupo de medios de comunicación más poderoso del mundo, que cuenta con la cadena televisiva Fox y varios importantes e influyentes diarios, como The Wall Street Journal.
Es decir, por la misma corporación mediática que le hizo la vida imposible a Obama en estos dos años de gestión.
Tranquilos. Estamos en la Argentina y Cristina es la presidenta de la nación.

El Argentino, jueves 4 de noviembre de 2010

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El Cordobazo de Cristina



La presidenta estuvo ayer en Santa Isabel, Córdoba, el lugar donde se gestó un capítulo esencial de la épica popular contemporánea: el Cordobazo.
Desde allí partieron las columnas de trabajadores encabezados por Agustín Tosco y Atilio López aquel 29 de mayo de 1969 enfrentando a la dictadura, luchando contra el cierre de fábricas y por un país más libre y más justo.
Rodolfo Walsh escribió en aquel entonces: "Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo…"
Que así sea esta vez, querido Rodolfo.
Vaya con la paradoja: una militante de los setenta es hoy la presidenta de los argentinos, ensanchando la producción y el empleo en la cuna misma de aquella gesta.
Los miles de trabajadores que la recibieron, acunaron su dolor y le hicieron saber que también era su propio dolor.
Por eso la memoria de Néstor Kirchner anduvo caminando entre todos ellos.
A una semana de su fallecimiento, la tristeza se resiste a partir del todo de las calles del pueblo.
Está en las pintadas con brocha gorda en las paredes, en el abrazo dolido de los que se encuentran nuevamente en la vereda, en el subte o en el colectivo. En el aula, en la fábrica o en la oficina diaria.
Toda sonrisa es necesariamente triste en estos días. Pero todos saben, sabemos, que hay que seguir avanzando.
La presidenta está marcando el rumbo desde el timón político del Estado.
Se dobla de dolor, pero no duda en cumplir con su compromiso ante el pueblo.
Y si Cristina puede, nadie puede menos que ella.
Hay un gobierno cohesionado, sólido, unido, capaz de cumplir con todas y cada una de las tareas que le imponga la hora.
Es obra de Néstor y Cristina después, tener un gabinete hecho a medida del proyecto político del país.
En la antigüedad, antes del 25 de Mayo de 2003, los ministros eran nombrados en las usinas del poder económico, religioso, mediático y no faltaban incluso, los que representaban a una embajada importante.
Eso se terminó. Con este modelo manda la política y tiene su domicilio en la Casa Rosada.
Por eso lloran los hombres de gobierno, porque son funcionarios pero antes son militantes políticos de un proyecto de país.
El bloque legislativo del Frente para la Victoria hará hoy un homenaje a Néstor Kirchner en el Congreso de la Nación. La oposición finalmente parece que aceptó, pero la sola voluntad de rendirle homenaje al hombre que le devolvió el sentido a la política, es decir a todos los políticos que se precien de tal, puso de manifiesto la estatura miserable de algunos opositores.
¿Sabe lo que dijeron?
Que había que hacer una ceremonia muy breve para seguir con el temario de la oposición. Que una cosa no tiene que ver con la otra. Que si quieren homenajearlo a Kirchner lo hagan en un local partidario. Que el enfrentamiento opositor contra el gobierno debía seguir como antes del día más triste que sufrió este pueblo en décadas.
Hace tiempo que advertimos que es esta una oposición sin políticas constructivas pero quizás no sabíamos el porqué de tanta agresividad.
Ahora lo sabemos: han perdido el alma.
¿No se conmovieron con los hombres y las mujeres del pueblo que desfilaron su desgarrado dolor en el último adiós a Néstor Kirchner hace un puñado de días?
¿No piensan cambiar tanta crispación o dirigirla hacia los poderosos en lugar de hacerlo contra el pueblo?
¿No les merece un poco de respeto esa juventud que emerge de la desesperanza para sumarse al compromiso con los intereses de los más débiles de la sociedad?
La rebeldía del Cordobazo está en la Presidenta y en el modelo de país que ella representa.
Desde esa rebeldía, hoy como ayer, deberá venir la digna respuesta a los que sólo se regodean en el odio.

El Argentino, miércoles 3 de noviembre de 2010

martes, 2 de noviembre de 2010

El dolor en cadena nacional



La persona más dolida entre todos los dolidos es la que brindó anoche el aliento a los argentinos.
Es otro rasgo esencial de esta época de cambios: los presidentes se parecen a sus pueblos. Una presidenta que llora y sufre el mayor dolor de su vida y lo comparte con su pueblo.
En esa gratitud, la Presidenta abrazó a los millones de ciudadanos que despidieron a Néstor Kirchner, su compañero de vida, como se despide a los grandes hombres.
Y vaya si él lo fue.
Cuando Perón se despidió ante la multitud congregada en Plaza de Mayo, dejó asentado que su único heredero era el pueblo.
No había nombres propios. Sólo el pueblo como verbo y sustantivo.
Los que se colgaban de su chaqueta en el vano intento de ponérsela, apenas se quedaron con un botón.
Los grandes muertos no dejan herederos así nomás.
Hay que bañarse de pueblo para ganarse el lugar.
Ascender hasta la dignidad del que se va, no es para cualquiera.
Cuando murió Perón, el heredero pueblo se vistió de luto y llamó a retirada. La incertidumbre tocó diana y en el horizonte asomó la tragedia.
Los buenos se dispersaban y los malos concentraban fuerzas para pasar a degüello.
Treinta y seis años más tarde el país es diferente, el continente y el mundo también.
El pueblo que honró en estos días a Néstor Kirchner también es su heredero.
Pero si de nombre propio se trata, su única heredera es Cristina Fernández de Kirchner.
No sólo porque es la presidenta. Sino por meritos propios. Por lealtad con el proyecto nacional de país. Por representatividad. Por capacidad de gestión. Por conducta militante. Por entereza y temple. Por compartir la conducción política con su esposo desde hace más de 20 años.
No hay traspaso de autoridad de un lado a otro.
Es la continuidad de un mismo río que no cesa de correr.
Desde los trabajadores y los jóvenes a los gobernadores.
Cristina con todo y con todos.
En este marco, agreguemos que el triunfo de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil asegura la profundización de todas las banderas que levantaran Lula y Néstor.
Ahí llegan Dilma y Cristina, abran paso señores, que la revolución viene oliendo a jazmín.
Punto y aparte, para dedicarle algunas palabras a la diáspora opositora.
A manera de contexto, la implacable dialéctica de la vida y sus asuntos, indica que la consolidación del liderazgo de Cristina y la participación decidida del pueblo adueñándose del proyecto de país que nos gobierna, provoca inexorablemente la debilidad de todo el arco opositor.
El radicalismo empieza a percibir que Julio Cobos los está hundiendo sin remedio ni escapatoria. Con el cortejo mortuorio venció el plazo para su renuncia. Ahora ya es tarde. Puede renunciar si gusta. Y si no gusta, que se quede.
Esta desvergüenza cobista mancha al centenario partido cual si fuera la sombra de una rata de albañal escondida entre los andamios de lo que fuera un honorable partido de la democracia.
El apego a la institucionalidad republicana mancillada para siempre.
El clamor de estos días con el “Andate Cobos…” no fue sólo una expresión del dolor colectivo. Fue la última oportunidad que la generosidad popular le brindaba al traidor. Nada de lo que haga Cobos de aquí en más, evitará la sangría radical. Una renuncia tardía será sólo un torniquete. No es poco. Pero es insuficiente.
El pejotismo disidente entró también en una crisis terminal.
Se quedaron sin piso ni paredes. El pueblo peronista era el que estuvo en la plaza despidiendo a su líder y reafirmando a otro líder.
“Gracias Néstor” y “Fuerza Cristina” fueron la forma de decirlo.
Hay momentos de la historia donde el que escribe el guión es el pueblo y no los dirigentes. Es lo que viene ocurriendo.
Los que conservan cierto olfato peronista, saben que esto es así.
Como Macri no lo tiene ni lo tendrá jamás, muestra sus miserias como lo hizo ayer.
En tiempos de susurros hay que saber interpretar al pueblo.
Pero cuando el pueblo habla fuerte, sólo hay que tener buen oído.
Y aprender a escuchar.


