viernes, 1 de abril de 2016

Querida Mary



Prefiero recordarte así por los días y los meses y los años que vendrán. Así como te vimos siempre: de pie, alentando a los compañeros, enseñando siempre con tu palabra y tu ejemplo de lucha. Por eso no voy a despedirme en tu partida. Siento que tenemos el derecho de llorarte pero mucho más el deber de intentar reemplazarte en el camino. Hay tanto enemigo enfrente que no podemos ni debemos aflojar. Te enojarías mucho, además, querida Mary.
Antes de nuestra última derrota, hace muy poco, nos dimos el placer de recorrer juntos el Museo Malvinas y trazamos allí planes para el futuro y volvimos a soñar con llenarlo de pueblo y de gurises haciendo de cada lugar que fuimos construyendo con Néstor y Cristina, verdaderas escuelas de la patria. Pero ya ves, Mary querida, tendremos que hacer un paréntesis, por ahora. El viento de la historia, como alguna vez escribimos juntos, nos irá llevando y trayendo según las circunstancias. Hoy prefiero verte así, tan luminosa y potente en esa humanidad que desbordaba tu cuerpito de gorrión. Y cantarte al oido para siempre aquella canción tan nuestra: "La historia se hace a fuego lento y el pueblo sabe que el maestro es el viento". El viento sos vos, Mary querida. Gracias por todo y hasta pronto, compañera amada.

Posdata: no te olvides de llevar tu guardapolvo blanco y un puñadito de tizas para seguir escribiendo en el cielo de los justos.