domingo, 9 de noviembre de 2014

El candidato natural del Kirchnerismo


Aclaremos de entrada nomás que para nosotros el único “candidato natural” del Kirchnerismo se llama Cristina Fernández de Kirchner.
Pero como la legislación vigente impide al pueblo votarla, el Kirchnerismo deberá construir, para triunfar, un candidato que lo pueda expresar con meridiana claridad.
Como fuerza política democrática, el Kirchnerismo podrá ganar o perder elecciones.
Lo que no está en su ADN ni en su hoja de ruta es la posibilidad de perder o licuar su identidad.
Tener en claro este apotegma ilumina cualquier análisis que se haga sobre el porvenir que nos espera en el horizonte electoral del 2015.
Ahora que ya votó Brasil, nos toca a nosotros.  
Por eso hay un bullicio que crece por adentro y por afuera del amplio espacio kirchnerista.  
Aunque el único apuro en este lío lo tiene la oposición que no da pie con bola en ninguna de sus variantes.   
Son ellos, los opositores con Magnetto al frente, los que están desesperados por inventarse una carta para poder entrar en el juego democrático electoral.
Calma: el candidato Kirchnerista saldrá de las PASO el año que viene.
Seguramente antes, la conducción del proyecto nacional, o sea Cristina, tendrá mucho para decir. 
Pero ya ronda una convicción colectiva: quien la suceda viene para profundizar el proyecto, no para frenarlo.
En este marco, el Kirchnerismo debería instalar un candidato propio que garantice coherencia y consecuencia con el camino que iniciara Néstor Kirchner y hoy conduce Cristina; que crezca en la instalación pública y en la intención de votos.
Los tiempos de la etapa los decide la conducción.
Que nadie se haga los rulos: pensar en ir a la elección encabezados por un candidato salido del formato noventista, sólo es garantía para la desesperanza y la incertidumbre.  
Además, el Kirchnerismo siempre fue transgresor, jamás posibilista. Se atrevió a encarar las empresas más difíciles con 2 $ en el bolsillo. Si hoy saliera de ese carril, se desnaturalizaría en menos que canta un gallo.
O sea.  
Lo peor que le podría pasar al Kirchnerismo no sería perder con Macri o con Massa, sino ir a elecciones con un candidato que se pareciera a esos dos.  
De ganar así, incluso, se compararía un boleto de ida a una crisis generalizada en la cima del poder político del próximo gobierno.
Y de perder así, sólo habría reproches y desmoralización. Y se sabe: uno puede perder con lo propio, pero nunca con lo ajeno o con lo que le vino prestado.
La derecha, la que tiene intereses de clase, ideología y herramientas suficientes para bancar esa ideología, sufre su hora más angustiosa en los últimos cien años: no logra aferrarse al terreno donde se disputa poder en democracia.
Es que cuando confrontan dos proyectos de país, como en este caso, los contendientes buscan hacer pie en una playa de desembarco para alcanzar desde allí la conquista de la colina. Es decir, de la hegemonía en disputa.
Si no tenés un punto de apoyo, no será posible activar la palanca para transformar la realidad.
El Kirchnerismo construyó una enorme playa de inclusión social allí donde antes sólo había exclusión y desesperanza y tiene en la juventud movilizada, el más importante sujeto social de cambio.  
La derecha, en cualquiera de sus versiones, no logró hasta hoy encontrar un agarre al terreno para poder derrotar a su adversario.     
Con otro agravante: las políticas sociales y culturales del oficialismo empiezan a demostrarse partes de un nuevo sentido común. Es la única explicación del cambio de opinión acerca de lo que es “derogable” y lo que no, según esa derecha.
Mantendrían algunas partes del proyecto kirchnerista, dicen, habida cuenta del alto costo que tendrían que afrontar si derogaran la AUH, Fútbol para Todos o la Jubilación estatal.
Como si fuera posible salvar un brazo o una pierna del cuerpo, mutilando el proyecto de país que nos gobierna desde el 2003. 
¿Podrá Magneto y compañía encontrar en los próximos meses el candidato que le posibilite alcanzar esa playa de desembarco, con representatividad y votos propios?   
Todo indica que no; que están en un serio problema, habida cuenta de la ristra de derrotas electorales sufridas por la derecha en toda América Latina.
¿Qué harán entonces?
Creemos que seguirán horadando la confianza pública en la Presidenta y en su gobierno. Al menos lo intentarán. Mentirán. Difamarán. Provocarán. Escandalizarán.
Con un movimiento de pinzas buscarán agrietar el espacio social que acompaña al gobierno ya que su deseo inconcluso sigue siendo construir ese punto de agarre al terreno que les hace falta imperiosamente. 
O sea.   
Balurdo financiero, más balurdo callejero.
Si se le facilitara a la derecha, desde el “adentro” del campo nacional, desembarcar a una hipotética confrontación electoral a través de candidatos que siempre fueron condescendientes con los poderes fácticos y monopólicos, la derrota y la fragmentación social estará a la vuelta de la esquina.
Y eso el Kirchnerismo lo tiene más que claro.
Brasil demuestra que la derecha no olvida ni perdona.
Por eso el mundo financiero reaccionó tan rabiosamente con la victoria de Dilma. 
Si tuvieran una luz de distancia a su favor, pasarían a degüello todas las conquistas sociales realizadas a costa de la distribución más equitativa y justa del ingreso. En consecuencia, los gobiernos populares de la región, deberían apurar el ritmo de la profundización de sus respectivos proyectos transformadores.
Es ahora o nunca.
Repasemos.  
El candidato del Kirchnerismo, en este marco conceptual, será aquel que exprese el más amplio espacio de unidad nacional, desde (y sólo desde) la centralidad del proyecto político que representa Cristina.
Descentralizar ese eje de representación política, sería como viajar sobre un rodado sin volante.
No es una cuestión de moralina, es una cuestión de estricta razón política. 
Si el Kirchnerismo tiene el liderazgo indiscutible de Cristina, un proyecto político de país y    una fuerte inserción y organización territorial ¿cómo no tener entonces un candidato que lo represente?    
Naturalmente, digo.      

Miradas al Sur, domingo 9 de noviembre de 2014





1 comentario:

Gustavo Marcelo Sala dijo...

Cristina es la primera electora del oficialismo, Magnetto es el primer elector de la oposición. Ojalá nuestros compatriotas sepan de las notables diferencias que existe entre aquellos que representan a la política de aquellos que representan a las corporaciones