El Argentino, 2 de noviembre de 2010

lunes, 1 de noviembre de 2010

El censo que iluminó Kirchner


Ese día en la planilla de los censistas faltaban registrar algunos datos imprescindibles para medir, por ejemplo, la alegría del pueblo, su estado de ánimo, su voluntad política, sus deseos, su opinión sobre el vicepresidente, si había que profundizar o no el modelo de país que gobierna Cristina.
Este Censo era muy completo e inclusivo. Con todos adentro, como nunca antes. Los pueblos originarios, los afrodescendientes, las personas con capacidad diferente, el matrimonio igualitario, las computadoras.
Pero convengamos que algo le faltaba: saber si había que avanzar más rápido o no, si había que torcer el rumbo del proyecto o por el contrario, profundizarlo.
Y allí estuvo la última batalla de Néstor Kirchner provocando con su repentina ausencia que el subsuelo de la patria sublevado saliera a mostrarse nuevamente ante propios y extraños.
Ese pueblo que se manifestó en su última despedida al Líder, bajó línea política a lo pavote.
Pa’ que bailen los muchachos. Pa’ que tenga el enemigo.
Ahora sí, el Censo está completo.
El pueblo avisó, sin utilizar metáforas, que el modelo kirchnerista de país inclusivo es su propio modelo, que lo va defender a rajatabla, con la vida si es preciso hacerlo, que Cristina es la Jefa de Estado y la Jefa del Movimiento Nacional y Popular que lo sostiene, que hay que avanzar abriendo todo el tiempo la pantalla y hay que profundizar este proyecto hasta consolidarlo como el segundo piso irrenunciable de la nueva democracia.
El primer piso, la democracia, ya está consolidado.
Desde ahora, habrá que saber que las operaciones de contrainteligencia, de provocación, de odios, de resentimientos, de inventar divisionismos, estarán a la hora del día.
Como nos decía Néstor, “no hay que pisar el palito”.
Desde ahora, al lado de Cristina para estar a su altura y a la altura de la historia.
Y abriendo los brazos a esa parte del pueblo que en medio de su dolor colectivo, resignificó su vida abrazando este modelo de gobierno.
Está ocurriendo ahora lo que sucedió con amplios sectores medios después del bombardeo golpista de 1955.
Tenía que acontecer un cimbronazo de proporciones para darnos cuenta todo lo que nos dio este proceso popular y todo lo que podemos perder si hay marcha atrás del mismo. Cuando ello ocurre, cuando la argamasa social es el sentimiento, es el dolor mezclado con la esperanza colectiva, es una misma mirada de país que traspasa las identidades partidarias y sectoriales, cuando la vanguardia y la retaguardia del proyecto son los jóvenes y los trabajadores, cuando los obreros se abrazan en la plaza con los estudiantes, con los profesionales, con los cartoneros, con los artistas, con los comerciantes, con los productores, con las Abuelas y las Madres y los Hijos, cuando ello ocurre, decía, agarrate Catalina porque lo vamos a disfrutar entre todos.
Los opositores están a miles de kilómetros de distancia como para comprender lo que está pasando. Están perdidos como perro en cancha de bocha. Hablan de “decantar en el tiempo para entender lo sucedido”, cuando el pueblo ya dio vuelta la página y escribe una nueva con Cristina y su gobierno.
Que se tomen todo el tiempo. No les vendrá nada mal.
Si el pueblo está dolorido, sus enemigos están confundidos.
Hablan de “vacío” justo ahora que el proyecto nacional llenó los vacíos que estaban pendientes.
Pero nadie debe bajar la guardia. Menos cuando se está avanzando.
Y porque en esa oposición anida el huevo de la serpiente. Y la serpiente también.
El kirchnerismo no declamó la necesidad de viviendas y escuelas. Las construyó.
El kirchnerismo no repudió la represión, sino que no la ejerció jamás.
Esa es la diferencia con las huestes mediocres de la oposición, de los que se llenan la boca contra la violencia pero cuando fueron gobierno se cargaron con la vida de una treintena de argentinos asesinados por la brutal represión del gobierno radical.
Ahí volvió Cristina. Mírenla. Aprendan algo de ella.
En el dolor, la vida es bella y generosa con nosotros.


