domingo, 11 de enero de 2015

Después no digamos que no nos avisó

Después no digamos que no nos avisó.
Cortó la cinta de inauguración en la feria de expo-agro de Clarín y La Nación junto a la mesa de enlace de la patronal rural, los generales, coroneles y sargentos de Magnetto y de Bartolomé Mitre y Marcela Noble Herrera, sabiendo, porque lo sabe, que la disputa en este tramo histórico que atraviesa la Argentina, no sólo el kirchnerismo, se expresa en la disputa entre democracia versus corporaciones. Y el tipo sabe que Clarín es la nave insignia de todas ellas juntas o separadas.
Después no digamos que no nos avisó.
Se abrazó con la tropa de Clarín en su espacio farandulero y actuó junto a la rubia imitadora que desde el programa de Lanata humilla, ofende y basurea a la presidenta de los 40 millones de argentinos.
Después no digamos que no nos avisó.
Fue al programa de una señora despreciable de la televisión de Magnetto y a cuanto programa golpista del grupo corporativo mediático lo haya convocado.
Claro que una foto no es la causa de su diferencia con el kirchnerismo. Pero la foto es la consecuencia, el reflejo y el aviso amplificado de esa enorme diferencia que mantiene con el kirchnerismo desde siempre. 
¿O acaso una imagen no vale más que mil palabras?  
Con el ánimo de seguir invitando respetuosamente a que hagamos un análisis concreto de la realidad concreta, nos preguntamos: ¿Podría ser acaso garantía de la continuidad y profundización del proyecto transformador del kirchnerismo si su hermano Pepe y su equipo de campaña le aconsejaran hoy mismo no sacarse en adelante ni una foto más?
Definitivamente no, porque la razón primera es que él ya avisó lo que quería avisar.
La política se compone de acciones y contenidos concretos, pero también de gestos. Y una foto es un gesto. Un silencio indolente cuando esa señora despreciable comparó ante sus narices al gobierno democrático actual con una dictadura, es un gesto sciolista que equivale a colgar nuevamente los cuadros de los dictadores que el presidente Kirchner descolgó. Mirá lo que te digo. Así como una miradita sonriente cuando esa señora aplaudió la trompada a Carlos Kunkel por parte de la esposa de Luis Barrionuevo, la diputada Camaño, es otro gesto mayor que marca diferencias.
Después no digamos que no nos avisó.
Porque si tiene estos gestos y se saca estas fotos ahora y aparece como apareció junto a su equipo en el programa de la señora Legrand, no quieran imaginarse los lugares que frecuentará, los nuevos-viejos personajes que empezarán a desfilar amablemente por la Casa Rosada, el consensualismo al palo junto a Macri, Massa y Magnetto y el restablecimiento de las relaciones carnales cuando estime que ha llegado la hora de recomponer con el imperio desde una posición colonizada y obediente. 
El kirchnerismo demostró ser en estos doce años una mirada integral, inclusiva y estratégica del país federal y de la Patria Grande y no tan solo una sumatoria de aciertos económicos. En tanto expresión cultural de los sectores populares, el kirchnerismo rompe con los moldes atávicos del país de las corporaciones. Y vaya si los programas televisivos de la corporación son partes mayúsculas de esos moldes. Por lo tanto el candidato kirchnerista no sólo debe asegurar la permanencia y la profundización del proyecto nacional en lo económico, con la enorme importancia que ello tiene, sino además y por sobre todo, debe encarnar la gigantesca batalla cultural que venimos dando como pueblo en todos estos años. Y la primera condición es que sea creible encarnando tamaña proeza histórica que lo liga y nos liga como pueblo en esta hora con los Caudillos federales, con San Martín, con Belgrano, con Perón, con Evita y don Hipólito Yrigoyen, con Néstor y Cristina, con Chávez y con Lula. O sea. Con una mano en el corazón: ¿se lo imaginan a Scioli hablando de estas huellas dignas que nos honran y constituyen y que son la antítesis de su programa de gobierno que, según dijo, se resume en una frase propia de su propio cuño: "yo no me peleo con nadie"?
Es difícil que el chancho silbe. Si ya se muestra condescendiente con los poderosos y con el poder que representan, que nadie le pida después que resista a los fondos buitres como lo hizo Cristina o que avance con la ley de medios hasta que Clarín se ajuste a la ley y a la democracia. No es tan difícil darse cuenta. Sólo hay que saber mirar para no errarle al vizcachazo a la hora de votar.  Empieza a ser la hora de alisar el terreno donde empezar a construir la próxima victoria. "Ni un paso atrás" es la consigna, ahora que tenemos patria. 
Estamos todos avisados.



*Jorge Giles.