jueves, 20 de noviembre de 2008

DE LA VUELTA DE OBLIGADO A LA VUELTA DEL ESTADO

¿Quién escribirá la historia de estos días que corren? ¿Alguien tomará de las solapas, con la prosa y la palabra, a los canallas y los cínicos que sólo braman blasfemias en las penumbras, cuando asoma algo de luz? ¿Podrán decir los escribas que después del saqueo contra las arcas del pueblo, sucedió la vuelta a casa de nuestra línea aérea, el juzgamiento a los genocidas, la caída del desempleo, la integración latinoamericana, la liberación de las garras del FMI? ¿Se dignarán en nombrar a Néstor Kirchner y Cristina Fernández como los hacedores de un tiempo forjado por esa mayoría que sólo quiere vivir mejor?
Por si acaso, los mansos y los justos deberían dejar las huellas de estos días a resguardo para los que vendrán después. No importa, siempre que sea digna y auténtica, lo tosca que la huella sea. Pero decir claramente que hoy volvimos a tender las cadenas de la Vuelta de Obligado para que la codicia de los mercaderes no pase nunca más contra nuestro destino de libres.
Es 20 de Noviembre y resignificamos el Día de la Soberanía con la recuperación de la administración estatal del patrimonio de los trabajadores y los jubilados. En la votación parlamentaria no nos separarán sólo dos maneras de gobernar nuestros ahorros, sino dos visiones de la Argentina, dos modelos en pugna, dos formas de vivir la vida en este bello país. Es la disputa entre lo viejo y lo nuevo, entre lo justo y lo injusto, en el momento que se define el rumbo de un mundo en llamas.
Duele saber que la palabra se rompió cuando, dictadura, menemismo y alianza mediante, rompieron los cimientos del Estado, pero hay que decirlo. ¿Cómo no se iba a fragmentar la palabra y la política si la sociedad fue bombardeada mediáticamente hasta hacerla refugiar en los rincones de la sobrevivencia?
“Salvese quien pueda” fue la consigna. Saquearon nuestros ahorros pero el verdadero propósito de inventar el negocio de las AFJP, fue rasgar y romper el tejido social para eliminar todo sentimiento organizado, atentando así contra la solidaridad colectiva, que es constitutiva de la condición humana. Por eso, cuando decimos que este cambio es estructural no estamos pensando desde una máquina registradora sino desde el alma de un pueblo que vuelve a juntar sus parcelas dispersas, su identidad de nación, un futuro compartido.
Seamos definitivamente un pueblo y una nación y no esa aritmética feudal del neoliberalismo. No somos clientes ni socios ni meros consumidores. Somos ciudadanos, que es un rasgo superior de la escala democrática. Y desde hoy lo somos más que ayer.
Duró catorce años este debate. Mienten los que aúllan clamando más tiempo para analizar y decidir. Ya nos robaron bastante para que sigamos marcando el ritmo del reloj con la letanía de una cigarra. Esta es la hora y no mañana. Mientras otros corren en auxilio de sus banqueros, nosotros lo hacemos a favor de la justicia social. Vaya con la diferencia. Se dirimen estas cosas en una sesión que compromete a todos, oficialistas y opositores, en la posibilidad histórica de hacer causa común cuando se construye ciudadanía y no partidismo de cuarta. Tengamos memoria cuando mañana elijamos nuestros representantes, recordando el voto de este día.
Recuperar nuestra identidad es escuchar el canto destemplado y heroico de los criollos que en la Vuelta de Obligado entonaban el Himno Nacional mientras combatían contra la más poderosa flota naval de esos tiempos. Es alzar en los brazos de la memoria al Gaucho Antonio Rivero, el mismo que recuperó en 1833 nuestras Malvinas al mando de un pequeño ejército compuesto por dos gauchos y cinco indios y que alcanzado por el fuego enemigo, caía para siempre ese 20 de noviembre de 1845. Ellos, con el General Lucio Mansilla al frente, también peleaban contra la fragmentación de la patria que nacía a ponchazos y sablazos, al grito de “¡Viva la soberana independencia argentina!”
Por eso, como ya se dijo desde lo más alto de la representación popular, no es una casualidad que sea hoy el día en que vuelve el Estado a resguardar nuestro destino común.
Claro, la batalla es muy distinta. El campo de disputa es el campo del debate y es esta democracia a la que habrá que seguir vigorizando con la profundización de este modelo de desarrollo con inclusión social.
Sólo así honraremos a los patriotas que supieron defender con honor nuestra Soberanía.
(BAE, 20/11/08)

2 comentarios:

diego dijo...

jorge:

te leo todos los domingos en miradas y en la semana en el argentino. Coincido plenamente con tus comentarios. Somos muchos mas de lo que los multimedios nos quieren hacer creer. Este proceso lo bancamos a muerte. Abrazo

Diego López dijo...

Es bueno leerlo, compañero Giles.
Uno, con a penas 22 años quiere el día de mañana llegar a contar que hubo un presidente y una predisenta, que se ocuparon de decir y hacer lo que las convicciones que compartimos decían (las mismás, que el General y Evita nos escribían todos los días en el corazón y en la historia, para que pudiéramos decir: "y entonces, éramos felices"); que no mintieron, que no fue en propio propósito. Que fue por el pueblo. Y quizás, cuando lo estemos diciendo, al mismo tiempo estemos jurando por continuar con ese modelo de país/nación/pueblo/vida. Solidario, inclusivo, pero sobre todo: soberano.