El Argentino, 1 de noviembre de 2010

domingo, 31 de octubre de 2010

Un domingo sin Néstor


Es el primer domingo sin Néstor Kirchner en la gran ciudad.
Ahora ya descansa en su lugar natal.
Quizás para que no lo extrañemos tan de golpe como se fue, nos mandó un dejo de viento patagónico como el que sopla desde ayer.
El pueblo, en tanto, también volvió a su hogar y se sacó los zapatos gastados en la larga marcha del adiós final. Le duelen las piernas pero no se queja. Le duele todo el cuerpo. Toma su corazón entre las manos y lo remienda de a poquito. Son apenas zurcidos para seguir tirando un poco más. Sabe que lo va a precisar en el largo camino que nos espera con Cristina al frente de la vida.
Por años seguirán contando, mostrando y escuchando este rayo de luz que vino con la muerte.
Un milagro así sólo se le podía ocurrir al Lupo. Como si nos dijera derrumbándose sobre su lecho “Dejen que esta batalla la doy yo”
Y se murió. Y a las pocas horas volvió a nacer. En las miles de manos y de voces que se acercaban a la histórica Plaza. Y a la Casa Rosada, que parecía más luminosa que nunca.
En las primeras horas de la noche la Plaza estaba colmada de una multitud que se parecía en su dolor y en la esperanza. Había una convicción mayor que sobresalía por sobre las demás: Ahora más que nunca a bancar a Cristina y al Proyecto nacional y popular.
Desde esa sonrisa impresa en las banderas, Néstor seguía interpelando a los que tanto lo odiaron:
“Digan ahora que somos los crispados. Digan nuevamente “esos negros de mierda”. Digan que sólo conocemos la lógica “amigo-enemigo”. Digan que venimos por el vino y por el chori. Digan que nos arrearon de prepo.
Pero díganmelo a mí frente al cajón si es que se animan”.
El pueblo de los humildes ha vuelto a surgir de sus cenizas. Lo hizo posible Néstor. Faltaba irse del escenario mayor para dejar al descubierto todo lo que se hizo en estos años, desde que vino del sur. Fue un solo instante. Porque enseguida y en medio del dolor aparecieron los logros como si un montón de hadas, duendes, ángeles y los pobres de la tierra colocaran a nuestra vista lo que nos devolvió ese hombre que vino a gobernarnos con la antorcha de Evita entre sus manos.
Después, fue como si volviera sonriendo de la mano de Cristina. Agradeciendo el “Fuerza Néstor” que tronaba desde la gargantas de su pueblo. Tirando besos. Abrazándose con ese gesto que nos envolvía a todos. Y presentándola a ella, a la Presidenta de los argentinos, para dejarla, solita su alma, frente a ese mismo pueblo. Y la abrazara. Y nos dijera con ese gesto de muchacho peronista que siempre tuvo “Cuídenla, eh, cuídenla”
Después se fue a descansar en el alma de su pueblo para siempre.
Este dolor no pasará jamás. Pero se irá calmando necesariamente hasta dormirse en paz. Es que debemos seguir caminando este proyecto de país más justo, más libre, más soberano. Más inclusivo, más democrático, más latinoamericano.
De las historias que se vivieron y contaron estos días hay una que no se contó demasiado y a Néstor le gustará conocerla.
En Resistencia, Chaco, se viene juzgando a los genocidas de la dictadura que ejecutó lo que se llamó “La Masacre de Margarita Belén” donde, entre la treintena de jóvenes militantes allí asesinados, se encontraban dos compañeros de Néstor, de la JUP de La Plata en los años setenta. El Pato Tierno y el Flaco Sala.
Al comenzar el juicio el jueves 28 de octubre, entran a la sala los periodistas y los familiares de los fusilados con un crespón negro en el pecho en señal de luto. Los acusados se retiraron sin pedir permiso. “Vade retro, Kirchner” parecieron decir, mientras la Presidenta del Honorable Tribunal pedía un minuto de silencio en homenaje al ex presidente Néstor Kirchner.
El aplauso cerrado de los presentes logró otro de los milagros de estos días: Allí estaban los muertos más queridos reencontrándose en un abrazo final.
Tanta energía desparramada por todos los rincones, seguramente dará una nueva luz a Cristina para gobernar la patria.
Hay luces por todos lados, querido Néstor, andate a dormir tranquilo que te lo mereces.


El Argentino, 31 de Octubre de 2010

Kirchner, el Hombre del Bicentenario


Néstor Kirchner acaba de ganar su última batalla.
La batalla que él sabía era la más difícil, la que construye sentido común, la que hace historia, la que tenía más enemigos: la batalla cultural.
Lo hizo a su manera. Con el sacrificio de su propia vida, con épica militante, con multitudes en la Plaza despidiendo al guerrero, con miles de jóvenes cerrando ese circulo en espiral que fuera abierto por aquella gloriosa juventud de los setenta a la que Néstor Kirchner perteneció.
En estos días de duelo e infinito dolor, algo que nos trasciende se terminó de solidificar en la sociedad: una idea de país en serio, una mirada solidaria y colectiva, un proyecto inclusivo, un modelo soberano.
La misma tarde de su muerte, para nuestra columna de “El Argentino”, escribimos una nota titulada “Néstor Kirchner, un imprescindible” que en uno de sus pasajes decía: “Desde la razón y el dolor, con la muerte de Néstor nació el Kirchnerismo, como etapa superior del Peronismo, como punto de unión del campo popular, como síntesis de lo que está llamado a unirse para sostener y profundizar una idea de nación, más justa, inclusiva, democrática y soberana.
El Kirchnerismo como homenaje a quien no vino a la Rosada para durar, sino para cambiar la historia. Y la cambió”
Luego de su publicación, este modesto aporte para un debate más profundo, empezó a hermanarse con otros análisis periodísticos y políticos semejantes y quizás más agudos.
Con pensamiento propio, son muchos los que están madurando algo muy parecido.
Pero no hay certezas de esta presunción.
Porque es posible que esta honrosa página que escribe Kirchner con su muerte, sea una nueva versión del mismo peronismo que él abrazó en la plenitud de su vida.
No habrá que apurarse. La construcción de una nueva identidad popular la construyen los pueblos por derecho propio.
No valen de nada las distintas lecturas que podemos hacer de un fenómeno social como el que la Argentina está viviendo, sino valoramos como debemos hacerlo, este criterio de verdad que le pertenece al pueblo.
El tiempo lo dirá.
En cambio sí aparecen con diáfana claridad algunas certezas que emergen en el escenario y que conmueven la piel política y cultural de los argentinos; a saber:
*La irrupción del pueblo en las calles y en las plazas, con sus consignas y sus canciones, con sus carteles hechos a mano, con sus palabras de aliento a la Presidenta, con su agradecimiento emotivo al líder desaparecido, con su juramento de amor ante el féretro, son la respuesta política masiva, contundente, precisa y más elocuente, a la sarta de miserabilidades que escribió la oposición política y mediática en los últimos días.
La primera certeza a remarcar, entonces, la podríamos resumir diciendo que con la desaparición física de Néstor Kirchner se fortaleció y nutrió, paradójicamente o no, el proyecto nacional y popular que él rescató desde el ejercicio del poder político durante su mandato presidencial y hasta su fallecimiento.
El proyecto de país que gobierna la Argentina sale fortalecido de este trance amargo y va rumbo a su profundización. Ese es el mandato gritado por el pueblo en estos días.
*La otra certeza paradojal es que, al igual que lo anterior, este clamor popular provoca una debilidad infinita de cualquier proyecto opositor. Como si al partir físicamente Kirchner, los que se murieran políticamente fueran los opositores y los grandes medios. No solamente porque les desaparece el polo reverso de sus desvelos. Sino porque es significativo y empieza a ser significante, que al llamado a la capitulación que hicieran el Grupo Clarín y sus respectivos suplementos mediáticos y legislativos del “Grupo A”, la respuesta la brindó el pueblo en esa multitudinaria conferencia de prensa que fue el largo cortejo del adiós a Kirchner.
Los opositores edulcoraron esa presión para cambiar el rumbo (¡y “esos malditos modales kirchneristas”!) con las muestras de “pésames de ocasión”.
“Lágrimas de cocodrilo” dijo José Pablo Feinnman.
“Hipocresía protocolar”, la llamó nuestro colega Ragendorfer.
Desde la orilla institucional del oficialismo, nadie refutó el convite de rendición.
No hizo falta. El pueblo fue el que respondió:
Ahora, más y mejor modelo de país inclusivo, soberano, justo, democrático, progresista, latinoamericanista.
Ahora, más redistribución del ingreso y más voces que expresen el proyecto de país. Ahora, más participación popular y que por sobre todo, se manifestará en un mar inmenso de la nueva generación de jóvenes que, con su militancia, entrarán de lleno al preludio de la etapa de consolidación cultural del proyecto.
Una manera de decir: ahora Cristina, con todo y con todos.
Con Néstor Kirchner se va el último gran muchacho peronista de una generación diezmada. Pero le pasa la posta a Cristina y con ella, renuevan el protagonismo los trabajadores y los jóvenes.
Seguramente Máximo, su hijo y compañero, deberá trasponer el umbral de cualquier pudor para transparentar hacia fuera la responsabilidad política que venía cumpliendo en vida de su padre.
De todos modos, el héroe colectivo que fue el Eternauta Kirchner, plebiscitó estos días a favor de profundizar el modelo y seguir desnudando al verdadero enemigo de los intereses colectivos, tal como se hiciera desde el 2003.
La democracia es el primer piso consolidado de fines del siglo XX.
El modelo de país que construyó Néstor Kirchner y continúa Cristina, está llamado a ser el segundo piso de nuestra identidad como sociedad.
Para garantizarlo, Cristina debería ser la Presidenta de los argentinos por un mandato más. Y en lo inmediato, el Movimiento Nacional y Popular deberá contar con su liderazgo para empezar a llenar la casa vacía que nos deja Néstor con su ausencia.
Es hora de abrir todas las puertas a los que se quieran sumar a la última epopeya nacional vigente.
Sólo entrará el pueblo y sus dirigentes más consecuentes.
Los que ya desertaron, no entenderán jamás las batallas por librar.
No importa. No es para cualquiera la Vuelta de Obligado.


