domingo, 29 de junio de 2014

Una mujer, un pueblo


Allí está Cristina junto a su pueblo.
Unidos, firmes, sabios, dignos y valientes.
Hay que saber interpretar y vivir este momento; no es para cualquiera.
El calendario del futuro seguramente lo calificará como un momento histórico.
Porque la historia está pasando por la puerta de la patria en los días que corren. Y Cristina es quien conduce los destinos de este pueblo y al hacerlo como lo viene haciendo, ayuda a conducir a todos los pueblos de la América Latina y a todos los sectores sociales de ese costado del mundo que sigue resistiendo contra el viejo poder de la codicia y el saqueo.
De este modo, una lucha desigual y sin cuartel se desarrolla a nivel planetario.
La Argentina se enfrenta al poder financiero mundial concentrado, con una decisión inclaudicable: la de ser un país soberano, digno de ser parte de lo mejor de su propia historia y de lo mejor de la historia del continente americano.
Queda claro para todos los mortales, que a Paul Singer, al Tea Party republicano, al juez Griesa y a todos los fondos buitres internacionales les interesa robar de un zarpazo letal el capital acumulado por el pueblo argentino y su Estado en estos últimos años; pero mucho más les interesa poner de rodillas una nación como la Argentina,  que viene batallando desde el 2003 para dejar atrás lo peor de la triste etapa iniciada con la dictadura civil-militar en 1976 y cuyas políticas neoliberales, Martínez de Hoz-Cavallo mediante,  alcanzaran su esplendor en la década de los 90.
O sea, ya en democracia.
Subrayemos esto para que no queden dudas de quién es quién en la historia que estamos escribiendo. 
Cual si fuera Mansilla en la Vuelta de Obligado, el ministro Kicillof traza y destraza para volver a trazar sólidas cadenas sobre el río indomable y soberano que los nuevos invasores de la flota colonial buscan infructuosamente hacer claudicar para su entero dominio. Su misión principal es evitar que se lleven gratuitamente y de arriba este atropello imperial que se dictaminó en un texto judicial tan ruin como vergonzoso. Y lo viene logrando.
Demuestra así que no basta con ser corajudo. Hay que ponerle inteligencia y picardía al coraje. Y  Axel Kicillof y todo el gobierno nacional se mueven con la sagacidad que requiere esta nueva batalla decisiva para nuestra integridad como nación.
Para comprender la anchura y la profundidad que se están amasando en esta coyuntura, diremos que es la segunda vez que en democracia se está a un paso de cuajar la unidad latinoamericana de una vez y para siempre. La vez anterior fue contra el ALCA con los eternos presidentes Néstor Kirchner, Lula y Chávez inaugurando una nueva etapa en la historia continental, signada por la unidad y no por la dominación imperial.
Triste paradoja: pero la vez anterior a esa batalla de Mar del Plata contra el cowboy George Bush,  fue la que se desarrolló durante la guerra de Malvinas en 1982. Todos los pueblos y gobiernos de la región, salvo uno, se unificaron alrededor de la Argentina y su causa mayor de soberanía. Pero claro, se partía de una falla de origen que impedía consolidar dicha unidad: la protagonista central era la dictadura. Y como señaló nuestra presidenta, ninguna guerra se gana contra los pueblos. Y por si no alcanzara el argumento, hay que recordar que el ejército sudamericano nace con San Martín y Bolívar desde el macizo concepto de “un pueblo en armas”.
Esta vez es distinto en casi todos los planos.
No hay dictaduras, manda la democracia en el continente; no hay falsas divisiones entre nuestros países, manda el MERCOSUR, la UNASUR, la CELAC, EL G-77 más China.
No hay sumisión al poder financiero dominante a nivel mundial, hay dignidad en nuestros pueblos y sus gobiernos.
No hay fragmentación entre la Causa Malvinas y la causa soberana contra esta deuda injusta.
La dictadura defendía y promovía la causa de Malvinas como una forma de tapar su aberrante genocidio y su complicidad y rapiña con la deuda externa.
La democracia y su gobierno, en cambio,defienden infatigablemente la soberanía en Malvinas con la misma convicción con que defiende la soberanía económica de nuestro pueblo y nación. 
Para decirlo de otro modo: el fin de época marca la diferencia. Una época signada por el neoliberalismo rapaz que se llevaba puesto al mundo con aires doctorales, está llegando a su fin en estas comarcas.
Quizá no le  veamos nunca la cara a dios, pero al diablo sí que le vimos la cara, el pico y las garras; y que nadie diga nunca más que no lo sabía o que eran puros inventos de analistas mal intencionados.
Una nueva época ha comenzado a brillar en la América del Sur.
Y por eso cruje, tiembla, tensa el ambiente y conmueve los corazones. 
Todo esto sucede al mismo tiempo que se denuncia judicialmente el trabajo esclavo en los campos de la familia del presidente de la Sociedad Rural.
Los procesos de cambio, cuando son verdaderos, se distinguen porque en su vientre se gesta una nueva sociedad, más justa y más libre. No se demoran las causas sociales en nombre de las causas nacionales. O viceversa.
Una alimenta a la otra.
Salvando las distancias, los enemigos del pueblo hacen algo parecido.
Por eso, que a nadie extrañe aquella denuncia contra la patronal rural ni el nuevo plan del gobierno para aumentar el poder adquisitivo de los asalariados en medio de la batalla contra los fondos buitres, como a nadie extrañe que estos sean defendidos impúdicamente por los grandes medios de comunicación.
Si a bordo de los buques de la flota anglo-francesa que atacó en la Vuelta de Obligado en 1845, viajaban deshonrosos argentinos que traicionaban y vendían a su patria, a bordo de esta embestida del poder financiero, se desplazan las plumas reales de los medios cipayos. Y el político que dice que hay que pagar todo al contado como manda Griesa. Y el sindicalista patotero que le hace coro.
Es que la historia se escribe no sólo con los actos heroicos, sino también con la baba que dejan los seres despreciables.
La cuestión es evitar que ganen los segundos y asegurar que salgan victoriosos los primeros.

Miradas al Sur, domingo 29 de junio de 2014