domingo, 21 de septiembre de 2014

Una larga primavera camporista



Alta gira y despliegue oficialista en medio de la balacera buitre.
Ni un paso atrás.
La presidenta habla con el Papa y luego va a la ONU donde hace unas semanas se aprobó por 124 votos a favor y 11 en contra el apoyo a la Argentina contra los fondos buitres.
Antes se reunirá con dirigentes sindicales de todo el mundo y luego con grosos jugadores empresariales.
El Congreso  votó la ley que permite cuidar el bolsillo y el consumo de los ciudadanos y la justa renta de las pymes.  
Los gobernadores de las provincias petroleras firman con la presidenta un acto de auténtico federalismo: el Estado nacional representa a todas en la defensa de nuestros recursos energéticos.   
Y claro, este avance no es gratuito.
Los de la vereda de enfrente, los que quieren volver a provocar un nuevo estallido social e institucional como en el 2001, los representantes del poder económico, financiero y mediático concentrado, los buitres de afuera y de adentro, resisten y afilan sus cuchillos, como los Coroneles de Mitre, para pasar a degüello cada una de las conquistas sociales que el pueblo argentino ha logrado con el gobierno de Cristina.
La oligarquía no olvida ni perdona cuando de defender sus intereses se trata y para ello  utilizan a sus peones partidarios, sindicales y “periodísticos“que vienen de perder los últimos trapos que le quedaban de dignidad y vergüenza.
Vergüenza ajena, los opositores.
Pero la historia no se repite. Esta vez no pasarán. 
Aún retumban las consignas amorosas y apasionadas de los 40 mil pibes y pibas convocados en el estadio de Argentinos Junior el sábado 13 de setiembre.
¿Estarán avisando acaso que el Kirchnerismo ganará las próximas elecciones nacionales del 2015?
Quizás, quizás. 
Qué extraña paradoja la de estos tiempos: una fuerza de jóvenes nacida al calor de un proyecto oficialista y que, sin embargo, expresa una corriente rebelde y contracultural.  
El de La Cámpora no fue un ejercicio de voluntarismo ni de fe partidaria, sino un acto multitudinario donde una porción importante y representativa del sujeto principal de estos años, la juventud, expuso a cielo abierto las cuatro condiciones que requiere toda marcha a la victoria: liderazgo, mística, proyecto y organización.
Las aguas que corrieron en los días sucesivos al acto y en particular la aparición pública de Máximo Kirchner dan cuenta del alto impacto que esa multitud provocó en el escenario político.
Abundaron las comparaciones con otros tiempos y espacios.  
Veamos.  
La gloriosa JP de los años setenta tuvo su bautismo de fuego en las calles y en las plazas,  pero la diferencia entre aquella y esta época es que entonces el fuego era el fuego, sin metáfora alguna. Su punto de partida era la dictadura y el fin deseado era “la toma del poder “y la “construcción del socialismo”. ¿La democracia?, bien gracias.
Porque era otro mundo, otra región y otro país. Su cuna fue la resistencia peronista y el “Luche y Vuelve”. Pero aquella mística que se probaba a sí misma entregando la vida a cada instante, aquella organización que se fortalecía en el territorio y en la logística propia, aquel proyecto de patria liberada, tenía además un liderazgo con el que más pronto que tarde chocaría irremediablemente. Perón era el líder de las masas populares, indiscutiblemente, pero no era el mismo perfil de liderazgo que una buena parte de la masa juvenil estaba cultivando con su proyecto autónomo.
Y entonces pasó lo que pasó; la unidad del campo popular se quebró por impericia, por inmadurez, por retardatarios o por apresurados o por todo eso junto y se crearon las condiciones para gatillar una dictadura que ya estaba desenfundada desde mucho tiempo atrás.
Fue un proceso que no conoció puntos intermedios. Demasiado viejo por un lado y demasiado joven, por otro.
¿Cómo equiparar entonces este momento con aquel de los setenta? No es posible siquiera acercar situaciones con las juventudes políticas de los años 80, recién inaugurada esta democracia que nació debilucha, chamuscada por la guerra de Malvinas, amenazada por los carapintadas, con genocidas sueltos y leyes de impunidad.
Ni hablar de los noventa cuando la juventud se refugió a solas de la tormenta neoliberal que azotaba el mundo.
La juventud de ahora, en cambio,tiene a sus espaldas 30 años ininterrumpidos de ejercicio democrático.
Es un dato que debiera impactar pedagógicamente en todo el arco político.  
La Cámpora, además, crece en todo el territorio nacional, se fortalece organizativamente, gana representatividad política y social, construyendo y fortaleciendo su espacio junto a quien lidera y conduce el ancho espacio kirchnerista: Cristina Fernández de Kirchner.
Su proyecto es el de Cristina. Su orgánica se referencia en Cristina. Su mística tiene nombres y apellidos: Evita, Cámpora, los 30 mil desaparecidos, Néstor Kirchner.
Su líder y conductora es Cristina.
De modo tal que por primera vez en la historia de los movimientos nacionales y populares, el liderazgo y su descendencia están unificados. Se alinearon los planetas de la historia y cuando eso ocurre, agarrate Catalina.
Las causas políticas hoy están más entrelazadas que nunca con las causas sociales. Siempre lo estuvieron, pero se tendrá que admitir que nadie defendió más y mejor las reivindicaciones sociales que este proyecto político que logró la mayor baja en el índice de desocupación y de mortalidad infantil; sólo para indicar dos ítems dramáticos en cualquier sociedad y en cualquier parte del mundo.
Se viene un tiempo de certidumbres en pugna: las del proyecto nacional y popular versus las de las corporaciones y los fondos buitres. Se disputa poder como nunca antes, sólo que esta vez habrá que agradecer a los dioses que todo ocurra en paz y en democracia.
El kirchnerismo es el peronismo y sus barrios aledaños y Máximo Kirchner tocó una fibra sensible de ese territorio cultural cuando desarrolló con palabras elocuentes y sencillas la quinta esencia del movimiento: primero la patria, después el movimiento y por último los hombres.
Respire hondo, la primavera recién empieza.

Miradas al sur, domingo 21 de septiembre de 2014