Miradas al Sur, 31 de ocubre de 2010

viernes, 29 de octubre de 2010

Una muerte que ilumina



Eran las 10 de la mañana cuando entramos al Salón de los Patriotas Latinoamericanos casi en puntas de pie.
Solemnes y silenciosos. Como si esperáramos que al trasponer el enorme portal íbamos a encontrar a Néstor Kirchner de pie, con el saco cruzado abierto, con sus mocasines negros, con esa ancha sonrisa de jotape que siempre tuvo, gastándonos con alguna de las bromas que constantemente tenía a mano.
Pero sólo estaba el féretro con Néstor adentro. Y a su lado, un puñado de amigos y compañeros. Y su hermana Alicia, huérfana de hermano, solita su alma, al pié de su dolor.
Minutos después, el desfile popular con su congoja a cuestas empezó a circular por los costados.
Los jóvenes y la gente humilde nutrían el grueso de la dolida caravana. Los pobres de toda pobreza eran los que más lloraban al Presidente Kirchner.
De pronto, dos gritos rompieron el silencio.
"Gracias Néstor" y "Fuerza Cristina" tronaron en la Casa Rosada y un aplauso unánime inundó el Salón.
Los humildes no se permiten sobriedad a la hora de expresar ni el dolor ni la alegría. Todo se desborda transparente. Como un agua clara. Como un río torrentoso. Los que no tuvieron voz durante siglos, ahora le dicen "Gracias" al que ascendió desde el mismo talón del continente para darles la posibilidad de volver a ser.
Y allí entró Cristina, la Presidenta, la Compañera de Néstor, la mamá de Máximo y Florencia.
Primero fue el silencio el que la envolvió en su abrazo, respetuoso con tanto dolor en el ambiente. Cristina acarició el ataúd de su marido muerto. Y uno se daba cuenta que no era el ataúd a quien tocaba, sino era al hombre amado a quien acariciaba.
Los humildes pasaban y lloraban todo el tiempo, sin proponerse para nada disimular su llanto. Hasta que uno de ellos empezó a gritar: "Gracias Néstor porque nos devolviste la dignidad".
Y todos aplaudieron.
Cristina se recostó sobre su hija, pareció que se largaba a llorar, pero se contuvo en el renglón anterior al desahogo. Puso su mano sobre el pecho, una, dos, varias veces, como ofreciendo el corazón a los presentes.
Estas escenas se repitieron varias veces. El desfile popular seguía su marcha en el último adiós a Néstor Kirchner.
Pasaron los artistas populares, pasó Diego Maradona, pasaron las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, los Presidentes de América Latina llenos de congoja.
Evo Morales no dudó en confesar que se sentía como un hijo que perdió a su padre.
"Me quedé huérfano, siento que perdí a un hermano mayor, a mi padre, a un amigo, a todos juntos. Siento que toda América Latina quedó huérfana del hermano Néstor, que fue el primer presidente de todo el continente; él me enseñó con el ejemplo que los latinoamericanos no somos el patio trasero de ningún imperio", dijo Evo en la puerta de la Casa de Gobierno.
Parece la primera vez de todo. La primera vez que un organismo continental, UNASUR, decreta Duelo Latinoamericano durante tres días. También Brasil, Ecuador, Paraguay, varios países lo hicieron. El presidente Lula levantó su presencia en el cierre de campaña de la candidata Dilma Roussef. Y voló a la Argentina a despedir a su amigo.
En la Plaza de Mayo eran miles y miles desde muy temprano. Con sus banderas y estandartes. Con sus lágrimas y sus himnos de combate. Desde un ventanal frente a la Plaza se veían las serpentinas humanas caminando lentamente hacia el lugar del último adiós.
Los vivas a Néstor y las fuerzas a Cristina sólo daban paso al "andate Cobos" en las voces de la multitud.
Esta muerte ilumina. Con esa luz el pueblo teje una nueva certidumbre:
Ahora, Cristina.
Con todos y con todo. Ahora, más proyecto nacional y popular. Ahora, más redistribución del ingreso. Ahora más inclusión social. Ahora, más integración con el mundo.
Cuando ese pueblo en la plaza y frente al Presidente amigo que despiden, grita "Fuerza Cristina" es por que está construyendo política. Y cuando la política la hacen los pueblos, el rumbo del futuro está garantizado.
Por eso, es mejor para todos, que tomen debida nota de este dato histórico, las usinas del odio y la reacción.


