miércoles, 20 de abril de 2016

Para la libertad sangro, lucho y pervivo


Breve crónica del encuentro de Cristina Fernández de Kirchner con artistas y comunicadores en el Instituto Patria.
Buenos Aires, 19 de abril de 2016.
Al ingresar al Instituto, nos saludaba un amplio espacio colmado de caras conocidas y un rumor en el aire como un colmenar de abejas. Sabíamos que Cristina podía demorarse, pero no importaba. Ella venía de la Isla Maciel, de reunirse con chicos de las barriadas más humildes y con curas comprometidos con su opción por los pobres. Con ellos, vale la vida.
Hasta que apareció por el frente del salón y todos se levantaron para expresarle su amor en un abrazo colectivo que se hizo canción, consignas y aplausos emocionados. Pero Cristina decidió bajarse del escenario que le habían preparado, caminó hasta el centro del espacio y desde allí nos habló como si lo hiciera sentada en la cocina de su casa, alrededor de leños encendidos que abrigaban el alma desolada de quienes la esperaban.
Fueron dos conceptos principales los que desarrolló en su amena charla: el poder de la comunicación y la defensa de la libertad.
Descarnadamente describió, citando a don Arturo Jauretche y al vicepresidente de la hermana Bolivia, Álvaro García Linera, cómo el poder económico ejerce su dominio social en el mundo y en nuestra región principalmente, penetrando en amplios sectores populares a través de sus potentes bocinas mediáticas, para desestructurar, descontextualizar y finalmente desclasar a esos sectores, logrando se aparten del proyecto colectivo que les posibilitó ascender social y culturalmente y transformarlas luego en presas fáciles y funcionales a favor del proyecto neoliberal de los sectores dominantes. Las revoluciones aprenden más de sus derrotas que de sus victorias.
“Nada de lo que aquí se publica se decide acá”, sostuvo Cristina. “Esto viene desde muy lejos”, afirmó, mientras mostraba las tapas de dos revistas de venta masiva en Brasil y Argentina que parecían un calco: Dilma y Cristina, falsamente, con el rostro crispado.
La nueva versión siglo XXI de la “operación Cóndor” estaba a la vista de todos.
El antídoto propuesto y desarrollado para enfrentar lo antedicho, es contar la verdad desde la pasión, la emoción y la experiencia concreta que vive y sufre nuestro pueblo.
Y luego habló de la libertad al desarrollar la razón de ser del “Frente Ciudadano” que propuso bajo el aguacero el 13 de Abril en las puertas donde habita el mismo diablo, allí en la Avenida Comodoro Py.
Dijo Cristina que podríamos discutir e incluso permitirnos seguir discutiendo ante la sociedad y el gobierno de turno, cualquier otro concepto, cualquier otro derecho, cualquier otro pensamiento sobre la vida y su porvenir. Discutir por ejemplo sobre la igualdad y sobre los programas de gobierno y sobre las políticas de estado según el cristal con el que se mire. Pero hay algo sobre lo que no discutimos, ni transamos, ni flexibilizamos, ni relativizamos. Y es sobre la libertad. Para rematar afirmando: “y lo que hoy está en juego y en peligro es la libertad”. Por eso un Frente Ciudadano que reúna todas las almas libres, piensen como piensen políticamente y hayan votado a quien hayan votado en las últimas elecciones.
Con un gobierno de derechas es posible resignarse a perder conquistas sociales muy valiosas, a la espera de nuevas oportunidades políticas que permitan reconquistarlas una por una. Lo único que no nos está permitido es resignarnos a perder el derecho a ser ciudadanos libres.
Era Cristina en su plenitud luminosa. Alumbrando en medio de la noche más oscura.
Y dijo: el miedo es la antesala de la pérdida de la libertad. Y empieza a ser la nuestra, triste y lamentablemente, una sociedad con miedo.
Miedo a perder el trabajo. Miedo a que te espíen el perfil personal en las redes sociales. Miedo a que te persiga la justicia injusta al servicio de los poderosos. Miedo a que te inventen causas y salgas escrachado en los grandes medios. El miedo son los medios; y viceversa. Miedo a que no te alcance el sueldo para bancar la mesa, el desayuno y la merienda de la familia.
Para defender la libertad, entonces, hay que enfrentar el miedo.
Por eso, nada más ni nada menos, es necesario construir un gran frente que nos agrupe y exprese a los millones de ciudadanos decididos a no caernos del piso que logramos conquistar en estos últimos años.
Nuestra arma es la palabra. Y la palabra organizada es nuestra convicción y es nuestro sueño de hombres libres. “Lo demás no importa nada”, diría San Martín.
Ahora dependemos de nosotros mismos para pegar la vuelta. Cristina ya volvió, para recordar lo que enseñó Belgrano: “el miedo sólo sirve perderlo todo”. Y para decirnos que nos propongamos, para la próxima, hacer inconmovibles las conquistas sociales y hacer irreversibles los movimientos populares, más allá y más acá de sus propios líderes. Estamos todos convocados.