El Argentino, 29 de octubre de 2010

jueves, 28 de octubre de 2010

Néstor Kirchner, un imprescindible




Nunca estuve tan triste, tan solo, tan despojado de mi mismo.
Como si en un solo momento se me vinieran todos los muertos encima.
Toda la tristeza del mundo no me cabe en mi condición humana.
La tristeza es la que habla por nosotros, la que nos desborda, la que se mueve a su antojo por nuestros rincones más íntimos y profundos.
Hoy la tristeza hace lo que quiere con nosotros.
Pero son los pobres, los trabajadores, los más humildes los que están más tristes.
Saben como nadie lo que perdemos con Néstor.
Desde la razón y el dolor, me animo a decir que con la muerte de Néstor nació el Kirchnerismo, como etapa superior del Peronismo, como punto de unión del campo popular, como síntesis de lo que está llamado a unirse para sostener y profundizar una idea de nación, más justa, inclusiva, democrática y soberana.
El Kirchnerismo, como homenaje a quien no vino a la Rosada para durar, sino para cambiar la historia.
Y la cambió.
Fue Néstor Kirchner el que recuperó la política y los sueños al mismo tiempo. Y en ese trance nos recuperó a todos. A los que venían con sus viejas heridas y a esa juventud que es más maravillosa que nunca.
Con Néstor fuimos nuevamente América Latina. Y fue sabernos dignos, enteros, tan militantes como él nos enseñó.
Me sale retomar algo de aquello que escribimos el 12 de setiembre pasado cuando la muerte mandó un último aviso y en esta misma columna escribimos:
“El militante Néstor Kirchner no sabe de descansos ni de glorias vanas.
El es la voluntad al borde del abismo, así en la triste derrota de una noche de invierno como en el cielo de las victorias.
Lo lancean por el flanco izquierdo y lo hieren por su costado derecho y sin embargo avanza igual con la frente en alto.
Si siente algún dolor o miedo en el centro del pecho, lo disimula ante el enemigo y se larga a llorar, si es preciso, con sus compañeros.
Siente miedo no por su propia vida sino por la del pueblo que ama y defiende.
Pasajero de la historia, sabe que algo quedará de su andar cansino, de sus palabras al viento, de la modesta muestra de coraje que mostró las veces que hizo falta demostrarlo.
El militante es el último eslabón de la cadena humana, el más perfecto e imperfecto de todos, al mismo tiempo, el más humilde, el que más se entrega por el prójimo.
Tiene algo de Pedro en las catacumbas, compartiendo el pan y el aliento con sus compañeros, pero también de Miguel Hernández y de Paco Urondo en el instante final. Se mira en el espejo del Ché con sus aciertos y errores, porque todo militante del pueblo tiene un poco del Che y esa condición humana, más humana que todas.
Es la Evita que no descansa cuando debe hacerlo porque siente que las otras Evas del pueblo, están más cansadas que ella, con siglos y siglos de tristezas, de llagas en el cuerpo, de hambre, de torturas, de mordazas, de hambre nuevamente.
El militante se enferma un día y se levanta al otro. Y se vuelve a enfermar y dice “vamos que ya falta poco” y sabe que el aliento de los suyos es su propio aliento.
El enemigo sobrevuela sobre su lecho de enfermo, espera, desespera y aletean sus alas negras mientras de su pico salen los proverbios que invitan a un descanso eterno.
“Rendíte de una vez”, dicen los carroñeros con un texto maloliente.
Pero el hombre, el militante, el que comparte el pan y el paño, sabe que él se muere sólo en la desigualdad, en la desesperanza del que no tiene nada que ganar ni que perder, en la entrega infame a los poderosos, en la desaparición de la palabra vida, en la capucha del torturador y su mandante.
El militante descuelga los cuadros de los genocidas y sabe que está saltando sobre el filo de la historia y que de ahora en más no hay ni puede haber vuelta atrás.
Pero mucho más que eso, vino a honrar la vida de los que reclaman con sus bocas desdentadas y de sus madres y del futuro que nos hermana a todos”
En el amor del pueblo con Cristina, este dolor se irá calmando de a poco hasta volverse una eterna canción en las miles de voces que hoy lo despiden, sin resignarse a perderlo.


El Argentino, 28 de octubre de 2010


martes, 26 de octubre de 2010

Ramal que para, ramal que cierra



Los asesinos de Mariano Ferreyra saben que tienen los días contados.
El círculo de la impunidad se cierra y los patrones y capataces ideológicos de esa muerte, no tienen otro destino que la cárcel.
Por eso algunos cacarean en nidos ajenos, para desviar la atención.
Gastan toneladas de papel y ríos de tinta para encubrir a los verdaderos criminales, esos que gobernaron y usufructuaron el país haciendo que se desplomara económica y socialmente en el 2001 y 2002.
En estos días, el kirchnerismo sufre la peor embestida política y mediática de los grupos de poder desde su irrupción en el gobierno nacional, el 25 de Mayo de 2003.
No es casual que ello ocurra a partir de la muerte de Mariano, el joven alcanzado por una bala asesina en ocasión de manifestarse solidariamente junto a trabajadores tercerizados del ferrocarril Roca.
Es que el viejo país instaurado por el terrorismo de estado, profundizado por el menemismo y mantenido por la Alianza radical, fue el que instauró la precarización y la tercerización del empleo para los trabajadores que sobrevivían a la ola de desempleo, las privatizaciones y la “cirugía sin anestesia” a la que fue sometida la sociedad en esos años.
La llamaban “Flexibilización laboral”, santificada durante el neoliberalismo y sostenida contra viento y marea hasta nuestros días en varios sectores del trabajo.
Ese viejo país, con su corporación mediática y sus políticos testaferros, han sido redescubiertos ahora de la manera más horrible: con el crimen de un joven de apenas 23 años.
Cuando solemos decir “estamos a mitad del camino”, estamos pensando en rémoras como esta de la tercerización laboral y en la necesidad de acumular fuerzas sociales para superarlas.
Cuando Hugo Moyano lideró la Marcha Federal junto a otras organizaciones sindicales y sociales en tiempos del menemismo, hay que recordar que una de las banderas principales de esa lucha era contra la tercerización impuesta por los empresarios que bendijeron y usufructuaron el modelo neoliberal y por los sindicalistas que la apadrinaban. Como José Pedraza de la Unión Ferroviaria, Luis Barrionuevo de los gastronómicos y el Momo Venegas de los trabajadores rurales.
Cuando la Alianza radical llegó al gobierno prometiendo dar una vuelta de página al desguace del estado y la sociedad, hizo exactamente lo contrario y continuó aplicando las mismas políticas flexibilizadoras del neoliberalismo.
No debe asombrar entonces que el Grupo A de los opositores, haga de bocina altoparlante del Grupo Clarín y ataque justamente al gobierno que empezó a desandar el sistema de trabajo tercerizado.
La misma actitud tienen los ladrones cuando son descubiertos y gritan “al ladrón, al ladrón” señalando al hombre honesto que los denunció.
Hay que avivarse que estamos en medio de una campaña mediática que busca por todos los medios enturbiar las aguas de una Argentina que está incluyendo socialmente.
En medio de esa campaña algunos dirigentes radicales cometen groserías como las de Oscar Aguad declarando que “los radicales no nos sacamos fotos con barrabravas. El que se saca fotos es porque convive con ellos”
Permítanos recordar que Aguad es el mismo que salió fotografiado en un acto oficial en Córdoba, cuando gobernaba el radicalismo, junto al genocida Luciano Benjamín Menéndez, hoy preso por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura.
A confesión de partes, Aguad…
El feroz ataque encabezado por los grandes medios y la derecha más rancia, más la negativa fundamentalista de los grandes empresarios a debatir siquiera el proyecto legislativo de repartir ganancias, son una muestra de los verdaderos motivos que impulsa esta campaña inquisidora contra el gobierno nacional.
Ya en el estribo, anotemos que el Censo Nacional arrancó exitosamente desde una de las puntas de la patria: la Antártida Argentina.
Mañana seremos millones los argentinos que esperaremos cordialmente en nuestras viviendas a las maestras y maestros censistas que realizarán la tarea a lo largo y ancho del país.

El Argentino, 26 de octubre de 2010

lunes, 25 de octubre de 2010

El hombre de paja

El diccionario filosófico dice que un hombre de paja es un testaferro, alguien que pone su firma y su voz en nombre de otros intereses, económicos o ideológicos, a los que representa.
En una segunda acepción, un hombre de paja es el nombre del recurso dialéctico y discursivo de aquel que “responde” a su contrincante sobre algo que el contrincante no dijo jamás. Lo que se dice, una trampa argumentativa.
Analicemos dos ejemplos candentes en estos días, aunque de distinta valía y significado.
Lo hacemos para ilustrar el modus operandi de los criminales de la verdad.
*Mauricio Macri es un hombre de paja. Fundamentó su prohibición a la mega muestra Tecnópolis planificada por el gobierno nacional diciendo que lo hizo por que le informaron que “se cortará durante 40 días la Avenida Figueroa Alcorta y que la ciudad se convertiría en un caos de tránsito absoluto”
Sin embargo, nada de lo que dice Macri es verdad. La Avenida en cuestión se cortaría solo dos fines de semana y estaba prevista la circulación alternativa que facilitaría el tránsito sin problema alguno. ¿No sabrá el jefe del Pro que durante cuatro días más de seis millones de personas pasearon en mayo pasado por la fiesta del Bicentenario en la Av. 9 de Julio en paz y absoluto orden? ¿Desconoce el ingeniero Macri que parte de su gabinete venía colaborando con funcionarios nacionales en una clara manifestación de aprobación del gobierno porteño a un evento de ciencia y tecnología jamás visto en América Latina?
*La derecha necesita ensuciar este proyecto de país que gobierna. El tratamiento que se hizo y hace del horrendo crimen que le costó la vida a Mariano Ferreyra convierte a esa derecha del poder en un gran hombre de paja en su doble acepción.
En primer lugar utiliza como testaferros políticos a la manga de adulones que rápidamente salieron a repetir los argumentos del Grupo Clarín y sus repetidoras de Perfil y La Nación. Apuntan al gobierno y a la CGT como una forma explícita de salpicarlo con esta muerte. Esta vez fueron muy lejos con “la teoría de la crispación” que implementaron desde el 2008 en adelante.
Pero donde se demuestran hombres de paja en plena operación de engaño es en el argumento de sus plumas editoriales atacando al gobierno por algo que jamás se dijo. Ningún hombre de gobierno inculpó irresponsablemente a hombre alguno de la política o del sindicalismo. Cuando el apellido Duhalde apareció en boca del jefe de gabinete, Aníbal Fernández, fue para afirmar exactamente lo contrario, que no creía que el ex senador bonaerense estuviera implicado en el crimen. A tal punto fue así que le mereció “la medalla de oro” por parte de los alegres lenguaraces del Grupo Clarín, Van der Kooy y Blanck.
Hace rato que perdieron el pudor y la vergüenza, pero lo que hicieron publicando la fotografía de uno de los acusados por el crimen junto a los ministros Boudou y Sileoni y la periodista Sandra Russo en un acto público, de esos donde muchos hacen cola para llevarse el recuerdo de una figura reconocida, es de tanta mala leche que sólo cabe presumir y quizás confirmar, desde el sólo análisis político de cualquier ciudadano de buena fe, que la derecha mediática está en plena maniobra de una operación política de vastos alcances. La inocencia no está en el vademecum de las corporaciones, como para que pensemos lo contrario.
Quizá razonaron que, como Ernestina Herrera de Noble posó junto al asesino de 30 mil personas y jefe de los genocidas y del terrorismo de estado, el contraataque era difundir en la tapa de Clarín y La Nación a un “negro de mierda” careteando junto a funcionarios nacionales de la democracia.
A esa derecha se le hace difícil condenar mediáticamente a los cinco millones de personas que recuperaron el empleo, a los millones de pibes que reciben la Asignación Universal por Hijo, a los dos millones y medios de nuevos jubilados que estaban a la intemperie; por eso desempolvaron la falacia del hombre de paja, para desvirtuar la escena del crimen, la misma que intentan seguir “construyendo”.

El Argentino, lunes 25 de octubre de 2010

domingo, 24 de octubre de 2010

En busca de nuestra identidad



El próximo miércoles 27 de octubre me levantaré temprano como de costumbre o quizás, más temprano que nunca.
Prepararé un buen mate, dos termos con café, calentaré las medialunas que compraré el día anterior, tendré una botella de agua fresca por si hace falta, pondré la mejor música para la ocasión y saldré a la calle a ver si viene el censista o la censista que nos toque en suerte.
“¡Arriba los corazones!” despertaré a la familia. Todo está listo para saber quiénes somos, cuántos somos, cómo somos.
Saber que podemos colaborar con tan poco a descubrir la última versión de nuestro ADN, o si prefiere, renovar el DNI de los argentinos, es un modesto orgullo para todos ese día.
Siempre es bueno saber quiénes somos estos morochos, rubios, colorados, aindiados, morenos, que somos los argentinos. Es tan simple y maravilloso como eso, nada más ni nada menos.
Pero fíjese usted, coméntelo con los suyos aprovechando el domingo, que pese a la voluntad que pusieron nuestros próceres de Mayo de 1810, un año después se llegó hasta los bordes de un empadronamiento pero no se pudo culminar. Sería recién en 1869 el año del primer censo nacional. Claro, fue una muestra incompleta. No censaron ni a los negros ni a los indios ni a los habitantes de la Patagonia ni al amplio territorio que abarcan las hoy provincias del Chaco, Misiones y La Pampa.
En 1887 fue apenas un conteo a ojo de buen cubero sobre los negros que habitaban Buenos Aires. Pero no fue un Censo Nacional.
El segundo Censo se realizaría recién en 1895 y fue mucho más completo que el primero. Pero eso sí, “de los indios ni me hablen” diría el estado censor en su doble acepción. Lo de censor digo.
Por esas tristes paradojas de la historia, entonces se dijo que había que poner una cifra aproximada sobre la población indígena. Y se puso 30 mil.
La maestra o el maestro censista que el miércoles próximo llegará hasta su puerta es el sujeto que pondrá la historia en su lugar, para dejar atrás ese viejo país de la exclusión y escribir un nuevo paradigma de la argentinidad, el que nos integra, el que no deja a nadie afuera, el que nos iguala en un mismo día a todos, el que repara la historia en su Bicentenario. Como si censara en el amanecer de la patria y con el mismo derecho de identidad, al Libertador José de San Martín, al Negro Falucho, al gaucho Sargento Cabral y al Cacique Comandante, Andresito Guacurarí.
Igual, pero doscientos años después.
Más de 600.000 censistas recorrerán el país hasta el último rincón para censarnos a todos, sin excepción. El deber y el derecho que tenemos es censarnos. No hay opción para desertar con la patria.
¡Nos preguntarán si usamos computadoras!
Es preciso saber cuánto estamos de avanzados en nuestra conectividad. Hay que integrar a todos, incluyendo, incluyendo, incluyendo.
¡Nos preguntarán sobre nuestra descendencia o pertenencia a pueblos originarios!
¡Nos preguntarán de igual forma sobre nuestra pertenencia a la población afrodescendiente!
¡Que suenen los tambores, que repique el tamboril, chico, repique y piano!
También harán preguntas sobre discapacidad en la familia, sobre migraciones, sobre la cobertura de salud que tengamos, la situación previsional, la fecundidad y la característica de la ocupación que tengamos.
Que a nadie se le ocurra dejar afuera al abuelo o al bebé. Ellos también participan.
Es importante saber que todo lo que refleje el Censo Nacional servirá para mejorar nuestras instituciones democráticas, para mejorarlas, para formular políticas de inclusión y desarrollo tanto en lo público como en lo privado.
Yo haré pasar al censista a mi casa. Es más, lo haré sentir tan cómodo como en su propia casa. ¿Sabe porqué? Porqué de la eficiencia de su trabajo y de la sinceridad en los datos que le brindaremos, estaremos garantizando la mejor hoja de ruta para nuestro futuro.
Y porque es de egoístas no hacerlos pasar ni recibirlos con un apretón de manos a quién vendrá simple y maravillosamente a ayudarnos a conocernos mejor.
Creo que es así ¿Y usted?


El Argentino, domingo 24 de ocubre de 2010

Una muerte oscura, un día luminoso


La muerte de Mariano Ferreyra tronó como lo que fue, un disparo a la hora de la siesta. Todos giramos la cabeza hacia el lugar del estruendo en busca de noticias.
En un primer momento, fue una sensación de caída libre hacia el túnel del tiempo.
El vértigo cundió durante un par de horas. La imagen televisiva alborotaba los espíritus y no dejaba pensar con claridad.
Es el único joven muerto en medio de un conflicto social, en tiempos de ausencia represiva por parte del estado nacional.
Para un país que soportó mil quinientas movilizaciones a favor y en contra del gobierno, desde la asunción de Néstor Kirchner hasta hoy, sin represión alguna; que organizó la mayor fiesta de cumpleaños de la patria en su Bicentenario, sin un solo rasguño; que juzga a los genocidas en los tribunales y en la sede del Ministerio de Trabajo convoca más de dos mil convenciones paritarias entre patrones y trabajadores, en ese país presente, el sonido de una bala es un boleto de ida y vuelta hacia el pasado.
No vamos a ocuparnos del primer anillo que rodea esta muerte repudiable y dolorosa. La justicia actúa a paso redoblado y el círculo del crimen con sus autores materiales e intelectuales se cierra inevitablemente.
Deberán caer en prisión para ser juzgados, todos los que deban ser juzgados. Los dirigentes y los dirigidos, los mafiosos con anillos de oro y los mercenarios con olor a muerte.
Pero en el segundo anillo de la investigación, se impone conocer la dimensión de todo crimen político.
Y el de Mariano es un crimen político.
Conocer el comportamiento de las conductas sociales y antisociales de los protagonistas de estos tiempos, de los gobernantes y los gobernados, de los periodistas y de sus medios, de los políticos y de sus partidos, de los que crean sentido común a diestra y siniestra, es un dato más que relevante para conocer en qué tramo de su historia está el país que construye, como puede y debe, su propio futuro.
En otros tiempos, de violencia y crisis recurrentes, el sonido de un disparo, si bien no era intrascendente, era casi una parte del paisaje. Pero en este país ya no es posible que pase desapercibida ninguna muerte, ninguna herida, ninguna mordaza.
El país donde asesinaron a Mariano Ferreyra es el país de la Asignación Universal por Hijo, mal que les pese a los bichos de carroña que abundan por derecha y por izquierda.
Es un país a mitad de camino entre la crisis de representatividad hegemónica de fines del siglo XX y la otra crisis, la del crecimiento, que hace latir y tensar las almas, de un lado y trancar con siete llaves las puertas del poder impune, del otro.
Decir que se está a mitad de camino supone aceptar el desafío de seguir avanzando.
Y adelante está el país de la justicia social, el de la belleza sin franquicias, el de las muestras al aire libre sin un Macri que se oponga, sin tercerizaciones en el empleo, sin monopolios mediáticos, sin nietos desaparecidos.
Sin represión policial.
En este marco es que se sustancian los hechos políticos acaecidos a partir del mismo instante que se conocieron las primeras noticias sobre el crimen; diría un sumario de ocasión.
El Grupo Clarín en pleno, con sus repetidoras y suplementos de variada laya, salieron a apuntar contra el gobierno y contra el “sindicalismo de Hugo Moyano”. Para ello utilizaron a su sempiterna estrella movilera, el señor Bazán, transmitiendo desde la calle y bajando línea vertical sobre esta muerte que, en su relato, coronaba la muerte de todos los reprimidos en gobiernos democráticos.
Toda muerte violenta es una tragedia humana. Pero no todas las muertes revelan una misma época.
Si el Grupo estaba tan seguro que ésta completaba la masacre del puente Avellaneda, con “la mejor policía del mundo” según Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf, disparando a mansalva sobre Kosteki y Santillán, aquella masacre que les inspiró el título de “La crisis causó dos nuevas muertes” ¿sabía acaso que también ahora fueron las balas policiales las que dispararon y no una patota sindical? ¿Será llamado a declarar por tan temerarias afirmaciones, alguno de los voceros del señor Magnetto?
Desde ese momento, disciplinaron el discurso de sus seguidores.
Los radicales del partido centenario, con Gerardo Morales y Ernesto Sanz a la cabeza, salieron a dar cátedras de “pacifismo” a los gobernantes actuales, olvidando por efecto de la desmemoria, el charco de sangre que alfombró Plaza de Mayo cuando huía en helicóptero el último presidente radical, Fernando de la Rúa.
Si en el primer anillo quedó claro que las balas partieron de un solo lado, en el segundo anillo quedó suficientemente demostrado que los agravios y acusaciones también partieron de un solo lado: el de los opositores del Grupo A.
Desde la derecha no hay mucha necesidad de sobreactuar estas situaciones, cuando de atacar a un gobierno nacional y popular se trata. Es parte de su prontuario.
Pero desde la progresía placeba, a la hora de agacharse, aceptan lo que venga, hasta concurrir al almuerzo televisivo de Mirtha Legrand y brindar reportajes a Clarín exaltando su arrepentimiento sobre la última votación en diputados a favor de la democratización de Papel Prensa.
Es el caso de Pino Solanas, desautorizando a la diputada Cecilia Merchán y sumándose al coro del Grupo Clarín que apuntó contra el gobierno.
El triste papel de Solanas en el almuerzo de la diva, fue la antítesis de “La hora de los hornos”. Sonriente, complaciente con el poder, hablando de encuestas electorales ante la triste mirada del dirigente del PO, Marcelo Ramal.
El Censo Nacional del próximo miércoles 27 de Octubre nos permitirá saber cuántos somos, qué somos, cómo estamos, qué nos hace falta; pero esta situación desgraciada que venimos analizando, nos adelantó el relevamiento de los que siguen anclados en el viejo país, aquel donde los medios ponían la agenda y los políticos serviles, conservadores o con parada progre, la cumplían y ejecutaban a rajatabla.
Eso también se terminó en esta Argentina, que cuando puja, es porque está pariendo.

Miradas al Sur, domingo 24 de octubre de 2010

viernes, 22 de octubre de 2010

Los Miserables

Nunca se fueron de allí.
Siguen en sus madrigueras y toda vez que pueden, atacan.
Esta vez se llevaron la vida de Mariano Ferreyra, un ser humano, un ciudadano, un argentino, un militante, una voz, una mirada que ya no puede mirarnos para ir hacia nuestro abrazo o para juzgarnos como se le plazca.
Lo único cierto es que nuevamente un joven ha muerto en una emboscada mafiosa.
Y cuando muere un joven en la Argentina, todos volvemos a morir un poco más.
La indignación nos vuelve a crecer al palpar con la yema de nuestra memoria histórica las circunstancias miserables de su muerte. Asesinado por sicarios o por quién sabe, los asesinos deberán ir lo más pronto posible a pagar sus cuentas a la justicia. Y a confesar con todas las garantías que hoy brinda esta democracia, quién o quiénes los mandaron a matar a Mariano.
Que les caiga la noche al mafioso, al criminal y a los criminales de toda especie, al que gatilló y al que ordenó la muerte. Por más poderosos que sean los autores intelectuales.
Si el gobierno nacional y popular ha sido criticado y condenado mil veces por ser permisivo con las manifestaciones opositoras, con los piqueteros, con los que cortaron rutas, con las movilizaciones de cualquier origen ¿por qué habría que tolerar entonces que un grupo de civiles sindicalizados impida una movilización militante?
Si el gobierno nacional y popular jamás reprimió, jamás encarceló a nadie por sus manifestaciones hostiles por más agresivas que fuesen ¿por qué la cadena nacional de los medios opositores con sus principales voceros políticos del Grupo A, apuntaron desde un primer momento contra “la responsabilidad de gobierno”?
Si el Secretario General de la CGT, Hugo Moyano, es permanente crucificado en los grandes medios por su actitud combativa contra toda empresa que súper explota a trabajadores tercerizados, solidarizándose con los trabajadores que por igual causa protestan en el gremio ferroviario ¿por qué esos medios apuntan ahora exclusivamente contra Moyano cual si fuese el mismo demonio?
Si los autores de las profecías apocalípticas fueron siempre los dirigentes opositores como Elisa Carrió o Eduardo Duhalde, vociferando desde la corporación mediática sus anuncios catastróficos ¿por qué el mensaje de la hora es pedirle al gobierno nacional que “baje los decibeles de su confrontación”?
¿O acaso crispa más la Asignación Universal por Hijo que Eduardo Duhalde cuando declaró hace poco “a fin de año, el país va a estar como en el 2000” y calificó de “bomba explosiva el manejo que hace el Gobierno de las finanzas públicas” y anticipó que antes de terminar el año, habrá una crisis?
¿De qué país hablan los opositores y mutantes como Julio Cobos, cuando afirman tan sueltos de cuerpo que “hay un clima de confrontación permanente y hay que lograr la paz social”?
Un muerto es una tragedia. Pero la Argentina no es la misma Argentina que tuvo decenas de muertos por la represión estatal de los gobiernos democráticos anteriores a Néstor Kirchner.
Ningún muerto por las balas policiales del Estado nacional desde el 25 de Mayo de 2003.
Este gobierno tiene autoridad moral para enfrentar esta emboscada, condición que no pueden exhibir con tanta facilidad los que participaron de gobiernos que reprimieron y causaron muertes como las de Víctor Choque, Teresa Rodríguez, Kosteky y Santillán, Pocho Lepratti y la treintena de muertos en las cercanías de la Plaza de Mayo antes que despegue el helicóptero con De la Rúa adentro.
¿O no se acuerda de esa tragedia durante su gobierno el senador Sanz?
Este gobierno es el que denunció el país en negro del neoliberalismo. Cuando se desmantelan los monopolios, se desmantela el trabajo en negro de raíz.
Como afirmó el ministro Tomada “en la década del `90 nueve de cada diez empleos eran en negro y hoy ocho de cada diez empleos son en blanco; antes de Kirchner había 22 inspectores de Trabajo, ahora tenemos 450 en todo el país”
El pueblo sabe que al matar a Mariano, los mafiosos dispararon contra el proyecto de país que nos gobierna.

El Argentino, 22 de octubre de 2010

miércoles, 20 de octubre de 2010

La reinvención del papel


Esta semana la palabra dio otro brinco hacia el futuro.

Como dice Cristina: "Sorry Magnetto".

El anuncio del proyecto de Marco Regulatorio para el Papel como bien público anunciado ayer por Cristina, la nueva Televisión Digital Abierta y el acceso a Internet en todo lugar público, la instalación de los NAC (Núcleos de Acceso al Conocimiento) en distintos lugares del país, el Programa Conectar-Igualdad, los nuevos medios de comunicación que surgen, como Encuentro, Paka-Paka, CN 23, Tiempo Argentino y otros, están mostrando y demostrando al mundo y a nosotros mismos, que la revolución tecnológica está en pleno furor.

La democracia dejó de ser un saco apolillado en el viejo ropero.

Allá por el año 105 AC, a un tal Ts’ Ai Lun, en la antigua China Imperial, se le ocurrió inventar algo que daría vuelta, literalmente, una página trascendente en la historia de la humanidad: el papel.

¿Pero quién era este señor que había inventado semejante maravilla?

Era el jefe de los eunucos del Emperador y estaba al frente de los suministros de la Casa Real.

Saber que fue un eunuco el inventor del papel, provoca un cosquilleo especial, pero con un poco de imaginación y voluntad quizás nos permita una pista para entender el origen del dominio monopólico sobre la palabra escrita.

El dato significativo que nos brinda esta historia es el que afirma que aquel Imperio chino puso en manos del célebre inventor, la concentración total sobre el uso y la distribución del valioso papel.

“Quien controla el papel, controla la información”, es entonces una milenaria sentencia china, nacida mucho antes que el propio Cristo.

Sentimos defraudarlos, pero no es una frase con patente argentina, como muchos creíamos, dictadura, Magneto y Ernestina de Noble, mediante.

En estos tiempos que corren, este modesto país que supimos construir, está reinventando el papel desde otra mirada, más horizontal, más participativa, más democrática, más igualitaria.

Más erótica.

Con un marco dramático pero con final feliz, porque será un papel signado por la lucha de la vida contra el terrorismo de estado. En tinta de agua, cada papel oficial debería llevar la inscripción de la palabra “Vida”, para que se lo vea cuantas veces pase por la luz ultravioleta. Porque de triunfar el proyecto sostenido por la Presidenta y los legisladores del Frente para la Victoria, ya no estarán al timón del manejo del papel para la prensa, ni los dictadores ni sus cómplices civiles.

Mucho menos, los eunucos mentales que les sirven dócilmente desde una banca.

Cuando el Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Duhalde el Bueno, se presentó ante la Justicia para reafirmar la denuncia por crímenes de lesa humanidad en el proceso de adquisición de la empresa Papel Prensa y volvió el lunes otra vez a presentarse sumando pruebas en contra de los directivos del Grupo Clarín, estaba abriendo nuevos caminos para llegar a la verdad. Nada más ni nada menos.

Fíjense qué importante es comprobar ahora que las supuestas "interferencias" que sufriera TN en marzo de 2009 fueron parte de una "grosera operación del Grupo Clarín para victimizarse y descalificar el debate de la ley de medios", tal como aseguró ayer Gabriel Mariotto.

Esa es una prueba de la infamia y la impunidad con que actúan los dueños del circo y los modernos eunucos que les sirven. Hay que recordar las denuncias permanentes en esos días contra la llamada "ley K", cuando se escuchaban a diputados y senadores del Grupo A agarrarse de los pelos y llorar ante las cámaras de TV reclamando por la libertad de empresa para Clarín.

"Hoy interfieren a TN, mañana nos interfieren a todos" decían a coro, Gerardo Morales, Carrió, Silvana Giudice. ¿Se acuerdan?

Ayer nos enteramos que el juez que intervenía en la causa la mandó a archivo por comprobar que no hubo interferencia sino que era verdad lo que ya por entonces informara el ex COMFER: ¡por una sobrecarga, colapsó el satélite que abastece al Grupo!

¿Vio Magnetto? Quien mucho abarca, poco aprieta.

El Argentino, 20 de octubre de 2010